Suculento condimento

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Con las luces intensas de los autos y mi parabrisas lleno de gotitas de lluvia llegué por fin al restaurante del ese hotel donde quedé de verme con ella, con esa mujer de ayer, usualmente no repito mis compañías cuando de aventuras se trata pero ella es especial, solo diré eso.

Justo a esta hora, el día de ayer, pasaba por la Calzada de Tlalpan en mi camioneta, me puse en el carril de extrema derecha y avance lento, mirando lo que había para la degustación. “Anímate mi amor” escuchaba decir a una mujer exuberante con un escote descarado y unas tetas tan grandes que mis manos no alcanzarían a tomarlas, ella se bajó el vestido y sus pezones enormes me hicieron estremecer, continué mi camino y una rubia de vestido blanco se acercó a mi ventana, “Amor, mi amiga y yo estamos de oferta, no te vas a arrepentir” continué mirando la variedad de tonos y formas hasta que delante de mí, un Mercedes Benz estaba conversando con una mujer, desde que la vi mi cuerpo sintió un escalofrío, esas piernas suculentas y tersas, en unas medias oscuras, ese culo perfecto envuelto en aquél vestido negro muy corto, sus uñas arregladas y ese cabello rizado me hicieron apretar el volante deseando que aquella mujer no se subiera.

Un manoteo con el dedo índice levantado fue la negativa final, un suspiro salió de mi pecho y sin dudarlo llegué hasta la esquina. –Buenas noches hermoso, hace mucho frío, ¿me puedes llevar a un lugar más caliente?

Sus grandes ojos y su boca en ese color carmín me llenaron de deseo, ni siquiera le pregunté el precio, solo le pedí que me “mostrara un poco” a lo que ella sin dudarlo se apartó un metro y dio una vuelta lenta contoneando su pequeña cintura subiéndose el vestido hasta la cadera, su culo delicioso estaba al descubierto, no había ninguna pantaleta y al quedar de frente su sexo con un triángulo de vello me hizo tener una enorme erección.

Los cláxones de los autos me presionaban, “Aquí mami” gritaban algunos de los autos detrás de mí, “estas bien buena Chaparrita” también llegué a oír mientras ella se acomodaba el vestido. –Entonces que papito, ¿Te animas?

Bajé el seguro de mi puerta y ella entró con mucha degeneración en los ojos, caliente ya tenía la verga fuera del pantalón, desde que ella se acomodó en el asiento no dejaba de mirarme a los ojos, sus manos fueron a mi verga y me masturbaron un par de veces, no pude evitar hacer lo mismo y de un golpe mi mano fue hasta su coño de vello recortado, ella gimió sutilmente mientras que en las yemas de mis dedos, un poco de su humedad se quedaba impregnada, llevé mi mano a mí y profundamente inhalé descargándome unas ganas de cogérmela ahí mismo en el carro.

Encendí nuevamente el auto y a mi izquierda un auto pasaba con la ventana abajo. –Te rayaste culero, esa puta está bien buena. –La mujer solo le mandó un beso con la mano y enseguida subí los vidrios. –Vamos calentando. –Le dije mientras abría todo mi pantalón. –Tu mandas papito. –Me dijo ella acomodándose el cabello, se fue a mi verga con esa boca deliciosa y me comenzó a chupar con exquisita maestría.

Llegamos al motel y subimos llenos de lujuria, en la puerta nos quitamos la ropa y nos fuimos a la cama a coger como locos, una y otra vez hasta que la verga me dolía al penetrarla.

Y hoy estoy aquí, dando mis llaves al chico del ballet parking, entro y pido un mezcal, la noche está fría, la lluvia apenas se escurre y los nervios me tienen impaciente. Me siento en una de las mesas, me tomo el mezcal de golpe y pido otro de inmediato, ya es la hora pactada y ella aún no llega, me siento como adolescente. De pronto, la Hostess le da la bienvenida a una dama, hermosa, de piel tersa y clara como pocas, ese cabello rizado en capas rebota en cada pisada que dan sus zapatos altos de tacón en aguja. Envuelta en un vestido gris con cierto vuelo por encima de la rodilla, se sienta en la barra, cruza sus piernas y saca su teléfono para comprobar si ha llegado a tiempo.

El mesero se acerca a mi mesa con otro mezcal, en ese momento ella da una vuelta mirando si he llegado, el mesero es mi barrera y ella no consigue verme, un mensaje llega a mi teléfono <Ya estoy en el bar> el cual no contesto, ella pide un tequila y sigue en la barra. Tomo la mitad de mi mezcal y me dispongo a levantarme cuando un par de caballeros bien vestidos pasa a mi lado, se miran y murmuran dirigiéndose a la barra, me siento nuevamente y contemplo su actuar, se presentan uno a cada lado de ella y ambos sonríen, ella se cómoda el cabello y finge interés, ellos piden un trago y la invitan a su mesa ella nuevamente sonríe.

Ambos hombres regresan derrotados a su mesa y en ese momento, gallardo y soberbio dejo mi silla con el mezcal en mi mano, “Suerte” me dicen ambos hombres, llego hasta la barra y me siento sin mirarla. –No soy gay, pero debes ser exigente para despreciar a dos caballeros como los que se acaban de ir. –Para no ser gay sabes ver mucho la guapura de un hombre. –Solo me mira de reojo, yo hago lo mismo con una sonrisa.

-Tu mezcal es fuerte?. –Pues no es el mejor que he probado pero se defiende. –Comprendo, Mesero, me puedes dar un mezcal también por favor?

Se da vuelta y hago lo mismo, ella brinda conmigo su mezcal y ambos platicamos un par de minutos. –No sabes cuánto te deseo. –Sus ojos y los míos conectan nuevamente y el fuego se enciende, mi verga se pone dura y ella sutilmente se sube el vestido, abre levemente las piernas y me muestra nuevamente su sexo sin  bragas y en ese momento me recorre el impulso de cogerla.

Nos levantamos y caminamos por el bar luego de pagar la cuenta, ante el asombro de algunos clientes salimos a prisa, cruzamos el lobby y subimos al elevador con fuego en cada caricia, le doy la vuelta y subo su vestido, ella se pega en la pared y yo abro sus deliciosas nalgas para ponerme de rodillas y chupar sus esfínteres, sus gemidos me llenan de excitación y el elevador se detiene, nos incorporamos para salir en el último piso, corremos hasta nuestro cuarto y con destreza deslizamos la llave.

Besándonos con deseo llegamos hasta la cama, ella se queda inerte y yo recorro los tirantes de su vestido, ella queda completamente desnuda, la única prenda que llevaba puesta ahora yace en el piso, sus pezones erectos esperan sentir mis labios, ella me desea tanto como yo a ella, de la bolsa de mi saco, tomo una rosa color rosa y ella queda helada, la recorro por sus senos, ella la toma con su mano.

Feliz aniversario mi amor. Te amo y te deseo como el primer día.

 


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