Yo te cuidaré de las brujas

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I

Desde el vientre se reveló la grandeza de su ser, sobrevivió a medio centenar de artimañas abortivas inducidas por una abuela que lo maldecía… su madre había conseguido ocultarlo durante algún tiempo, pero los desmayos la delataron. Sintió un amor profundo por él desde la primera interrupción de los sangrados, era fruto de un  amor prohibido que le había entrado por los poros y se le impregnó en los recovecos del corazón… con un hombre casado y pobre, una vergüenza pública.

No sabemos cuándo nació, porque su solo recuerdo inspira rechazo; su nombre fue borrado, al igual que el de algunos faraones poco celebres. Fue suprimido de la historia oficial, aquellos libros donde era mencionado se echaron al fondo del mar... los que lo hicieron intentaron opacarlo, sin saber que su argucia acrecentaba el misterio, ahora todo lo que conocemos es a través de los dimes y diretes transmitidos por generaciones.

Las leyendas lo describen como un hombre de mediana estatura que padecía sustos nocturnos, dicen que  cuando aún mamaba una bruja intentó robarlo de la cuna, pese a las tijeras abiertas que colocó su madre bajo la almohada, desde entonces dormía con estampitas de santos  pegadas en el techo de la recamara, para que ellos lo vigilaran y le cuidaran el sueño, también bebía agua bendita de San Ignacio, para ahuyentar a los malos espíritus.

Frente a los demás era un ser amable y pacífico, solo sus cercanos sabían, en secreto, cuanto gustaba de la guerra, se diría que demasiado; sus experimentos con pólvora eran celebres por el estallido constante de los corrales de gallinas... la pasión por la  guerra se fraguó y fue nutriéndose por el rechazo de los niños en el patio de la escuela, cogían sus juguetitos y los echaban al lodo, quizá envidiosos por los uniformes de telas importadas que utilizó desde siempre.

Entonces trajeron a los mejores maestros de Europa para enseñarlo en casa, su abuelo decretó que no debía pasar por humillaciones públicas, a los siete años dominaba ocho lenguas distintas… así fue hasta que ingresó al colegio militar para la formación superior. Era de sobra conocido el entramado de relaciones ocultas que manejaba el abuelo, por eso nadie se sorprendió cuando el nieto salió graduado como capitán. El presidente en turno, acomodado por compadrazgos y amistades del abuelo vino en persona a estrechar la mano del muchacho, en el fondo sabía que venía a conocer a su sucesor de una forma diplomática. La fotografía del encuentro se expuso en la plaza de armas para que su rostro empezara a ser familiar.

Tres meses después, cuando se instaló en el palacio decretó que la ciudad se amurallara por completo y emprendió su primera campaña para separarla del país al que pertenecía, fue un proceso que tardó más en redactarse que aprobarse. Aquellos que no eran originarios de la ciudad fueron expulsados definitivamente, sus tierras y propiedades expropiadas para ser parte de los que no tuvieran un hogar, los prestamistas adinerados no tuvieron oportunidad ante sus ojos, fueron desnudados y paseados en la plaza pública, para pagar con vergüenza el enriquecimiento ilícito, los delincuentes huyeron ante la persecución exhaustiva de su ejército tecnológico, ahí donde se escondían eran descubiertos y exterminados –a los droides no pueden condicionarlos, además son incorruptibles- decía con la soberbia propia de quien tiene la razón. Las visitas de organizaciones mundiales empezaron a ser menos frecuentes, una palmada en la espalda de los consultores era suficiente para que quedara constancia de los niveles extremos  de felicidad en la población.

La comunidad prosperaba a pasos agigantados y su imperio empezó a expandirse, pronto sus dominios salieron de las murallas y conquistó toda la nación, después el continente, curtiendo su alma al frente de las tropas, con sacrificio y aplomo. No había pasado un año al mando cuando cruzó el océano y derrumbó el imperio Euroasiático en veintidós horas, sin tregua y sin revancha. Contaba apenas con veinticuatro años.

 

II

Fue herido por un arma de plasma cuando regresaba a casa, estuvo a punto de caer del barco en medio de una tormenta inconmovible; el capitán decidió tirar al mar la catedral de Barcelona, para aligerar el peso y volver más rápido…. la noticia corrió por todo el mundo, sus más fieles seguidores lloraban en las plazas principales, algunos se quitaron la vida cuando supieron que estaba a punto de morir, querían adelantarse para prepararle un lugar suntuoso en el más allá, pero su sed de victoria lo dejó en el más acá.

El país estaba a punto de colapsar cuando se conoció que había despertado de su letargo, entonces todo tomó su curso natural y la tranquilidad regresó, él fue sanando poco a poco bajo los cuidados intensivos de su madre: lo acostaba en el piso y lo volteaba al derecho y al revés, como si estuviese preparando un pescado para la comida… lo bañaba y le ponía hojas de higuerilla en el estómago, para aliviarle las calenturas. Alcanzó a verlo en pie antes de morir un viernes veintitrés de noviembre mientras dormía; por eso el veintitrés no existía en nuestra numeración…

Tuvo que aprender a curarse por sí mismo, bajaba a los manantiales a media madrugada, para que nadie viera su torso quemado y cocido en sus propios jugos. Una noche de primavera encontró a la hija de uno de sus sirvientes bañándose a la luz de la luna y su espíritu se cimbró, no tenía que preguntárselo porque ya lo sabía: había descubierto el amor. La cortejó como el mejor de los pretendientes, mandó hacerse ropas de algodón para ser más puro ante sus ojos y pasaba largo rato afeitándose, para verse más amigable; se perfumaba con agua de lavanda y partía a pie, sin guardia, con el tiempo ella le quitó el miedo a la vida, y lo convenció para olvidarse de la guerra.

Se enamoró de sus visitas clandestinas anunciadas con una piedrita en la ventana, de las muestras de ternura que podía dar un hombre tan mitificado, se impresionaba por su sencillez, su excelente sentido del humor y sus detalles sinceros; ella misma no podía explicarlo, pero se había encantado incluso con sus torpes cualidades como amante… aún lo más importante, siempre se comportó de manera honorable, enamorándola sin sacar ventaja de su posición, como hubiese sido lo más fácil.

Se casaron el primer día del mes séptimo ante su pueblo, su gente, como él les llamaba. Jefes de estado, gobernantes, politiquillos de mierda y lambiscones, todos ellos no fueron invitados, porque hubiesen contaminado el día más feliz de su vida.

Los festejos de la boda duraron treinta días con sus noches, al finalizar declaró a su esposa reina de la nación y por gusto puso la luna a su nombre.

 

 

 

Nota: 

Previamente se había publicado con el nombre de Espíritu Guerrero, sin embargo, necesitaba trabajo, aún hoy…

 


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