Mi nuevo ginecólogo

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Ya se jubiló mi ginecólogo. Siempre había ido al mismo. Su mujer hacía de enfermera en las revisiones y yo siempre había estado muy tranquila con él, no me daba ningún corte.

Él recomendó uno nuevo y en la siguiente revisión llevé a mi marido de acompañante. Al entrar en su despacho vi a un hombre de algo más de 40 años, muy atractivo, vestido con una bata blanca. Después de preguntarme algunos datos, pasé a la sala donde se encuentra la camilla, con el ecógrafo vaginal, y el ordenador, la enfermera me pidió que me sacara la ropa, esperara tumbada en ella y se marchó.

Jamás había visto un médico tan guapo. No por ser alto, rubio y con unos ojos que te miraban como si te estuvieran adorando, que lo hacía, sino por su sonrisa, radiante, encantadora.

Me sentía algo turbada allí, sola, desnuda y espatarrada, esperándole.

Empecé a pensar en si alguna vez se habría liado con una paciente, las cosas que debía hacer en la cama, cómo empujaría su verga en el cuerpo de una mujer... y ya noté contracciones en mi vagina, humedad en ella y una sensación de calor incontrolable.

Para mayor vergüenza entró en ese momento.

Nuestros ojos se encontraron en una primera mirada y luego me pegó un repaso de punta a punta. Desde mis pechos, pasando por mi vientre y resbalando su mirada hacia mi vulva abierta de par en par delante suyo, para terminar en mis zapatos de tacón alto de charol sujetos en los estribos.

Solo me faltaba eso. 

Cogió un taburete y se sentó con su cara enfrente de mi sexualidad para comprobar el aspecto externo de la misma, luego para insertar el espéculo y finalmente con un dedo hurgó en giros por toda ella comprobando posibles alteraciones.

Yo no podía disimular mi calentón. La humedad exudaba por ahí como si me estuviera masturbando.

Me empezó a preguntar si tenía relaciones sexuales satisfactorias con mi marido y con qué frecuencia.

Le conté que hacía tiempo que no nos acostábamos, a lo que respondió que era una lástima desperdiciar tanta exuberancia. Que era una mujer muy hermosa y merecía tantos polvos como pudiera echar.

"Ay doctor, si yo supiera con quién..."

"Puedo presentarme voluntario, si quieres"

Vio mi sorpresa y luego mi sonrisa lujuriosa que asentía.

Y ahí mismo se desabrochó la bragueta y con su verga bien cargada penetró dentro de mí, arremetiendo con ganas mi vagina lubricada. No dejaba de magrear mis pechos y mis pezones tiesos eran pellizcados entre embestida y embestida y por fin pude sentir su lengua ocupando toda mi boca, una locura completa.

"¿Te gusta? ¿Quieres que siga?"

"¡Si doctor, no pare ahora!

Así que entre temblores llegué al orgasmo y me corrí como hacía mucho tiempo que no lo hacía y al poco noté como se corría él también entre gemidos de placer los dos.

Terminamos y un beso cálido de despedida dio el punto final a la revisión.

"Vuelve cuando lo necesites" me dijo al salir, guiñándome un ojo. Volvería, seguro.

Al volver al despacho mi marido me preguntó que si me pasaba algo, que habíamos tardado mucho...

"No, solo es que era la primera visita"... contesté con una inocente mirada. Y pensé "a ti te lo voy a contar..."


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