Brenda, mi cuñada (parte 5/6)

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Nos mirábamos y besábamos como dos adolescentes a pesar que ambos pasábamos los 30 años. La traje a la cama de nuevo y la acosté de espaldas, me coloqué arriba de ella y sin más preámbulo abrí sus piernas, ella tomó mi verga que parecía no haberse venido hace un rato, pues estaba tan firme y dura, la acariciaba y empezó a frotar la punta contra su chocha húmeda. Ese roce me hacía vibrar, la dejé hacerlo hasta que quisiera, aunque realmente no era necesario pues estaba tan mojada. Me acomodé y colocó mi verga en la entrada de su vagina, lentamente empecé a meterla sintiendo ese calor, esa humedad y esa estrechez que me hizo gemir y a ella también. Le embestía suavemente, despacio, luego fuerte y rápido. En momentos solo le metía la punta o la mitad y de repente se la dejaba ir toda con mucha fuerza. Ella gemía y gemía, yo también. Estuvimos en esa posición un rato hasta que me aparté y entonces me senté recargándome en la cabecera de la cama. Brenda entendió la posición y rápidamente se colocó encima de mi, tomando mi verga con su mano para sentarse sobre ella. Me cabalgaba salvajemente mientras la tomaba de la cintura y la atraía hacia mí, mis manos recorrían su cintura y sus nalgas, la atraía hacia mí y ella acercó sus tetas a mi cara. Mientras me montaba yo besaba sus pechos y mordía sus pezones, lo que la prendía más. Apretaba sus nalgas y la nalgueaba. Estiré mi brazo para llegar más lejos y pude tocar mi verga entrando y saliendo de su rica chocha, moví un poco más arriba mis dedos y encontré su rico y apretado culito. Lo acariciaba en círculos y sentía como lo fruncía. Llevé mi mano a mi boca y metí un dedo en ella llenándolo de saliva para después regresarlo a ese rico y oscuro orificio. Lo comencé a meter poco a poco y ella gemía más fuerte. Metía y sacaba el dedo, cada vez más profundo, sentía como su culo apretaba mi dedo y quería meter ahí mi verga. Seguimos así un rato, ella nunca se quejó por meterle el dedo así que ahora mi objetivo era meterle ahí la verga. Nos apartamos y la acomodé en 4. Antes de metérsela besé de nuevo sus nalgas, las lamí y metí mis dedos en su chocha, abrió sus piernas y levantó las nalgas, verla así era mucho más de lo que pude haber imaginado, ni todas las veces que me la jalé pensando en ella empinada llegaban a la realidad y ver como goteaban sus jugos lo hacía ver mejor aún. Me acomodé y empecé a embestirla, ese !Plaf! !Plaf! Que suena cuando coges en esa posición, era el sonido más excitante que había en ese momento. Yo contemplaba la figura que formaban su cintura y sus caderas empinada, veía como sus nalgas rebotaban ante cada embestida, pero sobre todo, veía como ese rico y apretado culito se abría y cerraba invitándome a entrar en él así que llené de saliva mi dedo pulgar y se lo metí en el ano. Nuevamente me dejó hacerlo y lo disfrutó mucho, sus gemidos eran más y más fuertes, gritaba !Noooo! Pero inmediatamente decía ¡Siiii! ¡Así!, por lo que la embestía más fuerte y metía el dedo más fuerte y profundo. Ella empezó a temblar y sus gemidos se volvieron gritos. Pude sentir cada contracción de su vagina sobre mi verga, sentí como me empapaba de nuevo y como apretaba sus nalgas, esta vez con mi dedo dentro de su culo y vaya que lo apretó muy fuerte. Fue el cuarto orgasmo de la noche.

Mientras se recuperaba de su tercer orgasmo, que en realidad no era el tercero sino la tercera serie ya que en cada uno dijo que tuvo varios a la vez, me retiré de sus agujeros y volví a besar sus nalgas, ésta vez con otro objetivo, besar y lamer su rico ano. Le había metido dedos y le gustó así que estaba listo para recibir algo más grande. Cuando sintió mi lengua recorrer las arrugas de su apretado ano, pareció que una corriente eléctrica recorrió su cuerpo, el sabor de su pequeño culito era delicioso, aderezado con sus jugos vaginales era un manjar. En ese momento entendió lo que iba a hacer y no se negó, solo volteó a verme con una cara de “Con cuidado por favor” y se reacomodó en esa posición empinada, abrió más las piernas y levantó las nalgas. No era necesario lubricar mi verga, estaba llena de sus jugos y además ya había dejado su culo totalmente ensalivado. No sé si ya se lo habían metido así antes así que coloqué la punta de mi verga en su ano y empujé lentamente. Brenda gimió y soltaba exclamaciones ¡Aaaah! Que sonaban a una mezcla de dolor y placer. Seguí empujando y ya tenía el glande dentro de ella. Seguía con su ¡Aaaaah!. Saqué la verga y volví a penetrarla, ahora un poco más profundo, hasta meterle la mitad. Ya estaba dentro de ese delicioso hoyo que deseaba tanto, esa estrechez, ese apretón de verga que me proporcionaba ese rico culo no lo había sentido antes. Solo una exnovia dejó que se lo metiera así hace años, pero como al hacerlo ella sintió mucho dolor, desistimos y no volvió a pasar. Poco a poco ya se lo metí todo, ella gemía con esos sonidos entre dolor y placer, apretaba su culito tan deliciosamente y yo no sabía que me excitaba más si tener la verga dentro de su culo o la imagen que veía de ella empinada con sus deliciosas nalgas abiertas y mi verga dentro de su apretado y dilatado culo. Empecé a embestirla más fuerte, en ese momento los gemidos parecieron más de dolor pero apenas unos segundos después empezaron a volverse de placer. Era notorio como Brenda disfrutaba ser penetrada analmente, yo también disfrutaba y era un placer que no había sentido nunca antes, incluso mientras la embestía ella misma comenzó a masturbarse. Seguí cogiéndomela así por varios minutos cuando empecé a sentir que se me aflojaban las piernas y era el aviso que estaba por venirme. Quise alargar el momento lo más que pude, pero era tanto el placer y todo lo que había a su alrededor que no pude aguantar más, me solté y sentí como el semen brotaba de mi verga a chorros mientas he sujetaba de las nalgas de Brenda y la atraía hacia mí queriendo llegar lo más profundo posible en su culo. Ese fue el quinto orgasmo de la noche.

Continuará...


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