UNA BUENA ÉPOCA 1

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La necesidad de libertad vital y cultural se hacía tan perentorio en el ambiente de Barcelona, que poco antes de instaurarse la Democracia en mi país empezaron a proliferar toda suerte de programas de Radio en los que casi todo el mundo se atrevía a exponer con franqueza sus problemas domésticos, a la vez que eran asesorados por expertos en la materia; por otro lado en otros programas radiofónicos cada domingo por la mañana se comentaban las películas de estreno, y las obras de teatro de la temporada en los que a veces acudían los actores y los directores de dicho espectáculo, por lo que era una gozada escuchar a los radioyentes ya que muchos de ellos hablaban con un agudo juicio crítico envidiable, razón por la cual muchas veces me inducían a ir a ver el espectáculo comentado.

Se palpaba en la sociedad un vivaz interés por saber, por informarse acerca de diferentes aspectos de la existencia humana que hasta entonces habían quedado semiocultos por los viejos  convencionalismos de varias generaciones anteriores a la nuestra, sin que las personas de clase media estuviesen todavía influenciadas por el espectro político.

Este mismo anhelo por el saber se sintetizó en una Asociación Cultural llamada EL CLUB DE VANGUARDIA , la cual fue fundada por el espabilado empresario Oriol Regás, que era el hermano de la escritora Rosa Regás, junto a un periodista y locutor de Radio llamado Alberto Oliveras. Y dicho centro cultural estaba directamente vinculado al periódico LA VANGUARDIA.

Pero antes de fundar este centro, Oriol Regás había sido el propietario de la famosa discoteca BOCACCIO  que estaba situada en la zona alta de Barcelona, en la que confluía la mejor intelectualidad de la ciudad que se hacía llamar "La gauche divine" (la izquierda divina) que estaba compuesta por célebres arquitectos, artistas de todos los géneros, y grandes escritores.

Yo había ido de vez en cuando a este carismático lugar con amigas donde me lo había pasado bastante bien.

Cuando esta discoteca cerró sus puertas, le tocó el turno al CLUB DE VANGUARDIA, y yo al igual que mucha gente de mi generación con ciertas inquietudes culturales, como ya estábamos hartos del tan falso como bullicioso ambiente de discotecas sin ninguna relevancia que nada nos aportaba, enseguida coincidimos todos allí.

Se trataba de un centro con una cuidadísima y moderna decoración donde nos facilitaba a asistir a prestrenos de espectáculos; a muchos nos interesaba asimismo conocer a la ciudad en profundidad, y por eso hacíamos excursiones para ver la Barcelona romana, o la medieval, o  el movimiento Modernista de Gaudí. Por supuesto aquellas salidas estaban guiadas por profesores universitarios y especialistas en el tema elegido. Simultáneamente a estas excursiones, yo iba a conferencias de todas clases porque siempre he pensado que la cultura es variopinta; tiene diversas ramas, y todo el mundo sin distinción tiene que beneficiarse de la misma.

Sobre todo se daban muchas charlas sobre sexología y erotismo, impartidas por verdaderos profesionales en el tema, puesto que era una consecuancia natural después de tanta represión política. Recuerdo que en una ocasión hablando con un psicólogo dedicado a esta especialidad le dije:

- Hombre, esto que explicas está muy bien. Pero mira. Si conoces a una simpática mujer parecida físicamente a la actriz italiana de cine Sofía Loren, preséntamela y se me irá la maldita sensación de soledad que me abruma.

- No conozco a ninguna mujer así. Pero si la conociese tampoco te la presentaría porque yo también la necesito -  respondió él.

En el ciclo dedicado al erotismo vino al Club a darnos una conferencia el Premio Nóbel de Literatura Camilo José Cela. El hombre sacó de una cartera un fajo de cuartillas y se puso a leerlas ante el auditorio; cosa que no se debe hacer jamás porque rompe la comunicación espontánea con el público y éste se aburre; deja de prestar atención a lo que se dice. Por tanto el escritor más que abordar el tema con sencillez, lo que hizo fue hacer un alarde de su erudición lingüística, pero sin aclarar nada. Fue un discurso vacío de contenido. De manera que a la hora del coloquio un hombre del público le preguntó: "Pero bueno...¿Qué es para usted el erotismo?"

Yo pienso que aquel pedante Premio Nóbel de Literatura se quiso reír de nosotros.

En otro orden como en aquellos años de la Transición se pudo de moda en Madrid la tan evanescente como creativa Movida Nacional que estalló con fuerza como la espuma del cava al abrir una botella, triunfaba el director de cine Pedro Almodovar, el cual vino a la Ciudad Condal a presentar su film LA LEY DEL DESEO, y como no él y su equipo artístico visitaron aquel emblemático Club. Así que cuando yo llegué allí me encontré con un aire un tanto desorientado al actor Eusebio Poncela que era el protagonista de la película y que muchos años más tarde encarnaría al cardenal Cisneros en la serie televisiva ISABEL LA CATÓLICA.

 


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