No estoy feliz por verte mal.

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Qué más quisiera, por ser inmune a tu belleza ahora crispada por la mala ventura. Mírate, esos ojos que siempre llenos de altivez y desdén hoy se mueren por un poco de cariño, no me da alegría verte en el fracaso.

Es cierto en algún tiempo quise que la vida trajera a ti la desdicha, el amargo sabor del desamor para que supieras como me quedé luego de tu abandono, quise que un día me suplicaras un beso, que tu vida se revolcara en el arrepentimiento y que al verme con alguien más sintieras derretirte por la envidia. Que los besos que regalas solo sirvieran para hacerte sentir más vacía y suplicaras por un poco de lo que, en ese momento despreciaste.

Pero mi corazón no puede mantenerse quieto, sufre al ver que la sonrisa en tu rostro es fingida, que tus ojos revelan la agonía que te consume, quisiera ser feliz al ver que el señor me ha permitido verte como alguna vez me dejaste pero, dentro de mí no hay alegría, no siento la satisfacción de verte tocando fondo.

Mírate… insignificante reflejo de altanería y elegancia, ahora, humillada en un mar de engaños y falsas promesas. ¿Cuánto tiempo el valor de tus besos se mantuvo cotizado a la alza? ¿Qué tan bien te supo saber que tus cuerpo era comprado como un trofeo para exhibirse en una vitrina? En su momento me daba asco que una mujer eligiera venderse con tal de mantener un cierto nivel, dejando de lado un amor incondicional, por momentos, recuerdo el coraje y la impotencia de verte ir a lado de un hombre para que te llenara de lujos, de cosas caras y autos nuevos.

Solo mírate, no eres ni la sombra de aquella mujer que me dijo no ser lo suficiente para ella mientras que, en una noche lluviosa, me quedé con ese humilde ramo de rosas empapado en la calle sintiendo que el corazón se me hacía pedazos diminutos, yo encaminado a verte mientras que de tu casa una camioneta me deslumbraba con sus faros, solo pude ver ese instante cuando tú, elegante y altiva me miraste de reojo mientras yo sentí morir en vida.

Quisiera estar contento al verte doblada, al ver que la vida te trajo solo un desfile de malos tragos, de verte limosneando un poco de afecto. Que duro fue el caer desde tan alto pero la soberbia y tu maldito orgullo siempre fueron los defectos que te harían perder.

Y no soy aquel que, desde un lujoso auto, acompañado de su esposa e hijos te ven con tristeza, porque la vida me trajo lo más importante, aquello que de verdad vale ante la relatividad de la vida, no soy aquel que envuelto en éxito y riqueza ahora te mira hacia abajo, con el mismo orgullo que tú.

Mi auto no es nuevo, ni mi ropa de marca italiana, en mis manos no hay joyas y mis zapatos no son costosos, pero sé que la mujer que está a mi lado, está conmigo porque me ama, y yo le doy todo aquel amor que tu jamás supiste apreciar, no le doy las sobras de tu cariño, porque hice que mi corazón sacara todo lo que por ti sentía, y ella llegó para sembrar una nueva esperanza.

Tantas veces desee el día en que te viera destrozada, sin embargo no estoy feliz por verte mal, y es que en mi alma no hay coraje, no hay desprecio, solo la bondad que alguien sincero supo inyectarme. Solo la tranquilidad que ella trajo a mi vida.

Estoy consciente de que no te mereces mi lastima, pero me apena saber que todos te desprecian, que hoy estas sola esperando a que alguien verdaderamente se preocupe por ti, hoy nadie se acerca a ti queriendo ser tu amigo, solo animan tu ego momentáneamente mientras al despertar te das cuenta que solo te deseaban para calentar su cama, lloras envuelta en una sábana mientras ver que tu última esperanza se desvanece abotonándose la camisa sin mirarte siquiera.

Me da tristeza verte desolada, caminando sin rumbo entre la gente que conoce tu vida, cruzando entre los juicios de muchos y los reproches de otros tantos, no me alegra saber que por las noches lloras hasta quedarte dormida porque la cama es fría, porque necesitas unos brazos que no solo te calienten el cuerpo, sino que, te hagan sentir apreciada, mueres por alguien que te ame, que se preocupe por ti cuando estas enferma. Sin embargo, la vida te declara que no mereces, al menos por el momento, ver tus anhelos, complacidos.

No me hace feliz verte mal, pero de algo estoy seguro, en esta vida, uno siempre cosecha lo que siembra y tu desdicha aunque no la celebro, sé que te la mereces.

 

 

 

 


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