EN MEDIO DEL MIEDO... ME GUSTÓ

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Cada vez que me preguntan “¿te animas a algo diferente?”, es para ponerse a temblar… a veces de miedo, pero otras veces de emoción.   Porque ese “algo diferente” que te proponen puede ser algo inusual… algo peligroso...

Cuando te reúnes con tantos hombres diferentes una termina viendo varias cosas… pero quizás no tantas.  Una es adulta pero no lo ha visto todo. 

Por eso, cuando José Carlos me dijo si me animaba a una “travesura diferente” le dije que sí, ¿qué podía salir mal?

Llegué al depa no parecía ver nada raro.  Saludos, besitos tan pronto se cerró la puerta y caminando abrazados a la sala.

- “Ven, siéntate acá mi amor” 

El sofá era grande.  Pero sólo entonces empecé a ver “cosas raras”:  había unas sábanas que nada tenían que hacer en la sala y una botella grandota de vodka, con varios vasos… muchos vasos… por lo que recién me di cuenta que la “acción” iba a ser allí mismo.  “Adiós a la cama, espero que el sofá esté suave...”

- “Claro papi, con gusto”

 Me quedé muy apretadita muy cerca para que me abrace y todo, con una sonrisa congelada en los labios, esperando me diga cual era el misterio.   Pero él se me quedó mirando con una expresión tonta. 

- Papi ¿qué sucede?  Yo ya me ponía nerviosa. 

- “Es que tengo algo para ti, pero cierra los ojos.”

 Entonces yo me quedé quieta, pero temblando, con los ojos apretados y pensando porque se iba por las ramas… hasta que sentí una tela suave entre las manos… demasiado suave:  era una venda!

- “¿Y esto?, ¿un antifaz?. ¡Voy a ser Gatúbela!”

- “No mi amor, no es un antifaz, tu tranquila”.

 Entonces me la ató a mi cabeza, ajustaba tanto que no podía ni pensar, y mucho menos ver. 

- “Ji ji ji… que miedo papi, ya me puse nerviosa, ¿que quieres hacerme?”.

- “Tu tranqui bebita…”   

 

Eso ya me lo dijo susurrando y solo entonces empezó a besarme los labios y a sentir sus manos frías apretándome las piernas y rasgando mis panties debajo de la falda.  Luego sentía como me la iba sacando… lentamente… nerviosamente… aún con los zapatos puestos.  La blusa, el bra y mi trucita le siguieron poco después.   Pero había algo raro…  

 Muy raro…. 

 … es que empecé a sentir más de dos manos mis piernas y más de una lengua en mis boobies!

 No estuve así mucho tiempo, porque me pusieron de espaldas para hacerles oral más cómoda.  No se cuentos fueron: si 2 o 3, pero no eran juntos sino que se hacía turnos y no me daba cuenta nunca.  Me daban vuelta y era por delante… o encima… me daban otra vuelta y era en doggie, o misionerita.

 Así... echadita en el sofá... fue que uno de ellos se vino una vez y acababa de limpiarme cuando el otro se vino encima del pecho y ya tenía la “crema” de los dos mezclada entre mis boobies y mis dedos.  No sé en qué momento se tomaban el vodka porque el olor de alcohol me mareaba y me lo esparcían en mi vientre y me masajeaban las piernas con él.  Después que se vinieron como unas dos veces acabó la ronda de los “turnos” para que me cogieran los “dos” al mismo tiempo.   

Por un rato me dio medio, a que me vayan a hacer algo raro.  ¡No sabía realmente cuantos hombres había en la sala!

Cuando me estaban dando duro dos de ellos, fue que se me cayó la venda por un ratito pero todavía me ajustaba a la luz que había en la habitación y me la volvieron a poner muy ajustada. 

 - “Ya pues papi… ¿por qué me la ponen?  dueleee”

A esas alturas del partido ya solo escuchaba gruñidos y jadeos… y una que otra palabrota, pero nada más.  Ya estaban descontrolados. 

¡Y me dieron duro!  Me recostaron boca abajo sobre los almohadones así que ya estaba en doggie, y con firmeza me inmovilizaron los brazos y con mi cara enterrada en un conjín, para darme por la cola.  No dolía más de lo normal…. pero la tensión de no saber cuándo iba a acabar todo me daba placer!!!  

En medio del miedo que tenía esa tarde me gustó...confieso que me gustó.   Hasta ese momento ni tiempo para quitarme el brassiere, todo empapado de sudor y de lo que me echaron sobre el pecho.  Pero me lo sacaron rompiendo uno de los broches.  Ya no importaba, solo querían dejar todo lo suyo dentro de mi cola. 

 Cuando terminaron me cargaron hasta la habitación para dormir un rato, porque solo en la cama entrábamos todos. No sé cuántos fueron porque al despertarme solo estaba José Carlos. 

Chico malo… hasta hoy no me dice cuántos fueron  ;-)


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