HUMANOID (parte 2 de 6)

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EPISODIO II

EL AMADO DOCTOR JUNTZ

 

–Cuando era niño le pregunté a mi madre qué era el amor –dijo el Dr. Juntz.

El famoso Dr. Julius Von Juntz estaba sentado en un sillón redondo ubicado en medio del plató. Hablaba en forma relajada, contrastando con la imagen frívola que todos tenían de él. El periodista a su derecha estaba anonadado, y miró al público en un intento por entender la situación. El científico se tomó unos segundos para limpiar sus lentes antes de continuar con el discurso:

–Ella me dio un beso en la mejilla y dijo: "El amor es un sentimiento muy profundo, Julius; es querer que el otro esté bien y nos hace capaces de cualquier cosa. Es un poco egoísta; es abrazar con fuerza a una persona con miedo a dejarla ir. Amor es lo que yo siento por ti".

Todos en el canal quedaron en silencio; todos, incluso quienes lo miraban desde sus casas, sintieron una repentina empatía por el erudito. De pronto su rostro esbozó una nostálgica sonrisa que puso una lágrima en los ojos de más de una madre emocionada.

–Discúlpeme, Dr Juntz –dijo el periodista–; es muy tierna la historia que nos acaba de contar, pero no logro entender a qué apunta. Le pregunté acerca de la invención del dispositivo CID.

El científico se acomodó en el sillón poniendo una pierna sobre la otra; satisfecho con el modo en que se iba desarrollando la entrevista.

–Lo que mi madre hizo no fue otra cosa que codificar la concepción que tenemos del amor. Fue una definición imprecisa, y hasta cometió el error de definirla utilizando la palabra "querer", que es casi un sinónimo; pero el punto es que el concepto es definible y respondió a mi pregunta.

La historia de la madre del Dr. Juntz era tan falsa como la manzana que golpeó a Isaac Newton en la cabeza, pero a veces las anécdotas simplifican la explicación de un descubrimiento científico, haciéndolo más fácil de entender para el común de la gente. Aquel hombre delgado, de traje impecable y cabellos aplastados contra la cabeza, debió inventarla para poder hablar de su dispositivo y hacerlo ver un poco más “humano”.

–El cerebro es como un disco rígido –continuó el Dr. Juntz–, pero está codificado en un modo diferente al de los ordenadores. El hombre es complejo, pero no es infinito. La superficie de nuestros cerebros es finita y, por lo tanto, todo lo que pensamos puede ser expresado con proposiciones de un número n de palabras. Eso es lo que hice; durante siete años codifiqué todos los sentimientos y pensamientos humanos de modo que una computadora los pueda entender. Luego diseñé la red sensorial interna que expresa a los impulsos neuronales en código binario y los envía al dispositivo CID ubicado en la apófisis mastoides.

En la audiencia, al igual que en las calles, una de cada diez personas ya tenía instalado el dispositivo CID. Se trataba de un pequeño aparato que se instalaba en el hueso temporal, detrás de la oreja. Tenía conexión satelital a internet, un puerto USB y una luz azul que titilaba cuando se estaba utilizando. Al principio, las personas que lo tenían se lo cubrían con el cabello, pero cuando su uso se hizo masivo comenzaron a mostrarlo con orgullo. En pocos años, la humanidad no habría podido imaginar la vida sin aquel dispositivo.

 

 

CONTINÚA EN LA TERCERA PARTE...

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