La cita

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Y por fin llegó el ansiado día. Después de varias semanas hablando, viéndole furtivamente en el coche y haciendo que mi deseo porque me hiciera suya fuera in crescendo por día, llegó mi esperada cita. Sonó mi teléfono para decirme que estaba llegando y acudí rápidamente hacia mi ventana y allí estaba. Con su pelo castaño, ojos marrones y un cuerpo esbelto, caminaba con paso decidido hacia mi casa, donde yo experimentaba una sensación de nervios y placer de forma simultánea. Sonó el timbre, abrí la puerta y allí estaba él, mi esperado encuentro, mi momento, mis bragas húmedas.

Se sentó en el sofá, me senté a su lado, nos miramos, mantuvimos una breve conversación y decidí romper el hielo con un beso, un beso de esos, que sabe a deseo y que te eriza todos los vellos de la piel. Me tocaba tembloroso, con sus manos grandes y dedos largos, me iba despojando de mi ropa hasta dejarme completamente desnuda ante él, situación que me excitaba bastante. Yo estaba en el sofá sentada, él me miraba con deseo y se arrodilló ante mí, quedando su cara a la altura de mi sexo - devóralo, todo tuyo -, me separó las piernas y se acercó lentamente, contemplándolo como si fuera un preciado tesoro, besando la parte interior de mis muslos, cerré los ojos para dejarme llevar por ese momento, sentía como inhalaba mi aroma, deseaba que acariciara mi sexo con su lengua, así que le hice entrega de él acercándoselo a su boca - ¡madre mía, que boca! -. Su lengua se paseaba por mis labios y lamió la hendidura de camino hacia mi clítoris, mientras que yo lo agarraba suavemente de su cabeza para que no se desviara del camino y siguiera transportándome al maravilloso mundo del placer sexual.

Mi cita seguía hambrienta, y mientras seguía surcando con su lengua por todo mi sexo pasó a introducir lentamente sus dedos índice y corazón dentro de mí vagina, lo que hizo que me estremeciera de placer y lo agarrara más fuerte del pelo - voy a explotar -. Contoneo mis caderas con movimientos circulares, su lengua acelera el ritmo, sabe que mi momento se acerca, no quiero parar, él tampoco, está hambriento, le digo entre jadeos que voy a correrme, su cabeza responde afirmativamente sin alejar su lengua de mi sexo y...me corro en su boca, se lo doy todo, mi cuerpo tiembla, aprieto mis rodillas contra su cara, lo separo de mi, aún noto su respiración en mi sexo, jadeos, calor, pierdo la consciencia de mi misma...y luego quiero más. Todavía exhausta, le suplico que me regale otro, que lo vuelva a saborear, que se pierda por mi clítoris – por favor, lo necesito – Él accede, y nuevamente vuelve a introducir su lengua en mi clítoris mojado, hinchado y duro para volver a estallar en su boca, me encanta, me encanta, me encanta - ¿dónde estoy? -.

Nos besamos, me encanta su boca con sabor a mí, se pone de pie y me coge en brazos a horcajadas. Aunque estoy recobrando el aliento tras los dos orgasmos que mi cita me ha regalado, le digo que se recueste en el sofá, le desabrocho el cinturón y le quito los pantalones - mirada ansiosa -. Debajo de su ropa interior se oculta su miembro excitado y decido acariciarlo. Está muy duro, deseando que lo liberen, así que decido despojarlo de los calzoncillos. Lo tengo desnudo ante mí, para mí y sólo para mi, no se por donde empezar, él está nervioso, me acerco a él e intento apaciguarlo pasándole mi lengua por el lóbulo de su oreja - que rica está, él entero está rico -. Le cojo sus manos y las coloco sobre mis pequeños pechos, gesto que hace que mis pezones se endurezcan y me ponga muy cachonda, vuelvo a estar húmeda - mi cita está causando estragos en mí -, así que decido agarrar bien fuerte su miembro con mi mano, con los dedos acaricio su glande húmedo suavemente, para después agarrarlo bien fuerte y seguir tocándolo. Lo rozo con mis pezones – mmmmm, que bueno –
y después lo acerco a mi sexo para rozarlo con mi clítoris, sigo excitada, con ganas de más y mi cita me observa con una cara de deseo que hace que me ruborice a la vez que me excite más aún. Sin decirle nada, introduzco su miembro duro dentro de mi, solo una vez, necesito sentirlo, me encanta. Y a mi cita también.

Mi cita de pelo castaño me observa con una mirada de ojos marrones impaciente, se lo que quiere y decido acercar mi boca a su pene para comérmelo. Él se hunde en un quejido ahogado de placer, me encanta ver como le gusta que se lo chupe, le paso mi dedo por la hendidura de sus testículos y mientras sigo lamiendo su gran miembro lo acaricio de arriba a abajo. Desde abajo lo contemplo, está muy excitado, cosa que me pone bastante, pero de repente él decide levantarse y colocarme sentada en el sofá. Le gusta mandar, y a mi que me ordenen. Se pone de pie ante mi y me introduce su pene en mi boca mientras me agarra del pelo y yo con mis manos le aprieto su maravilloso culo, él embiste con más fuerza en mi boca, la introduce hasta el fondo de mi garganta, me encanta, le encanta, nos encanta...queremos más, así que él decide que ya es hora de darme lo que merezco y me pide que me ponga a cuatro patas en el reposabrazos del sofá. Sin pensarlo, accedo a la petición de mi cita y ahí estoy, a cuatro patas toda para él, esperando a recibir mi regalo. Le cojo la mano y se la coloco en mi nalga para que la apriete bien fuerte, como si quisiera arrancarla. Con la otra mano, sujeta mi otra nalga y me abre bien y de repente me penetra bien fuerte, haciendo que emita un leve chillido de placer. Noto como su miembro me llega muy dentro de mi, generándome unos calambres de placer en mi vientre, quiero más, necesito más, le pido que siga y que no pare, me da otra cachetada en el culo bien fuerte, me agarra del pelo, me encanta, estoy muy cachonda - no pares, no pares-.

Le ruego que nos vayamos a mi habitación, a mi cama, mi espacio, él accede. Me vuelve a colocar a cuatro patas para él, me mira, me dice barbaridades que me enloquecen, y vuelve a penetrarme bien fuerte, sin piedad. Acelera el ritmo, anunciando lo que se avecina, así que decido frenarlo para sentarme en la cama e introducir su pene en mi boca. Me dice que se va a correr, y le pido por favor que eche su leche en mi boca - córrete en mi boca, di que sí-. Asombrado por mi petición, asiente a ella y acelera el ritmo en mi boca, yo agarro su miembro bien fuerte a la vez que sigue en mi boca y la recibo ansiosa, caliente, rica y dulce. Mi cita se desmorona exhausto en mi cama, me recuesto a su lado con una sonrisa de oreja a oreja. Placeres de la vida. Fin de la cita.

 

 M. M. 


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