Apenas la vi: lunes

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Pasé el fin de semana pensando cómo había disfrutado el viernes con Marcos. Varias veces me fui al baño durante la fiesta para meterme un par de dedos en mi concha, olerlos y ponerlos luego en mi boca. El olor y el gusto de su semen que descendía de lo profundo de mi vagina me excitaban. Una de las veces casi me masturbo pensando en las profundas penetraciones de su verga.

A pesar de que mi marido se iba de viaje el domingo no mostró interés alguno en hacerme el amor a pesar de que me paseé desnuda frente a él varias veces. Me pregunto si tendrá una amante. Tal vez se esté cogiendo a alguna jovenzuela de la oficina.

Nunca le fui infiel hasta que hice el amor con Marcos. Y estaba esperando con ansiedad que llegara porque me había propuesto disfrutarlo con todo. Me depilé la vulva concienzudamente, me bañé y me perfumé. Me observé en el espejo de la habitación. Las máquinas del gimnasio me permitían mantener firmes las tetas y fuertes los glúteos de mi de por si atrayente cola. Estaba segura de que Marcos iba a disfrutar de esas partes de mi cuerpo.

No bien entró cerré la puerta de calle, me pegué a su cuerpo y lo besé repetida y profundamente. Sus manos en mis nalgas y mis tetas me indicaron que no perderíamos tiempo. Tomé su mano y comenzamos a caminar hacia la habitación de huéspedes pero me abrazó desde atrás a medio camino. Pude sentir su pija apoyada en mi trasero. Sus manos acariciaban mis tetas y estrujaban mis pezones mientras me besaba el cuello.

- Martina, estás tan sensual como el viernes. – me dijo

- Gracias. – le respondí y luego, introduciendo mi mano entre nuestros cuerpos, le apreté la verga – Puedo sentir que ya estás inspirado. Vamos.

Apenas entramos comenzamos a desvestirnos mutuamente arrojando la ropa por cualquier lado.

- Tienes un cuerpo hermoso. – dijo, observando detenidamente mi cuerpo desnudo.

- A juzgar por la actitud de tu verga, realmente te gusta, ¿no? – respondí, acercándome a él para poner su falo y su escroto en mis manos. Amasé suavemente sus huevos mientras sentía la dureza creciente de su poronga.

Marcos tomó mi cabeza en sus manos y nos besamos nuevamente con pasión. Me llevó hacia la cama y, una vez que estuve acostada, se puso en cuatro patas sobre mí. Sus primeros besos fueron en mi boca, pero luego descendió a mi cuello.

- Tu perfume es exquisito. – susurró mientras bajaba hacia mis tetas. Su boca se centró en mis pezones. Los besó, los lamió y los succionó, estimulando mi excitación. No tuve problemas en humedecer un par de mis dedos en mi concha: estaba empapada.

- Mira que mojada estoy. – le dije, y le aproximé los dedos a su boca: se deleitó con mis jugos.

- Voy a probar más. – dijo y, separando mis piernas, se acostó entre ellas.

Los besos y lamidas de Marcos recorrieron cada milímetro externo de mi concha y luego se aventuró dentro de ella. Sentía su lengua recorriéndola de arriba abajo y viceversa. Luego le separó los labios y la penetró alternativamente con su lengua y sus dedos. Mis manos estrujaban las sábanas de la cama, mis pies se juntaron sobre la espalda de Marcos elevando mi concha hacia su cara. Mis gemidos se sucedían uno tras otro. Pero no quería acabar así, por lo que le dije,

- Acércame tu pija, ahora me toca a mí tenerte en mi boca.

Me puse una almohada detrás de mi cabeza mientras veía como su enhiesta verga se acercaba a mi cara. Recordaba claramente su sabor pero su tamaño parecía mayor ahora. La tomé con mi mano derecha y la recorrí con mi lengua, humedeciéndola. Cuando puse su cabeza dentro de mi boca, Marcos emitió un largo suspiro. Alternadamente la masturbaba y la chupaba cerrando mis labios sobre ella para aumentar la presión.

- Ahora el primer final. – dijo Marcos después de que repetí esos movimientos varias veces.

Se arrodilló frente a mí, puso mis piernas sobre sus hombros y me penetró. Con un solo movimiento me enterró toda su poronga y no pude menos que emitir un profundo y audible quejido de satisfacción. Arrodillado como estaba arremetió una y otra vez contra mi cuerpo llenando totalmente mi cavidad. Podía sentir sus testículos golpeando contra mi cola.

- ¿Así te gusta? – me preguntó con una sonrisa en los labios.

- Claro que sí. – le dije – Vas a hacerme acabar.

- Yo estoy cerca. – respondió.

Segundos más tarde acabé y se lo di a entender con un aullido más que un quejido. Él eyaculó dentro de mí casi inmediatamente y volví a sentir los espasmos de su pija eyaculando dentro de mí.

Marcos dejó que mis piernas descansaran en la cama y se recostó a mi lado. Su mano derecha acariciaba mi cuerpo, apretaba delicadamente mis tetas. Volteé mi cara y nos besamos varias veces. Después de algunos minutos nos metimos en la ducha juntos y, no hace falta decirlo, iniciamos nuestra segunda fase.

El falo de Marcos ya tenía una buena erección para cuando llegamos a la cama. Se acostó y me arrojé vorazmente sobre su pija, duplicando lo que había hecho antes. Los movimientos de mi mano en su verga, los vaivenes de mi boca a lo largo de la misma y las caricias de mi otra mano a sus testículos afirmaron su dureza y favorecieron su extensión y engrosamiento.

- Lo prometido es deuda. – le dije poniéndome en cuatro patas – Quiero que me la metas en el culito. Usa esta crema. – y le di un envase de crema que estaba sobre la mesa de luz.

Marcos se colocó detrás de mí masturbándose lentamente para mantener su erección.

- Paso a paso. – dijo y sentí su verga penetrándome la concha.

Inmediatamente un dedo me puso crema en el agujerito estriado de mi cola y avanzó dentro de ella. Marcos lo hizo entrar y salir repetidamente. Luego agregó otro dedo. Yo gozaba con la doble penetración. Apoyé mi cabeza en la cama y con mi mano derecha me masajeé el clítoris. “Tengamos otro orgasmo,” me dije mentalmente.

Marcos se retiró de mis orificios, pero sentí segundos después que su deliciosa pija comenzaba a penetrarme la cola. Me dolía un poco, pero el placer se imponía.

- Métemela toda, no pares. – le dije.

Así lo hizo, lentamente y, una vez adentro, mientras me estrujaba los glúteos, inició su vaivén dentro de mi culo. ¡Qué bien me sentía! Seguí torturando mi clítoris y gozando de las repetidas embestidas de Marcos. Cuando juzgué que estaba acercándose a su orgasmo por la forma en que había acelerado sus vaivenes, le dije,

- Acaba en mi culo, llénamelo con tu leche. – le dije.

Unas cuantas bombeadas más y aulló prácticamente cuando comenzó a descargarse dentro de mí. Sus manos en mis caderas atraían mi cuerpo hacia el suyo cada vez que lanzaba su leche dentro de mi cola.

- Ponte de espaldas. – me dijo.

El cunnilingus que me suministró me hizo tener mi ansiado orgasmo en breve tiempo.

No sabía qué estaba haciendo mi marido, pensé, pero yo, con la ayuda de Marcos, estaba poniendo al día mi vida sexual.


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