QUE ES SER DIOS

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Que es ser dios... una pregunta que muy pocos se atreven a cuestionarse y otros que son aún mucho menos los que nos atrevemos a escribir sobre ello.

 

Que es ser Dios... el origen de toda filosofía, el origen del amor. Y no solo el amor hacia otro, el amor hacia amigos, parientes, esa mujer de la que no puedes dejar de pensar. El amor hacia ti mismo, el amor hacia tus tres facetas, hacia tus tres caras de la moneda.

 

Pues, tú lo sabes, todos lo sabemos, que nadie las posee y sobre todo, la triste realidad es que nadie tiene la fuerza ni la energía para llevar tres caretas diferentes a todo lugar. Después de todo sin carne se han quedado nuestras manos, sin nervios con capacidad de sentir dolor se han quedado nuestros corazones.

 

Entonces eso significa que realmente no hay amor verdad?

 

Como es que podríamos contestar que es ser Dios si lo comparamos al amor hacia nuestras tres facetas cuando estas ya tenemos por entendido que no existen.

 

Que es ser dIos... que es ese sentimiento de inexistencia, donde se encuentra en este tan viejo pero joven, recién nacido mundo nuestro la magia que hace tanto nos la han pintado en relatos y breves narraciones. Donde está esta emoción de amor que sabemos que no existe. Porque buscamos algo de estas dimensiones tan irreales y no otras emociones como la soledad que siempre nos abraza, o el odio que siempre inflama los viejos ductos de nuestro corazón de bronce.

 

Que es ser diOs... porque buscamos lo nunca encontrado, porque nos mantenemos tan ciegos en este mundo lleno de colores. Porque nos fascinamos con la belleza de la colorida naturaleza. Porque nos emocionamos por ver en una rosa roja su profundo color carmesí cuando sabemos que ese es el único rechazado de todos los colores que rozan a esta bella flor. Siendo este el único que es golpeado con fuerza de su recipiente solo para llegar a nuestros ojos. Y ser engullido sin piedad por este agujero negro sin fondo que traga todo lo que puede y lo deforma hasta volverse en información levemente comprendida por nosotros.

 

Donde esta la verdadera empatía, donde esta el sentimiento siempre ignorado, ese que siempre nos grita y derrama sus lágrimas sobre nosotros. Ese mismo, el que tú sabes que esta ahí pero sabes que si lo llegaras a abrazar, a tan siquiera observar con ojos que no simulen estar ciegos por el intenso sol de este día nublado serias rechazado. Serias denegado por todos y por todo, inclusive la tierna y cálida soledad que siempre nos envuelve con su hermosa y sedosa barba nos abandonaría. Sedería su tan fuerte atado a nuestros cuerpos.

 

Que es ser dioS... porque nos duele nuestros centros de vitalidad reforjados de las decrépitas armaduras y armas de los viejos héroes de la antigua Grecia. Porque abrazamos esta ilusión llena de espinas que se entierran en nuestra débil carne lista para ser servida a los buitres. Porque nuestro afán de traer muerte y destrucción ahonda nuestra mente. Que atrocidades hemos tenido que pasar para desear un hijo.

 

Porque traemos vida a esta pequeña roca ya tan cansada de soportarnos. Porque nos entristecemos cuando arrebatan nuestras vidas, porque... cuando sabemos que nuestra descendencia terminará en una tumba mejor que la nuestra. Claro a sabiendas que con suerte ellos no terminarán siendo alimento para los buitres, pues un destino más honorable los espera. Ya que luego de un tiempo y de las insistencias de la hermosa naturaleza ya antes mencionada, la vieja madera cedería y alimentarían a los puros pero no castos gusanos.

 

Que es ser DIOS... ya me encuentro cansado y adolorido de tanto pensarlo. Tantas preguntas surgen de una, tantas puertas, ventanas, y agujeros se abren lejos de esta piedra inamovible que tapona el único camino a ser Dios. 

 

¡No se abre! y ella sabe que nunca lo hará, más bien creará otros caminos por los cuales distraernos con el único fin de hacernos volver, luego de pasar 40 años batallando en círculos a su entrada.

 

Para simplemente terminar muriendo con la imagen implantada, impregnada en estos ojos ya moribundos pero hambrientos la puerta que tanto queríamos abrir y no lo hicimos por temor a gastar energía vital. Energía mucho menor a la que empleamos todos los días tan solo para pensar que no te quieres levantar de esa cama tan cálida como el cielo.

 

Que es ser... 

sabes, prefiero ya no contestar. Un cuestionamiento más y el látigo tras mi espalda se romperá, y nadie quiere eso. De que nos sirve un látigo roto que ya no desgarra nuestra carne.


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