UNA BUENA ÉPOCA 2

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Respecto a la famosa MOVIDA madrileña, lo que empezó con una alegría exultante y libertaria no acabó demasiado bien, debido a las muchas muertes de sobredosis y del SIDA.

En mi ciudad hubo un brote similar al de la MOVIDA de la capital del Reino, pero quedó enseguida diluído a raíz de que ésta había sido elegida para las OLIMPIADAS del 92, y la ciudadanía centró todas sus energías en reconstruir su lugar de origen.

- ¿Qué tal  Eusebio? Bienvenido a Barcelona - saludé al protagonista de la película de Almodovar como si le conociera desde siempre.

El sujeto me respondió con una exquisita cordialidad.

- Verás. Esto es un centro cultural en el que se habla de todo - le dije a la vez que le mostraba las dependencias de aquel sitio-. Comprenderás que ahora la gente tiene una gran necesidad de informarse de cualquier cosa, sin censuras.

- ¡Ah, eso está muy bien! En Madrid pasa igual -convino el actor- Anda, ven que te presentaré a Pedro - dijo.

- Oh, no te molestes... - le dije yo. Y es que nunca me ha gustado idolatrar a ningún personaje famoso; y de los políticos aún menos.

- ¡Que sí, que sí..! - insistió Eusebio.

Para no hacerle un feo desplante me dejé llevar hasta el director de cine.

- Aquí un amigo... - me presentó el actor a Pedro Almodovar, el cual estaba en mitad de la estancia como si fuese una atracción de Feria.

- Encantado - le saludé.

El tipo me lanzó una mirada displicente, altiva y me dió la mano. Pero yo por lo bajo murmuré sin que me oyera:

"Vete a la mierda, imbécil".

Sin embargo, a pesar de aquella euforia cultural en aquella misma  época y sobre todo en aquel centro no todo era tan brillante ni glamuroso. En los socios y socias del Club se advertía una frustación un malestar interior que no desaparecía por muchos espectáculos que se vieran, y que no era otra cosa que los fracasos sentimentales que muchos habían sufrido no hacía demasiado tiempo. Novios y novias en los que se habían depositados las pequeñas esperanzas domésticas, cotidianas y ahora todo se había desmoronado.

El motivo principal de aquellas traumáticas ropturas sentimentales era una devastadora crisis económica que arruinaba a muchas familias, y por tanto seproducían grandes altercados conyugales.

Yo mismo tuve una relación amorosa con una mujer de aquel centro cultural que al parecer se había divorciado de su marido que era un escritor bohemio y colaborador de la desaparecida revista INTERVIU, a quien habían intentado introducirlo en la empresa familiar, pero él no se había sabido adaptar en ella; prefería ir a su aire.

Por lo que pude saber aquella mujer que era algo mayor que yo pertenecía a una familia de la alta burguesía barcelonesa, pero que a causa del altibajo económico la hacienda familiar se había hundido, y ahora ella para salir adelante trabajaba en un Banco, y no soportaba el ambiente popular que se respiraba por doquier.

- Es que la gente es gregaria, gregaria. A una inmensa mayoría le gusta lo vulgar. lo que se dice el arte Näif; el mal gusto por las cosas. Y yo que he vivido con la gente más selecta de esta ciudad, ahora veo que lo que impera es el "nuevo rico". Sí, ese que está forrado de dinero, pero que es un ignorante - repetía ella sin cesar.

A mi me encantaba su compañía y nos besábamos con pasión alli donde nos halláramos. Mas una noche al ir por la calle mientras yo la llevaba cogida por los hombros, de súbito nos encontramos de frente con su marido, que era un hombre alto, y bien parecido a quien ella todavía admiraba.

-¡Oh, mi marido! Seguro que nos ha visto. Suéltame, suéltame...

A mí se me encogió el estómago. A ver si aquel hombre se enfrentaría conmigo y me daba un puñetazo por ir con su exmujer - pensé yo temeroso.

Pero ocurrió todo lo contrario. El marido de aquella mujer de altos vuelos me saludó muy corresctamente, y estuvimos hablando amiglablemente durante un rato de libros.

En la Antiguedad se hablaba de la Edad de Oro que era cuando los hombres se codeaban con los dioses, y este mito prervive de otro modo en la actualidad. En aquella época del CLUB DE VANGUARDIA los dioses  eran la vivaz curiosidad cultural, mas junto a ella también había el lado oscuro existencial que alternaba con la luz; ya que no hay luz sin sombra.

No existe la felicidad completa.


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