El ejercicio reporta beneficios

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Corrí hasta el gimnasio a pesar del frío, aprovechando que estaba soleado. Él entró después que yo había comenzado a ejercitarme en mi máquina favorita y lo primero que se me cruzó por la mente al verlo fue, “Me lo voy a cojer”.

Mis tetas no son prominentes, pero son atractivas. Mi cola es otra cosa. Es una de esas tipas duraznito que llaman la atención de los hombres no importa qué ropa me ponga. Por supuesto, selecciono mi ropa para que se me note el culo y me divierto viendo como disimulan los hombres de cualquier edad para mirarlo e imaginarse lo que sea.

Ese día llevaba unos leggins amarillos que mostraban mi trasero como si no las tuviera puestas. En el gimnasio me ubiqué en una máquina con espejos detrás, así que quien quisiera podía observar mis glúteos.

Estaba ensimismada en el ejercicio cuando lo vi entrar y, como dije, planeé hacerle el amor apenas lo vi. Me sonrió cuando vio que no le quitaba los ojos de encima. El primer paso estaba dado. Me reí cuando casi atropella a un fulano que salía del vestuario porque él seguía mirando la imagen amarilla detrás de mí sin percatarse de cuán cerca estaba de la puerta.

Después de media hora en la máquina de remar se dirigió al vestuario. Dejé inmediatamente mi máquina y me paré cerca de la puerta del mismo. Cuando salió, pude apreciar el celeste de sus ojos y el negro azabache de su cabello. Le dediqué la mejor sonrisa e inicié la conversación.

- Ahora si puedo hablar. Hola, me llamo Sofía.

- Hola, soy Lucas.

- ¿Te vas corriendo a algún lado?

- Sí, mi departamento está a solo 3 kilómetros por esta misma avenida, hacia la derecha.

- ¡Qué casualidad! – dijo – El mío también pero a sólo 2 kilómetros. ¿Corremos juntos?

- ¡Cómo no! – aceptó de buen grado.

Tomé la delantera para salir del gimnasio y lo imaginé mirando los bamboleantes cachetes de mi cola. ¡Si supieras mis planes!, pensé. Cuando llegamos frente a la puerta de mi edificio, le dije:

- Mira, ya son las siete de la tarde. ¿Por qué no entras y tomamos una copa para celebrar habernos conocido?

- Discúlpame pero estoy todo transpirado. Necesito bañarme. – respondió.

- No te preocupes. Puedes darte una ducha en mi departamento. Mi hermano vive conmigo pero está de vacaciones. Puedo prestarte su ropa, siempre y cuando me la devuelvas. – dije sonriendo.

- Trato hecho. – respondió.

Una vez que estuvimos en el departamento le indiqué el baño y le dije que le traería ropa para después de la ducha. Me desnudé, le di un par de minutos en el baño y cuando estimé que ya estaba bajo el agua entré. Estaba de espaldas a la puerta así que entré a la ducha, apoyé todo mi cuerpo contra su espalda y, estirando los brazos, tomé en mis manos su pija y sus bolas.

-  Espero que no te moleste que te ayude a ducharte. – le dije.

-  Desde luego que no. – respondió y se dio vuelta, puso sus manos en mi culo y me apretó contra su cuerpo mientras me besaba. Sentía en mis piernas el engrosamiento de su verga.

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Sofía se separó, tomó el jabón y procedió a enjabonarme desde mi cuello hacia abajo hasta que llegó a mi “paquete.” Yo aprovechaba para acariciarle sus lindas tetas. Me hizo darme vuelta y sus manos enjabonadas recorrieron de manera sensual toda mi espalda, incluyendo mis glúteos. Una de sus manos se ocupó de ellos, lentamente, mientras la otra volvía a ocuparse de mi agrandada, enhiesta verga y mis testículos.

- Enjabóname. – pidió luego.

Le enjaboné el cuello y luego descendí a sus tetas. Sus resbaladizos pezones se agrandaban entre mis dedos. El recorrido pasó por su vientre y llegó a su monte de Venus. Entonces una mano quedó allí y la otra se ocultó en el valle de su atractiva cola. Nuestras bocas se encontraron nuevamente mientras una y otra vez mis dedos jugaban con los labios de su concha y acariciaban levemente el pequeño orificio arrugado en lo más profundo de su culo.

Sentí en mis dedos los jugos sexuales. Me puse detrás de ella, la llevé contra una de las paredes de la ducha y la penetré sin detenerme hasta que toda mi pija estuvo dentro de su cuerpo.

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Sentí su verga penetrándome, separando las paredes de mi vulva, enterrándose dentro de mí completamente. ¡Me encantó! Apoyé mis manos en la pared y Lucas puso las suyas sobre las mías. Separé un poco mis piernas para facilitar sus penetraciones. Me mordisqueó las orejas y me propinó algunos chirlos en los cachetes de mi cola. Me los imaginaba poniéndose colorados, pero más me imaginaba su pija entrando y saliendo de mi vulva con cada bombeada.

Disfrutamos en esa posición por un par de minutos y luego le dije,

- Te voy a chupar la verga.

Lucas retiró su pija y yo me arrodillé frente a él. Acaricié sus testículos con una mano y comencé a masturbarlo lentamente con la otra. Mi lengua jugueteó por un momento con la cabeza enrojecida de su verga y luego recorrí toda su extensión hasta llegar a su escroto. Luego hice el recorrido inverso y finalmente me la metí en la boca. Mis manos y mi boca se deleitaron con su verga arrancando sus suspiros cada vez que ajustaba mis labios al pasar del tronco a la cabeza y viceversa.

Lucas cerró la canilla y dijo,

- Vamos a tu cama.

Chorreando agua fuimos al dormitorio y me arrojó sobre la cama. Se acostó arriba de mí y luego de algunos besos ocupó su boca en chuparme mis endurecidos pezones. Cuando sus manos se ocuparon de ellos, él continuó descendiendo por mi cuerpo hasta llegar a mi vulva. Me tocó a mí suspirar profundamente mientras su lengua y sus labios me lamían, besaban y chupaban cada rincón de mi vertiente sexual.

- No me hagas esperar más. Penétrame. Cójeme. – le dije. No me hizo esperar.

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Dejé de disfrutar de su concha yo y de mi boca Sofía y después de compartir sus néctares con unos fogosos besos me concentré en cojerla tal como me lo pedía. Le metí la verga de un solo envión arrancándole un aullido más que un suspiro. Había puesto su pierna derecha sobre mi hombro izquierdo para penetrarla más cómodamente. Mi pija entraba y salía de su vulva una y otra vez y su orgasmo no tardó. Otro aullido. Se la saqué totalmente y le dije,

- Acuéstate boca abajo.

- Imaginé que me lo pedirías. – respondió.

No bien estuvo acostada como le pedí, me arrodillé a horcajadas de su hermoso culo y le enterré mi verga con sucesivos empujones, cada vez más profundos. Tener ante mí y en mis manos ese fabuloso trasero y ver mi pija enterrándose en las profundidades de la cachucha de Sofía era extremadamente excitante. Después de unas cuantas bombeadas sentí que mis huevos descargaban mi semen con intensidad. Era mi turno de aullar y lo hice mientras mi verga descargaba mi leche una y otra vez.

- Mi hermano vuelve el jueves – dijo Sofía – ¿Por qué no me traes su ropa el martes? Podemos tomar otra copa.

- Volveré, – respondí – pero todavía es temprano. ¿Tomamos otra copa?


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