CUANDO EL ROMANTICISMO ES UNA MÁSCARA

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El poeta florentino Dante Alighieri que esta a medio camino entre la Edad Media y el Renacimiento, el cual contribuyó a forjar el espíritu europeo con su obra poética LA DIVINA COMEDIA en la que idealizó al arqutipo de la mujer, inspirándose en el débil conocimiento que tenía de una dama de su tiempo llamada Beatriz que era la hija de un banquero. Mas cuando él se le acercó para cortejarla la chica lo rechazó sin contemplaciones. No obstante el hombre cuya sensibilidad estaba alimentada por el concepto platónico; de la persona soñada, intuida a partir de la luminosa idea, de la sugerente apariencia que tenía de la misma, Dante siguió fiel a la glorificación de la figura de Beatriz. pero que por supuesto dicha idealización de la joven estaba estimulada por una incipiente atracción sexual que surgía de su biología personal la cual se enmarcaba a su vez en la cultura occidental, puesto que dicho sentimiento amoroso tiene otras referencias que están de acuerdo con otras costumbres y con el clima de otros rincones del mundo. Y asimismo se podría decir de los trovadores y poetas del siglo Xll en el sur de Francia y en el norte de Cataluña respecto a las princesas de la Corte; aunque esta sutileza romántica no se daba en el pueblo llano.

Y este mismo sentimiento romántico se ha ido manteniendo a lo largo del tiempo gracias al movimiento del Romanticismo del siglo XlX hasta nuestros días.

Por tanto creo que la mayoría de nosotros de una manera más o menos consciente hemos sido arrebatados por esta sin par emoción amorosa de connotaciones poéticas cuando creemos que nos enamoramos de alguien, porque de hecho partimos de la tradición de nuestros antepasados.

Esto fue precisamente lo que en una época de mi vida me sucedió a mí cuando tuve una novia.

Me dejé seducir por sus largos cabellos negros, por su dulce mirada, y su persuasiva voz. Se podría decir que su figura evocaba a la amorosa heroína llamada María de la famosa película WEST SIDE STORY.

Mas la cruda realidad siempre sale al encuentro. Llegó el día que aquella dulce y sugerente mujer tan pronto como conocí a su familia llevada por una mala confianza cambió radicalmente de actitud. Su mirada se volvió dura conmigo, y su voz adquirió un tono metálico, y agresivo. Pues dió a conocer una personalidad exigente, despótica que no dudaba en hacerme chantaje sexual y emocional ante cualquier desacuerdo que yo pudiera tener con ella. En realidad la sensible "Beatriz" a quien admiraba de veras casi de un modo incestuoso era a su hermano mayor que era un que un tirano dominante, pero que era el único que tenía dinero en aquella familia. También pude percatarme que aquella la dama quería ante todo un marido, como fuera sin tener en cuenta para nada al hombre en sí; pero tampoco era la única en ir a la caza del "marido", ya que un gran número de mujeres de mi ciudad iban con la misma idea, muchas de ellas para huir de su hogar. Y de esta postura egoísta al divorcio no había más que un paso.

Por supuesto que rompí abruptamente con aquella mujer. Detrás de una máscara romántica  en cualquier relación sentimental podía esconderse una manera de ser mezquina y cruel. En consecuencia senti que mi sentido idealista, romántico en el que se apoyaba la sociedad en la que vivía se resquebrajó por completo, por lo que pensé que se vivía en un sistema existencial antigüo y falso.

Entonces ¿qué hacer si ya no podía confiar en el amor romántico, si todo era una mentira? Esta solo conmigo mismo, pero mi ser interior no era ni mucho menos una página de papel en blanco. Mi espiritualidad, llamésmola así, se sustentaba en una cultura que no era nada estática sino que me ofrecía un marco de posibilidades reales, pero exenta de cualquier subliminación ilusoria como era la Literatura, o el Arte en general. Si quería conocer a alguien positivo con quien entenderme de veras tenía que encontrar a una persona que compartiera mi manera de ser, que tuiviéramos una psicología afín, de igual modo como un excursionista con una rústica sensibilidad se sentirá más feliz con una mujer que también le guste la Naturaleza, que con una señora de ciudad y de sofisticados gustos.

No creí equivocarme, porque la ciudad es muy grande y en ella hay muchas sensibilidades que unas encajan con otras, pero otras se repelen entre sí como el agua con el aceite. Pues este concepto urbano de un igualitarismo gregario que predomina hoy en día, no deja de ser fruto de una burda negación de la personalidad intrínsica del personal que pulula por las calles.

El amor sí tiene fronteras. He tenido la ocasión de conocer a muy buenas y hermosas mujeres

 


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