¡QUIERO UN NOVIO! 1

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Nieves Iborra a pesar de que no era una mujer demasiado hermosa según el modelo clásico de la belleza debido a su poco pecho, a su corto cabello castaño, y a sus ojos del mismo color, sí que era una joven puericultora de veinticinco años lo bastante atractiva para atraer a los hombres gracias a su simpatía y a su predisposición para encariñarse de cualquier sujeto que le llamase la atención.

Aquella noche Nieves había invitado a cenar a su flamante novio Xavi a la casa de sus padres a quien ella había presentado anteriormente a varios amigos y conocidos con orgullo como si el tipo fuese casi un trofeo, ya que éste había regresado de las islas Canarias donde había ido a hacer unas gestiones relacionadas con su trabajo. Así que el novio oficial comió con fruición cuánto se le ofrecía, y cuando terminó anunció que tenía que regresar a su casa.

Como era de esperar Nieves acompañó a su pareja hasta el portal de la escalera, pero en aquella ocasión para su sorpresa Xavi se puso serio y le dijo:

-Mira Nieves. Lo nuestro se ha acabado. En Canarias me he enamorado de una mujer alemana muy inteligente, y me voy a vivir con ella.

Nieves al principio no se lo creyó, mas al ver la resolutiva actitud de Xavi, se sintió totalmente conmocionada. Por un momento creyó que estaba teniendo una pesadilla y que pronto se iba a despertar, pero la realidad se le imponía con toda su crudeza. Su flamente novio en el que había depositado sus expectativas de futuro la había dejado por otra, y de una manera repentina volvía a estar sola.

La chica subió al piso de sus progenitores, y explicó el desaire amoroso que había sufrido. ¿Cómo podía ser que aquel sujeto había tenido la cara dura de cenar como si nada, cuando ya tenía planeado dejar a la niña tirada en la cuneta como si de una colilla se tratara? - se preguntaban asombrados sus padres- ¡Valiente sinvergüenza!

En poco tiempo aquel incidente trascendió a familiares y demás gente. Y Nieves cayó en un estado postración. Apenas comía y tenía insomnio, por lo que a menudo tomaba calmantes para poder conciliar el sueño. Pero lo peor era que cuando sus padres trataban de consolarla o de animarla, la chica se mostraba despiadadamente iracunda con ellos como si éstos tuviesen la culpa de su fracaso sentimental.

Cuando pareció que las aguas empezaron a calmarse; al sentir ella una cierta calma emocional, puesto que todo tiene sus altibajos, su amiga Victoria a quien conocía desde la infancia le propuso de  hacer un viaje de una semana a Londres, y Nieves aceptó. Pensó que tal vez un cambio de ambiente le sentaría bien, y con la distancia el mal sabor de boca que aún tenía de aquella mala experiencia perdería la virulencia que ahora la mortificaba, pero no cayó en la cuenta que aquello no era más que una ilusión ya que ella seguiriá llevando en su interior la herida abierta y sangrante en su espíritu.

Por eso una vez en el Reino Unido Nieves y su amiga Victoria cuando fueron a un PUB conocieron a un hombre joven y rubio de cabeza redonda como un globo, llamado James Talbot que era ingeniero industrial, con quien hicieron amistad enseguida y Nieves ora reía, ora lloraba al contarle al inglés lo que le había sucedido con Xavi, y a James que le importaba un rábano el desngaño amoroso que ella había sufrido resultó que el talante dicharachero de ésta, su expresividad colorista que contratastaba con el sobrio temperamento de su país le hacía gracia y pensó que con la española tal vez se lo pasaría bien.

- Las españolas ser muy simpáticas... - dijo james en un forzado castellano-. Yo una vez ir a Madrid y tener una amiga estupenda que me llevó a ver una corrida de toros...

- ¡Ah, ya, ya! ¡jajaja! Que mono eres - le rió la Nieves.

De repente a Nieves le acometió una idea. Su madre que desde niña le había inculcado un modelo de amor idealizado, romanticón; la necesidad por encima de todo de tener a un varón a su lado sin reparar demasiado con su manera de ser. En función de un sistema mercantilista que siempre ha imperado en la sociedad, importaba más que nada que el novio fuera económicamente solvente para el bienestar familiar aunque personalmente fuese un necio, o un loco. Por tanto la joven creyó que un clavo saca a otro clavo. ¿Iba a ser ella menos que sus amigas, que su hermana mayor que tenían un novio formal? De ninguna manera.

Entonces Nieves besó en la boca al inglés y él dijo con mucha convicción puesto que creía que aquella enamoradiza chica era un regalo del cielo.

-Yo ir otra vez a España. A Barcelona concretamente para verte a ti. Pero por favor, sin toros.

¡Huy, pobrecito mío! Tú sí que eres bueno y cariñoso. Ven cuando quieras. Ya verás como te gusta mi familia - respondió la chica.

 


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