El chico del café (parte 2/2)

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El chico del café me había dejado una nota para que lo invitara. La idea me encantaba, pero al mismo tiempo me producía respeto. Había soñado tantas veces con tener un encuentro con él que ahora que me surgía la oportunidad, sentía vergüenza.

Tras recibir el papel, no sabía si aceptar su autoinvitación, pero algo me hizo aceptar. Guardé su número y le envié un WhatsApp:

“Acepto ese café” Portal A-2B.

Fui escueta en palabras, porque no me atrevía a escribir nada más.

Al minuto, recibo su contestación: “Seré puntual. ¿Llevo algo?”

Que nervios – pensé. Me temblaba todo. No tenía ni idea qué contestarle. 

“Con tu presencia, suficiente. ¿Te gusta de alguna manera en especial?”

“Mmmm… caliente. Del resto me ocuparé mañana” escribió.

Decidí no contestarle más. Ese día no me pude concentrar en mi trabajo. No me quitaba de la cabeza que a la mañana siguiente tendría al "chico del café" en mi cocina. Por la tarde, cuando llegué a casa y me duché con agua fría. Debía calmarme. Mi "Pipita" palpitaba con solo mis pensamientos así que aproveché para tocarme. Debía descargar tensiones. 

A la mañana siguiente me había levantado más temprano de lo habitual. Quería estar preparada cuando él llegara. Nuevamente tuve que masturbarme, porque el simple calor del agua en mis partes me había puesto como una "loba".

Mi cabeza no entendía nada, quería mantener la cordura y pensar que era un simple café, una pequeña charla matutina y el comienzo de una posible amistad... pero mi cuerpo deseaba que fuera un café acompañado de mucho más.

Cuando sonó el timbre, parecía una quinceañera. Mis piernas no respondían, las rodillas me temblaban.

- Buenos días, espero llegar a tiempo - saludó con una gran sonrisa. Me llamo David.

- Llegas en el momento justo - contesté. - Soy Alicia. - Y le dí dos besos

Me rodé hacia un lado, para que el pudiera adentrarse. 

-¿Te he resultado muy atrevido? - Preguntó directamente.

-¿cómo? - su pregunta me pilló por sorpresa. No sabía qué contestar. -Me encanta la gente atrevida - le sonreí y comencé a caminar por el pasillo hacia la cocina. Sabía que en ese momento me estaba mirando el culo, sabía que por las mañanas solía hacerlo cuando él pensaba que yo no lo veía... y por eso, hoy me había puesto, intencionadamente, el jeans que mejor culo me hacía.

Ya en la cocina le pregunté:

- ¿cómo te gusta?

Y mirándome a los ojos me contestó:-Caliente y fuerte.

Su mirada atravesó mi ser. Yo no sé si en ese momento, él era consciente del efecto que tenían sus palabras en mi cuerpo. Pero algo me decía que lo estaba haciendo aposta.

Cuando fui a acercarle la taza, el fue a hacer lo mismo y nuestras manos se rozaron. Un calambre nos sacudió. Nuestras miradas se cruzaron y de pronto, todo cambió.

De dos pasos bordeó la mesa y me alcanzó. Sus labios se posaron sobre los míos. Calientes, carnosos, húmedos. Me hicieron presa de sus besos jadeantes, de sus palabras entrecortadas por la excitación del momento.

Sus manos sobre mis nalgas, me apretaban contra él. Me sacó la blusa y metió sus manos por mi espalda. Sus caricias eran abrasadoras, demandaban contacto. No paraba de mover sus manos a lo largo de la espalda y mi trasero. Estaba súper excitado y de pronto me susurró al oído entre jadeos: -Si quieres pararme ahora es el momento, porque en nada no podré frenar mis deseos "de ti". Te deseo desde el primer día que te vi. Cada mañana vengo a esta cafetería solamente para verte y cada mañana intento convencerme de que "ese día" me acercaré a ti... sin éxito. Ayer cuando vi que la cafetería estaba de vacaciones, tuve que actuar. Cada noche sueño contigo, con tu cuerpo, con tus andares, sueño con tus caricias, tus besos... y ahora que te tengo delante no puedo parar. Si quieres que lo haga, éste es el momento, si no, te subiré a la encimera y te haré mía. Necesito sentirte, quiero estar dentro tuyo, quiero comerte, saborearte, lamerte...

Sus palabras me excitaron más aún y yo misma me subí a la encimera y lo atraje hacia mí. Le desabroché la camisa y se la así sobre los hombros, como tantas veces me había imaginado, su pecho con poco vello... buff

Sin apenas darme cuenta, yo ya estaba semidesnuda. Su boca se llenó con mis tetas, mordía levemente mis pezones, estaba rendida ante sus caricias.

Quería quitarle los pantalones, hacer desaparecer cualquier barrera física, me sentía muy mojada, estaba más que preparada para que me penetrase... me urgía sentirlo dentro, así que me bajé de la encimera y me quité los pantalones y aproveché para terminar de quitárselos a él. Nos quedamos desnudos uno frente al otro y de pronto volvimos a la acción. 

Me cogió en peso y volvió a subirme a la encimera, el frío de ésta contrastaba con el calor de mi coño, me abrió los muslos y comenzó a lamerme los labios. Su lengua era rugosa y jugaba hábilmente con mi clítoris. Ya no aguantaba más, dos lametazos más y llegaba al clímax... -síii, síii, más y poco másss - jadeé tomando su cabeza entre mis manos y apretándola contra mí.

Una oleada de jugos salieron de mi vagina, la excitación fue tal que hasta mis muslos se mojaron... él sonrió, sabía que me había hecho disfrutar, se levantó, me miró a los ojos y sin apartar la vista de ellos, me penetró.

Mi cuerpo, aún débil del orgasmo que acababa de tener, se sintió lleno de nuevo. Mis piernas se enrollaron en su cintura y mis brazos rodearon su cuello, momento que aprovechó para llevarme a una de las paredes de la cocina y follarme contra ella. Sus embestidas eran fuertes pero placenteras. Sabía moverse y estaba lo suficientemente fuerte como para mantenerme contra la pared. Yo estaba rendida a su excitación. Le besaba el cuello y jadeaba junto a sus oídos. Este hombre era un "follador" sabía como mantener excitada constantemente a una mujer. Sus manos me sujetaban el culo y pronto uno de sus dedos comenzó a jugar con él. El simple hecho de tocármelo debió excitarlo más aún, sus jadeos comenzaron a convertirse en pequeños gruñidos, gruñidos de placer, su polla empezó a palpitar, David estaba a punto de llegar al orgasmo, sus embestidas comenzaron a ser más rápidas y profundas, sus manos apretaban fuertemente mis nalgas y yo le lamía la boca y el cuello, mordiendo en determinados momentos sus hombros e incluso sus labios...

-Síiii, siiii, siiii - gritamos jadeantes.

Ahora la que sonreía era yo. Yo había llegado a un segundo orgasmo y sabía que él, también había llegado. Que lo había disfrutado tanto como yo. Guauu, este tío era la "caña" en el sexo...

- Habrá que hacer nuevamente café... porque el de hoy se ha enfriado - sonreí

- No te preocupes, el café me gusta frío... cuando hablaba de caliente, en ningún momento me referí al café.

Ambos reímos e intentamos recomponernos... lo cogí de la mano y me lo llevé a la ducha...

De camino al baño... me preguntó si mañana lo invitaba nuevamente a otro café... y yo le contesté: -Si lo quieres caliente, sí.


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