Cuarenta años.

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Caminabamos apresurados hacia la estacion, en su mano derecha el pesado bolso, pronuncio solo unas pocas palabras, ¡Que hermosa tarde! eran las 15:15 de un miercoles y llegabamos retrasados, el tren se anunciaba cerca y el abordaje era inevitable, todo sucedio rapido al aproximarse la noche de ayer, decidio marcharse y perseguir nuevos rumbos, ¡Volvere pronto, vendre por ti exclamo! y rompio en llanto mientras miraba el piso, no supe ni que decir, ni que hacer, para mi era una noticia inesperada, ¡Te escribire cartas en bien llegue! buscare trabajo, y alquilare una casita con patio y sombra para los dos, ahi naceran nuestros hijos, te llevare al altar y seremos una familia feliz, te lo garantizo, te lo prometo, te lo juro por Dios. La expresion de su rostro ya no era el mismo, sus ojos enfocaban fijamente la pared, sus manos sudorosas y su respiracion agitada mostraban en el un estado de preocupacion, me fui a la cama, el llego al cuarto unas horas despues, ni siquiera intente dormir, mis razonamientos eran erraticos, no podia comprender tal decision y menos aceptarla, no me hizo el amor, se recosto y me dio la espalda, evito tocarme, ¿Estas bien?  dejame desacansar fue su respuesta, no concilie el sueño en toda la noche, me levante temprano y fui hasta la tienda, le compre medias, ropa interior y un perfume, la escencia que le regale para nuestro primer aniversario ya hace unos años, le prepare la maleta, y en un bolsillo interno le deje una foto mia, ¿Necesito hablarte? el simulo no escucharme, mientra se peinaba frente al espejo que estaba en la galeria, debemos partir estamos demorados, nos apuramos y en la plataforma me acaricio el menton y me dio un beso breve, fugitivo y subio a ese tren, no se asomo por la ventanilla y lo vi alejarse con el tronar cada vez mas lejos de la maquina. La cartas llegaban semanalmente, las leia y las releia en mis desvelo una y otra vez y me detenia en la pos data que me daba un hilo de esperanza, ¡Pronto ire por ti!, con el pasar de los meses la correspondencia se hacia mas distante hasta que un dia dejaron de llegar y paso un año, y pasaron dos y transcurrio toda una vida y despues de 40 años una mañana el cartero llamo a la puerta, correo para usted Señora, perdon joven ¡señorita!, la deje arriba de la mesa como lo hacia tradicionalmente, eran un cumulos de cartas de servicios pero entre ellas divise el remitente y una llevaba su nombre, la abri apresuradamente, y al leerla solo decia, el miercoles 7 de julio estare regresando en el tren de las 6:50, ¡Esperame!, y asi fue esa mañana calida camine por el anden y me sente a esperar, el llego, lo reconoci al bajarse inmediatamente, su cara legendaria, su pelo blanco y su andar despacio, ¡He vuelto amor! me acaricio el menton y me dio un beso perdurable, infinito, compre la casita, con patio y una alboleda de sauces, tendremos sombra para sentarnos por las tarde y contarnos que hicimos en estos cuarenta años. Relatos breves juan Sosa.


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