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A Héctor lo conocí en una de tantas apps de citas, ya sabes juzgas por el aspecto o por l que escribe en su descripción, con muchos chicos seguí la plática con otros no tanto, pero quien destaco entre todos fue Héctor, no sé si fue el clic que hicimos con la plática, pero un día antes de la cita no podía dormir, fueron unas dos tres citas.

El punto fue que me invito a su casa, la primera vez que estuvimos en su habitación no ocurrió nada más que besos, pero ambos queríamos más, no quería ir tan rápido pues como mencione me llamo mucho la atención.

En los mensajes que nos enviábamos fantaseábamos con la idea de algún día poder quedarme un día en su casa, yo pensé que ese día jamás llegaría, pero llego y fue de la manera más improvista, pues su familia no estaría en casa.

La ocasión se prestó y las ganas eran demasiadas, tanto que solo entre a su casa y nos comenzamos a besar, que bueno que estaba preparado para la guerra si no, nos hubiéramos tenido que aguantar.

Mientras estábamos de beso a beso, me sugirió que nos metiéramos a bañar, acepte y te juro que eso no lo voy a olvidar.

Me desvistió, primero mi playera salió volando después el bralette, ya para este punto de verdad que ya no podía más sentía hasta las mejillas calientes, le desabroché la camisa el pantalón, y en ese momento me dijo que esperara que fuera a buscar unas toallas y me fui metiendo a la ducha. Cuando el también entro nos solo estaba mojada del cuerpo, sino también del monte de venus. Sentí recorrer sus dedos fríos en mi espalda y me estremecí, me di la vuelta para besarlo y comenzar a masturbarlo, no sé si era parte de la excitación, pero ambos temblábamos. Me dijo que para y se sentó en el suelo, y me dijo que solo me acercara, muy lentamente comenzó a besarme el botoncito, sentía que las malditas piernas no me soportaban, trataba de no hacer ruido de no que casi no se escucharan mis gemidos, pero fue imposible, porque su lengua iba y venía, esto me calentó mucho más de lo que ya lo estaba.

Como en las conversaciones cachondas que teníamos, cumplí mi promesa de bañarlo, así que me senté en sus piernas y solo mi cabeza estaba la idea de que ya lo quería tener dentro, ciertamente la posición en que nos encontrábamos era demasiado cómoda y satisfactoria para ambos, es ambos quedábamos cara a cara, en mis intentos de bañarlos procuraba no moverme pues a su amigo lo tenía entre las piernas mas no adentro, ya terminamos la dulce tortura.

Pronto les contare que paso esa noche por que en verdad fue una noche deliciosa.


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