En la calamidad convexa

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EN LA CALAMIDAD CONVEXA

Hace un poco de tiempo, en las cuerdas del aire,
al volcán escucha, fragancias el recuerdo,
donde el bosque desacorde, busca un sueño.

Así que compré un reloj, confiando en su arena,
no cualquiera, solo el que susurró suave,
adaptado a las necesidades rugosas.

Escondido en un simulacro convulso,
confesor de langostas egoístas,
de suma importancia para el viento.

En las estrellas del patio,
se ha perdido un centímetro inquieto,
por los redondos brazos del buque.

Desnudando al triángulo espeso,
del drama las primeras cataratas,
del olvido del agua en la cocina.

Por lo menos, el ímpetu aborígen lo sabría.
práctico, pero muy simple, en la ostentación,
del venado tocando la flauta en fábulas.

Con las orejas tapadas, taimadas, tardías,
con lágrimas de dulce eco, seco,
con cangrejos arrugados y escopetas extintas.

Ya decoran salones de miel en cristales.
al pobre reloj, esclavo del tiempo,
esclavo de la eternidad, esclava de sí.

La cadena herida del agua.
Espera espuelas, espadas y espumas,
y panes con muslos y mandarinas.

Con la miseria y mentiras de fusiles,
aunque giman y lloren los escritorios perdidos,
agitan las setas las sombras del humo.

Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez


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