Serie EvA - Lorena -

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Lorena está feliz con su relativamente nuevo trabajo. Cerca de la Puerta de Toledo, a pocas paradas del Metro de su casa y lo más importante... las vistas de Madrid desde su despacho en el último piso del antiguo edificio son impagables, todo un lujo.

Suele llegar muy temprano para ver salir el sol desde el horizonte. Se queda mirando por la pequeña ventana el disco anaranjado que al elevarse va iluminando aquella parte de la ciudad y sus rayos le infunden paz y seguridad. Por nada del mundo cambiaría ahora su trabajo.

Tuvo un mal momento cuando intentó volver a trabajar. Su marido Jorge pensaba que lo mejor era que continuara cuidando de la familia; las dos niñas aunque ya se movían solas para ir a clase, todavía iban a comer a casa y en plena adolescencia, necesitaban supervisión extra. Él trabajaba hasta tarde y se ganaba bien la vida. Pero tras mucho insistir, argumentar y algunas disputas un poco subidas de tono, consiguió convencerle.

No le costó mucho contactar con una antigua amiga de la Universidad y conseguir un trabajo en su misma empresa.

—Lorena, ¿cómo te sienta trabajar de nuevo? —Le pregunta su amiga Merche, contenta de tenerla otra vez a su lado.

—Es una maravilla. Desconectar de los actos cotidianos, de las minucias del día a día... me siento una mujer de nuevo.

—Ahora sólo te falta un poco de animación espiritual, —ríe Merche.

—¿Qué quieres decir?

—Mujer, lo normal. Me refiero a tener un amigo, sin complicaciones. Lo mejor es que también esté casado, bien casado, así no surgen los típicos problemas ya que ambos sabéis a lo que vais.

—Ah, no! Ya tengo bastantes obligaciones, jajaja! —y continúa —además, Jorge y yo estamos bien.

—Bueno, no se trata de estar o no estar bien. Se trata de disfrutar un poco por tu cuenta.

—Merche, ¿es que tú... ? 

—Claro, tonta. Yo tengo un amigo especial, divino, pero cada uno tiene su vida.

 

Ahora, Lorena lleva unos meses en una especie de idilio  romántico con un hombre que trabaja en el gabinete de la calle de enfrente. Se conocieron tomando café en el bar que les quedaba más cercano a sus trabajos y a lo tonto, fueron intimando hasta quedar. En las primeras citas, sólo hablaron. Pero finalmente su deseo pudo más. Él, está casado también, claro, así que llegaron a un acuerdo para citarse al mediodía en un pequeño hostal de la misma calle.

 

Mensajes de wassap:

Ella: —Hola bombón. He dormido tan bien después de lo de ayer.

Él: —Buenos días. ¿Nos vemos a media mañana, cariñito?

Ella: "carita sonriente" —Lo intento, ya sabes que no siempre puedo.

Él: —¿Reservo hora de una a tres?

Ella: —De acuerdooo, ya me las arreglaré.

Él: —Un beso.

Ella: — Besos, muy adentro de la boca.

 

Lorena pasa la mañana ideando la mejor forma de escapar a media jornada laboral. La sensatez ha desparecido de su cabeza. Sólo puede pensar en el  placer que le hace sentir ese hombre, cómo surge la pasión entre sus brazos...

 

El deseo agudiza la mente. Ya os podéis imaginar que lo consiguió.

 

 

 

 


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