Enigma II

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Marcando las curvas, sus brazos sujetándose mutuamente y los movimientos de caderas a la par. Sus cabezas echadas hacia atrás, implorando al cielo que no se acabe. Sus jadeos “puros” y de pleno placer, deberían ser suficientes ruegos pero no, no lo son y ellos mismos saben que arderán en la hoguera. Pero antes, arderán de placer aquí y ahora.

Puestos a pecar, no escatiman ni en tiempo ni en posturas y siguiendo los antiguos cánones, todo a su alrededor es utilizado para proporcionarse mutuamente placer. Se unen en la silla en la que él pensaba cómo sobrevivir, rato antes. Ella le monta. Él chupa sus pechos lentamente, sus pezones duros son mordisqueados. Él recorre con sus dedos su espalda que arquea con gran flexibilidad inclinándose hacia atrás, dando una visión de abandono celestial. Ella apoya sus descalzos pies en las barras que unen las patas de la silla y así, poder controlar sus movimientos. Mientras, él le agarra firme sus caderas y empiezan a cabalgar juntos, lentamente, en un claro ritmo a “eses”. Tal es la intensidad que van alcanzando, que ese dulce paseo a caballo se va convirtiendo en trote, y acompañados de dorados destellos terminan a galope. Cabalgan, cabalgan todo lo que quieren y más. No existe nada más que ellos y su deseo. Y como si de fotogramas se tratase, aparecen una cruz, caballos, luz, sangre, fuego, bailes, disparos, una mujer, demonios, ángeles, velas, cáliz…

En esa sagrada estancia sólo se respira deseo y sexo. Puro, sí. Auténtico. Deseado y disfrutado y, si eso les lleva a arder, si eso es lo que enseña la Iglesia, entonces sí, entonces serán dos pecadores sin perdón ni redención, pero para ellos, en ese mismo momento están tocando las puertas del cielo. Y juntos, abren las puertas. 

Abre los ojos. El frío le cala los pies. Y un escalofrío le sube por el cuerpo. Cierra los ojos a modo de despedida y una sonrisa picarona adorna su cara. Se frota suavemente su cuerpo. Se sube el cuello de su abrigo, de nuevo, coge su bolso y se levanta despacio. Y antes de abandonar su banco, su parque, sus farolas se dice: “Sí, todo un acierto la película”.


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