Lorena

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Después de los 12 kilómetros corridos a buen ritmo, me di una ducha y me tiré en la cama a descansar un rato. Como era mi costumbre para esos momentos, estaba desnudo. Mientras  estaba bajo el agua mi esposa se había despedido para ir a la reunión del Club del Libro.

- ¡Vuelvo en dos horas! – escuché por encima del ruido del agua.

La única otra ocupante de la casa en ese momento era su amiga Lorena, que había venido a visitarla. Lorena había sido una vecina nuestra. Cuando se mudó, a los 26 años, había seguido manteniendo amistad con mi esposa. Ahora, a los 46, divorciada y sin hijos, había venido a pasar cinco días en nuestra casa.

Estaba tirado en la cama, casi dormitando, cuando escuché que se abría la puerta del dormitorio. Abrí los ojos y comprendí que lo que había imaginado varias veces se cumpliría. Allí estaba Lorena, totalmente desnuda caminando hacia mí. Su negra cabellera hacía juego con la exuberante cantidad de vello en la unión de sus bien formadas piernas, vello que ocultaba la fuente de sus jugos sexuales, a la que instantáneamente me imaginé penetrando de diversas formas.

- ¡Qué agradable sorpresa! – dije, mientras ella se sentaba en la cama y comenzaba a acariciarme los testículos y la pija. No necesitaba mirar mi verga para saber que había comenzado a expandirse en todas direcciones.

- Desde que te vi dos días atrás cuando llegué, he estado deseando tener este momento. – me dijo, y fueron sus últimas palabras por un tiempo.

Se agachó hasta llevar su boca a mi entrepierna y se metió uno de mis testículos en la boca saboreándolo como si fuera un caramelo. Después el otro. Después los dos. Su mano derecha apretaba mi pija contra mi estómago y la sobaba en dirección a mi cabeza como si quisiera estirarla más y más.

Se sentó a horcajadas sobre mí, poniendo su ya húmeda concha sobre mi pene. La atraje hacia mí y comencé a masajearle las tetas, chuparle y mordisquearle los pezones. Ella no cesaba los masajes ondulantes sobre mi engrosante falo. Los dos emitíamos quejidos y suspiros de placer.

Después de varios besos profundos en los que nuestras lenguas se entrelazaban en la profundidad de una u otra boca, se desplazó hacia la cabecera de la cama hasta que su empapada concha quedó sobre mi cabeza… pero mostrándome también su cola.

- ¡Chúpamela! – dijo mientras se estiraba sobre mi cuerpo hasta ponerse mi verga en su boca.

¡Sesenta y nueve!, pensé para mis adentros. ¡Esto va a ser memorable! Una de sus manos se ocupó de estirar la piel de mi verga hacia atrás aumentando la tensión sobre la cabeza de la misma. Lorena alternaba lamidas y chupadas con gran habilidad, agregando de vez en cuando sutiles caricias a mis bolas con sus uñas.

Comencé por lamerle lentamente cada uno de los labios de su concha y luego mi lengua se metió entre ellos. Continué el recorrido en busca de su clítoris y me las arreglé para meterle mi dedo mayor izquierdo en la chorreante vulva. Luego usé parte de sus propios jugos para humedecerle su pequeño orificio estriado y la primera falange de mi dedo mayor se perdió en su interior arrancándole a Lorena un prolongado quejido.

Después de satisfacernos mutuamente en esa posición, Lorena se sentó sobre mis piernas enfrentándome.

- Ahora te voy a coger. – me anunció.

Se arrodilló sobre mi verga y lentamente fue descendiendo sobre la misma enterrándosela totalmente en su concha. Era una delicia sentir mi penetración en sus profundidades. Antes de que comenzáramos las entradas y salidas de mi pene en su vagina, Lorena se inclinó sobre mí para besarme nuevamente y así compartimos, principalmente, los sabores de su sexo. La escuché susurrar en mi oído:

- Tienes una pija hermosa. Desde que te vi que tenía ganas de que me perforaras la concha.

- Honestamente, desde que llegaste que me imaginaba haciéndolo en diferentes posiciones. Ya vamos por la segunda. – le respondí y ella se sonrió.

Puso sus manos sobre mis hombros y comenzó a quebrar su cintura, arriba y abajo repetidamente, subiendo y bajando su vulva a lo largo de mi verga. Mis manos se entretenían con sus tetas. Después de varios movimientos se irguió y se quedó quieta. Fue mi turno de mover mi falo adentro y afuera de su empapada vagina mientras ella se masajeaba las tetas y se friccionaba el clítoris. Sus gemidos de placer invadían todo el cuarto.

- Quiero tener tu culo en mis manos mientras te penetro. – le dije.

- Será un placer. – respondió y sin más se puso en cuatro patas sobre la cama.

No me hice esperar y, luego de darle unos besos y unas mordidas a sus fabulosos glúteos, le metí la verga sin detenerme hasta que estuvo completamente adentro. Además de mover mis caderas atraía las suyas hacia mí con mis manos. Sabía que mi dedo era bienvenido es su pequeño agujerito así que me salivé el índice izquierdo y se lo metí lenta y totalmente en el culo. Lo dejé descansar allí, sintiendo con él los vaivenes de mi pija dentro de la concha de Lorena.

- Me encanta que me estés penetrando en dos lugares. – dijo Lorena y pude escuchar en el tono de su voz que realmente disfrutaba lo que estábamos haciendo tanto como yo.

Después de unas cuantas penetraciones profundas en esa posición sentí llegado el momento de preparar el final.

- Siéntate sobre mi pija. – le dije y me senté en la cama

Lo hizo y nos abrazamos, besándonos con pasión. Se sentó sobre mí metiéndose mi pija en su vulva una vez más. Me rodeó la cintura con ambas piernas y comenzó a mover sus caderas empujando las mías, como queriendo que mi pija la penetrara más a fondo, como si eso hubiera sido posible. Con las manos sobre mis hombros, tenía la cabeza inclinada hacia atrás. Yo me regodeaba masajeándole las tetas, cuyos pezones chupaba alternativamente y a veces hasta al mismo tiempo. Noté que su ritmo aumentaba, al igual que el volumen de sus gemidos. Cuando llegaron sus orgasmos me abrazó con fuerza y los empujones de su cadera por delante colaboraban con la presión de sus piernas por detrás. Temblaba como una hoja. No aguanté más y los espasmos de mi pija vertieron mi semen en el interior de Lorena. Pensé que ése sería el final pero me sorprendió.

- Déjame probar tu leche. – susurró. Lorena se separó, se puso la cabeza de mi verga en la boca y sus manos la ayudaron a extraer mis últimas expulsiones de semen, que tragó con placer. – Delicioso. – agregó cuando terminó.

- Tu visita va a ser inolvidable. – le expresé.

- Me alegra haber venido. – respondió – Pero más vale que vuelva a mi cuarto antes de que tu esposa regrese.

Y se fue, meneando su culo inolvidablemente.

 


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