Tengo gustos peculiares...

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Adriana Mendoza, quien diría que conocerla sería tan interesante, no puedo describir las sensaciones que trajo a mi vida que dicho sea de paso, había caído en una rutina muy desafortunada, tu que lees esta historia, habrás notado que hace mucho tiempo no te cuento nada nuevo, bueno, es porque en lo personal me gusta narrar historias que me pasan y no de fantasías que viven en mi mente pues bien, luego de una temporada donde nada interesante en mi vida ocurría, vengo a describirte lo siguiente.

Llegaba a trabajar como siempre tarde, cuando al salir de estacionamiento, encontré a una mujer con una cara de aflicción, parecía perdida y en efecto, no encontraba la oficina de recursos humanos, me presente, muy propio como siempre y ella me regalo una singular sonrisa, su olor hermoso a Paco Rabanne me hizo darle un beso muy sutil en la mejilla y sin duda eso me puso en su agrado, con un metro 65, un pelo negro ondulado su figura perfecta y madura hacia resaltar sus 36 años de edad, una cara hermosa pero decidida como una mujer sobria que sabe lo que quiere, en un vestido entallado que denotaba sus prominentes piernas, su culo perfecto y formado me incitaba a agarrarlo y comérmelo a chupadas.

La dejé en la entrada de recursos humanos, muy agradecida me despidió sonriente y para la hora de comer me la encontré nuevamente. –Si me quedé. –Me dijo emocionada.

La felicité y nos sentamos a comer, nos caímos bien y reímos mucho durante nuestro tiempo, me confeso estar casada y al ver que yo también nuestra platica fue directo al cómo era la intimidad en nuestro matrimonio. Un tema muy tenso, ella me preguntaba de cuantas veces cogía a mi esposa y ella sin pena me decía lo que su esposo le hacía para satisfacerla.

Era obvio que conocernos nos llevaría a algo muy caliente, sus ojos y los míos se llenaron de morbo en medio de la plática, cuando ella me confesaba las locuras que hacía en la cama mi verga se ponía muy dura, me recompensó confesándome lo lubricada que estaba cuando le conté de mi particular vida sexual dentro de mi vida marital.

Dado que ambos teníamos una vida sexual un poco abierta no nos aguantamos mas y salimos corriendo del comedor, fuimos a uno de los archivos y enseguida nos encerramos para conocernos, sus besos me quemaban los labios y sus manos hábiles eran deliciosas cuando me agarraban la verga que hinchada y caliente me pedía sus encantos.

Sin otra cosa que decir se puso de rodillas, mi verga caliente entraba en su boca sin parar hasta el fondo, sus manos me masturbaban y luego de unos minutos ella se subió el vestido para mostrarme su delicioso culo redondo, con mis dedos estiré su tanga de hijo blanca y aprovechando su lubricación la penetré sin piedad hasta hacerla gemir bien rico, su calor me abrazaba y sus gemidos me ponían demasiado caliente. Empotrada en algunos archiveros yo la sometía con fuerza acomodándole mi verga una y otra vez dentro de su sexo, me pidió más velocidad, y sin dudarlo tuve que complacerla, intentaba callar sus gemidos con la palma de mi mano mientras ella deliraba de pasión al mismo tiempo que mis piernas eran cubiertas de su rica venida, se tambaleó un poco y un poco cansada me dijo que quería sentirme. Abrí su culo y ella se agachó casi hasta el suelo, me acomodé y me moví violento penetrándola con todas mis fuerzas, luego de unos choques y un par de palmadas mi leche brotó furiosa dentro de su panochita, no había palabras ambos estábamos aún muy calientes pero satisfechos de habernos dado el gusto que desde la mañana nos habíamos provocado.

Con un poco de papel higiénico nos limpiamos, aunque ella contrajo sus labios solo para limpiar lo superficial quedándose mi semen dentro de su vagina, eso me hizo excitar nuevamente, pero decidimos volver a nuestros lugares.

Aún caliente llegué a mi oficina y me senté a ver porno, cuando de pronto un correo llegó y efectivamente, era de Adriana.

“Querido David, me ha encantado conocerte, tienes una de las vergas más ricas que me han cogido, no es algo que diga muy seguido porque yo me excito de otra manera, quiero verte hoy en la noche para mostrarte algo, espero que puedas, te pido que no lleves carro, y nos vemos en el metro Centro médico a las diez y media de la noche. Besos Adriana”

Sin dudarlo hablé a mi casa dije que tenía que salir en la noche y mi esposa antelándolo, me dijo que se iría con Lidia, su amiga, con la que luego se divierte. Entonces le contesté el correo a Adriana confirmando mi asistencia a lo que ella me dijo que también había dejado todo arreglado en su casa.

Llegué entonces a casa y llevé a mi esposa a cenar, comimos rico y tomamos un par de cervezas conviniendo vernos en la casa a la una de la mañana a mas tardar, fuimos a casa a arreglarnos y ambos nos despedimos.

Siendo las diez de la noche, tomamos un taxi hasta la casa de lidia, ella muy bien arreglada salió a recibirnos, me dio un beso en la boca y a mi esposa la devoró frente a mi mordiendo sus labios. Tomé entonces otro taxi y me dirigí al metro estando en los andenes de la línea verde en punto de las diez y media.

Los andenes ya estaban algo solitarios y desde lo lejos se escuchaban unos tacones acercarse, una mujer envuelta en un abrigo blanco y con el pelo castaño parecía buscar a alguien, me vio y se dirigió a mi para besarme en la boca.

-Adriana? –Le pregunte un poco absorto. –Si David, soy yo. Aunque ahora veras a una parte de mí que no sé si es Adriana jeje.

Nos subimos entonces al metro en el penúltimo vagón, con dirección a universidad, nos sentamos y solo cuatro personas estaban sentados a nuestras espaldas, Adriana me pidió que nos sentáramos en los asientos reservados para quedar de frente, así lo hicimos y entonces lo bueno comenzó.

Desabotonó su abrigo y poco a poco fue abriéndolo para exhibir que estaba desnuda completamente, yo en un segundo quedé perplejo, mi verga se endureció y poco a poco abría sus piernas, sus manos tocaban su sexo depilado y en momentos dos de sus dedos entraban en su coño, de reojo ella miraba a los demás pasajeros, quienes estaban mirando su celular o medio dormidos, mientras Adriana y yo vivíamos un festival de erotismo y degeneración en aquellos asientos, llegamos a etiopia y ella nuevamente cerró su abrigo, uno de los pasajeros se paró y se salió de nuestro tren, luego de que se cerraron las puertas, ella nuevamente comenzó a masturbarse, yo estaba lleno de morbo y ella sin duda lubricaba a ríos. Tal vez alguno de los pasajeros podía mirar pero no creo que se haya dado cuenta.

Adriana me miro a los ojos y me dijo que saliéramos del tren, pues ese vagón tenia cámaras, estuvimos afuera esperando el siguiente.

Continuará...


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