Agua Salada, Resbalosa y caliente. (P1)

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Me encontraba entusiasmada. Hace mucho que no iba a la playa, y ya me estaba haciendo falta sentir el calor del sol en la piel, meterme al mar disfrutar su oleaje y comer de lo más delicioso. Hace un par de días que comencé a sentirme caliente porque por alguna extraña razón, mi deseo sexual cada día era casi nulo hasta esta semana.

Desperté caliente, deseosa de juerga, de que alguien me haga suya. Y tenía a alguien en mente… Su nombre es Santiago y lo conocía desde mis catorce años, lo conocí justamente en la playa, el en ese entonces tenía 17 años, hoy en día él tiene 21 y yo 19. En un principio mis deseos eran muy bajos ya que mi sexualidad comenzó a desarrollarse más lento que mi cuerpo. Tocando el tema de mi cuerpo, creo que es hora de describirme un poco: mido 1,67, mis senos son respingados y grandes con una aureola oscura, no muy grandes, pero jodidamente sensibles. Tengo una cintura pequeña junto con un abdomen relativamente plano, y mis caderas junto con mi culo y mis piernas son, lo que yo pienso, lo más envidiable de mi cuerpo, aparte de claro tener facciones agradables latinas y buenos genes.

Mientras arreglaba mi maleta para ir a la playa pensaba en si me encontraría con él ahí, y cruzaba mis dedos para que no me llegara el mes en este feriado. Como genio invocado me llegó un mensaje de Santiago preguntándome si iba a verme estas vacaciones en la playa ya que hace mucho que no iba. No le respondí en ese instante, quería mandarle una foto cuando ya me encontrase allá. Terminé de hacer mi maleta y me dirigí a bañarme. Me quité mi pijama quedando desnuda y posicionándome bajo la ducha para abrir la llave y sentir como el agua fría caía sobre mi cabeza, no fue suficiente para calmar mi calentura ya que el calefón se prendió y agua caliente comenzó a recorrer mi cuerpo. Sentía como el agua caía por mis pechos erectos y dolorosos, llevé mis manos hacia ellos masajeando, intentando calmar la inflamación de estos, pellizqué, jalé, los llevé a mi propia boca para succionarlos y lamer mis aureolas en fuego. Después de un buen rato de atención a mis senos mi vagina pedía a gritos algo de caricias, mi mano sabiendo lo que mi cuerpo necesitaba bajo pronto por mi abdomen mojado para estimular mi clítoris, en círculos y presionando poco a poco, seguía la ruta por donde sabía que mi coño comenzaría a chorrear y no precisamente por el agua, me llamaba a meter un dedo dentro y sentir el calor de mi necesitada vagina. Y así lo hice, metí mi dedo medio hasta el fondo y comencé a moverlo dentro de mí, haciendo que de mi boca escapen jadeos de placer hasta hacerme desear otro dedo, así que metí el índice y los dos me hicieron gozar hasta correrme en gemidos ahogados por mi propio placer. Obviamente, no fue suficiente.

Después de aquella masturbación monumental, tomé mis cosas las subí a mi carro y salimos por las mismas rumbo a la playa. Saqué el carro de la casa y subiendo el volumen de la música, disfrutaba un solo brutal de Amon Amarth. Salía de la urbanización cuando me encontré con mis queridos vecinos, un par de gemelos preciosos que debían tener la misma edad de Santiago. Me saludaron y yo paré el carro, bajando la ventanilla les pregunté cómo estaban.

-Vecina, hace mucho que no te veíamos, ¿a dónde te diriges? -. Me preguntó quien según yo era Oslo.

-Si, siento haber estado tan perdida, este semestre en la universidad me tomó desprevenida y me dio duro contra la vida, y ahora me tomo un descansito, me voy para la playa -. Ambos se rieron con compinchería, dejando ver sus blancas y perfectas dentaduras, en mi mente solo alcanzaba a pensar “como me gustaría que me follen ahora mismo, sobre el carro, en los matorrales, la boca, el culo… joder, menuda burra estoy hecha”. Milo me despertó de mi ensimismamiento de que tan grandes serían sus pollas dentro de mi boca.

- ¿Y estás con mucho afán querida Amelia? -. Preguntó con un brillo curioso en sus ojos, alcancé a reírme con superioridad, puede que los chicos estén buenísimos pero se han tirado a todo lo que camina, y bueno, algún día lo harán conmigo también, pero por ahora, por más que mi coño esté rogando por una buena pinga, sabía que la tendría en la playa y me iban a dar mi tema por allá, así que me bajé los humos, o al menos en ese momento lo que logré para salir de ahí victoriosa y con la tanga puesta.

- Muchachos, por ahora si estoy con algo de afán ya que me gustaría llegar antes de que anochezca para descansar y salir a patiperrear por la noche- les hice un gesto para que se acerquen y así lo hicieron, con la voz muy baja y ronca les dije – pero no se me preocupen, cuando regrese espero que aún estén hambrientos -. Les sonreí y les mandé un beso volado a cada uno mientras subía el volumen de la música y salía por las mismas, me reí de mi misma pensando en como iba a perder la gran oportunidad de follar con ellos estando tan caliente, pero solo podía pensar en llegar a la playa y ver a Santiago, además, ellos no se iban a ir a ningún lado. Seguí mi camino observando mi alrededor durante la carretera, tragando y fumando un porro cada que pasaba un control policial. Me encantaba fumar marihuana y lo hago desde mis 16 años, lo llevo muy bien y he sabido quedarme solo en la planta sin tener la necesidad de probar algo mas intenso. El viaje pasó volando, hasta que llegué al pueblo principal, lo había logrado. Me dirigí al edificio donde mi familia tiene el departamento, pero la que más lo aprovecha soy yo. Aparqué el carro y bajé mi maleta, no me quedaba mucho tiempo, tan solo 4 días. Llegué a los ascensores subí y marqué el piso 19, desgraciadamente no era un ascensor rápido, se demoraba unos 30 segundos en llegar al piso. Con las maletas encaramadas y con la gota de sudor cayendo por la línea de mi espalda las puertas se abrieron al llegar y entré a mi departamento. Estaba limpio y habían cocinado, mi madre fue tan bella de pedir que me echaran una mano mientras estaba por allá, aproveché para dejar mis cosas, ponerme un bikini rojo que no cubría más de lo estrictamente necesario y una salida de baño por encima, comer algo, llamar a mi mamá para decirle que había llegado y agradecer por todo, salí por las mismas con la intención de ir a saludar al mar y tomarme la deseosa “selfie” que quería enviar a Santiago.


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