CANSANCIO DEL MITO 2

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- Es usted un escéptico - me dijo una mujer en un tono desencantado.

- Puede. Pero estoy cansado, muy cansado del tema de la Guerra Civil - le respondí-. Desde que tengo uso de razón no oigo más que hablar a familiares, a conocidos sobre mismo tema. Llego a casa, pongo el televisor, y de una manera o de  otra se vuelve a hablar de Franco, de la Contienda... Parece que nuestros políticos están obsesionados con esta historia, con el dictador, cuando aquel desastre hace ya ocheinta y un años que pasó. ¿Qué ocurre? ¿ya no sabemos de qué hablar? ¿Nuestra vida es tan vacía de contenido que tenemos que recurrir una y otra vez a los mismos hechos de aquel lejano ayer? ¿Os acordáis cuando íbais a los guateques a ligar a chicos, y se ponía un disco de Rock, pero la aguja del tocadiscos se estropeaba y la canción repetía el mismo estribillo, por lo que se tenía que cambiar enseguida porque se hacía insoportable escuchar siempre lo mismo?

- Sí... ¿Pero que tiene que ver la aguja del tocadiscos con la novela? - preguntó una chica morena, con un aire altivo.

- Pues que el tema de esta novela, al igual que en la vida diaria, es tan pesado como un disco rayado - le contesté yo-. Pero para mí lo peor no es esto. Estoy francamente harto del relato mítico  que se pretende hacer de la Historia, que como he dicho no tiene nada que ver con la realidad. Y si queremos ser de verdad libres, tenemos que distanciarnos del mito, ya que éste como nace del inconsciente del ser humano, de los sueños, tiene una connotación inmovilista, e intransigente, y desvirtúa a la vida tal cual , y así no se va a ninguna parte. Además no creo en la voluntad de la gente. Una vez vino Franco a Barcelona, y todo el mundo se volvía loco por verlo pasar. Cuando este personaje desapareció, muchos que lo aclamaron se volvieron del revés como unos veletas. Se trata del culto a la personalidad, que es una consecuencia del sentido mítico que tarde o temprano nos puede desengañar.

- ¡Sí señor! Yo estoy de acuerdo con lo que dice este hombre. Ya está bien de darle tantas vueltas al tema de la Guerra y de Franco! - dijo una mujer rubia que estaba a mi lado-. Los jóvenes ya no están por estas "batallitas" del abuelo. Ahora hay otros problemas que se tienen que resolver.

Por fin se terminó la tertulia literaria y yo regresé a mi hogar haciendo un resoplido de alivio. Pero cuando llegué a mi casa y conecté la televisión como daban las Noticias, éstas informaban:

"...Y el presidente del Gobierno quiere exhumar el cadáver de Franco del Valle de los Caídos..."

-¡Oh no, otra vez no...! - grité.

 

 

 

 

 


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