La Flor de Jade Blanco/ Capitulo-1
Por Ente del Ser
Enviado el 05/10/2019, clasificado en Adultos / eróticos
4838 visitas
Uno de esos días en los que la casualidad guía tus pasos, dentro de los grupos en los que participo, algo brillante me llamó la atención. Comencé a observarla cual jaguar de ojos agudos, pues aunque quisiera al entrar a la red, dedicarme a otras cosas, por cuestiones de la vida, siempre, me tropezaba con ella.
Ella se manifestaba en publicaciones inteligentes, sensuales, y en fotos donde mostraba un rostro de misteriosa inocencia. Ese rostro despertaba algo dentro de mí. Siempre escogía esos ángulos perfectos, donde la mirada parecía salir de la pantalla y tocar los intereses más pecadores.
De nombre de ley —representando su carácter especial— se llama "Regla Ruz Fernández". Hasta sus apellidos los aprendí instantáneamente, notando que ya, esto era un interés real. Debido a ello, me propuse conocerla. Para mí, era como una flor: blanca como el jade de la más alta pureza.
Al conocerla mejor —pues logré que respondiera mis educados mensajes privados, los cuales fui tornando más cercanos con el tiempo— supe que era de "Holguín". Siempre he escuchado de hombres expertos en amores a distancia y llenos de experiencias, que ciertas provincias producen deliciosos especímenes femeninos: top models exóticas, étnicas, según su procedencia.
Por ejemplo: "Granma", sitio de mujeres bellas en todo sentido; "Santiago de Cuba", tierra de mulatas bien calientes y de esbeltos cuerpos; "Guantánamo", donde se produce el exquisito chocolate, por lo que no es de extrañar que las negras de allí, sean mentadas en los círculos masculinos por sus diversos encantos. En fin, miles de mitos o realidades de los cuales "Holguín" no escapa, famoso, por sus blancas flores. Hasta Elías cayó bajo la magia del jardín holguinero.
Esta flor, cada día, comenzó a ser más cercana, más próxima… y yo, en sintonia. Nos llegamos a conectar de tal manera, que ya nuestros espíritus querían acercarse. Siempre con respeto de mi parte, como jardinero que cultiva una sutil rosa blanca. Ella solo reía, lo mismo usando stickers, emojis, un “jajaja”, o mientras conversábamos por teléfono.
Se sentía muy bien sobreprotegerla. Parecía disfrutar esa sensación de protección, que en algunas mentes se traduce por dominancia y sumisión. Algunas de esas mentes que solo alguien muy sabio pone en las mujeres. ¿Será el Azar? Esas que despiertan la intuición más temprano que la capacidad masculina de ser padres.
La invité a conocer mis ganas. Tenía algunos ahorros, y conocer Holguín me parecía genial. Tengo un alma de explorador. Ella me aceptó las ganas con una seguridad madura que me despertó aún más los deseos. Cogí mis ahorros, mis deseos, mis ganas y sin debatirme si más jala un culo y un par de tetas que un buey, me embarqué en el tren moderno chino a la menor brevedad.
De solo pensar —libidinosamente, confieso— en lo que haría con la débil flor, se me edificaba una erección colosal. Creo que centímetros nuevos se agregaron como milagro a mí naturaleza... y pensaba, como castigo para ella, si llegara a tener la oportunidad.
Pasaron segundos, minutos, horas, de un viaje que pensé, sería aburrido, pero no. A veces tienes la suerte de que te acompañe alguna desconocida en la oscura y monótona travesía de los transportes del tercer mundo. Y si el gusto mínimo llama, despierta en los involucrados un deseo: entretenerse con una aventura excitante, que al bajar, desaparecerá instantáneamente.
Me tocó una bella jovencita, pero de calles transitadas, que después de una ligera conversación (siempre necesaria para despertar o mantener el deseo) parecía cómplice del mismo pensamiento. Me contó que iba a visitar a su también joven marido, que había caído bajo las garras del presidio.
Es de suponer, que era mujer llena de deseos. Aparte de ser más joven que yo (hombre de 37 años, ella tenía 18) por su experiencia estábamos parejos, pero los años vividos en carne, siempre te da un tin de ventaja...
En la tarde, esa próxima conversación me dejó claro lo que pasaría en la noche, Holguín podía esperar, siempre hay tiempo para un interesante juego en el camino, siempre hay espacio en los estómagos hambrientos para un aperitivo antes de la cena.
Al caer la noche, aprovechando la cobertura de la ventisca producida por el aire acondicionado, se fue acercando sutilmente, como niña que busca el calor del padre. ¿Quién soy yo para negárselo?
Comentarios
COMENTAR









¿Te ha gustado?. Compártelo en las redes sociales