Me cobraré lo que me hiciste

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Entré a trabajar en una gran empresa junto con tres hombres. Lo normal ahí es que los novatos se junten para tomar café y desayunar. 

Desde el primer momento a, llamémosle Tony, no le gusté. Nunca supe el motivo... y la verdad, ya no me importa. A los otros dos, si, se nota cuando hay feeling entre compañeros y entre nosotros había buen rollo.

Soy una chica llamativa, no lo digo yo, me lo dicen mis amigas y los novios que he tenido. Con curvas suficientes para marear, y no muy alta, por eso siempre voy subida a unos tacones altísimos. Pelirroja natural, con una piel blanca de hermoso tono que en verano alcanza justo un sutil bronceado. 

Al poco de estar ahí, hubo una celebración de cumpleaños, donde corrió el alcohol, y la juerga que se montó quitó el mito a muchos compañeros serios.

Uno de ellos, que llevaba toda la tarde tirándome los tejos, me entregó una nota disimuladamente y al leerla vi que me citaba en el cuarto de la fotocopiadora.

Tony, que pese a ser muy desagradable conmigo, no me quitaba ojo, se percató del movimiento cuando los dos entre disimulos, nos fuimos yendo hacia el lugar de la cita.

Lo de la fotocopia del culo no es un mito. Se puede hacer. Empezamos con eso jugando, nos bajamos la ropa interior y nos fuimos sentando primero él, luego yo, en el cristal. Cuando fueron saliendo las copias nos partíamos de risa y así entre risas y alcohol, acabé empotrada contra un armario mientras me follaba a mi nuevo amigo. Disfrutamos como locos, acariciándonos todo el cuerpo con la avidez del primer encuentro,  mientras nos movíamos con ansia para satisfacernos mutuamente. Acabamos sudados y empapados de fluidos y nos entró urgencia por salir de ahí. Después del polvo, limpiamos el cristal de la máquina y recogimos las fotocopias para destruirlas.

Por mala suerte, una de mi culo quedó en la bandeja.

Si, por supuesto, la encontró Tony.

Al día siguiente, apareció en el tablón de avisos del departamento la fotocopia hurtada, con mi teléfono y con la frase: "Busco pareja para baile sensual, no importa sexo"

Ni qué decir de las llamadas que recibí. Al sonar mi teléfono cuando llamaban los compañeros se dieron cuenta de que era yo. Aunque lo puse en silencio, la voz se corrió por todo el edificio. 

Pasaron meses y pareció que eso se iba olvidando, pero yo sabía quién había sido, y cuando me eligieron de entre los cuatro para dirigir el departamento, supe que el momento de la venganza, que se sirve mejor fría, había llegado.

En la primera reunión en mi despacho, llame a Tony.

Entró y me felicitó por mi ascenso. Ni le miraba cuando me hablaba. Le dije "siéntate". Se calló y se sentó.

Después de tenerlo enfrente sin dirigirle la palabra en un rato, le dije "debajo de mi mesa se ha caído tu informe, dámelo" y el pobre se agachó ante mi y se introdujo debajo de la mesa. Ahí me encontró con mis piernas abiertas y sin bragas. "¿Qué quieres que haga?" preguntó, "¿a ti qué se te ocurre?" fue mi respuesta.

Y lo entendió bien. Se acercó y lentamente fue deslizando su lengua por los labios carnosos de mi sexo, chupándome el clítoris y lamiendo mi vulva con ímpetu, todo para mi placer. Estuvo rato y rato dándole y no lo hacía nada mal; cuando estaba punto de correrme le dije "así, no pares, cabrón" y entre gemidos me corrí deliciosamente.

Cuando se levantó, me preguntó si me había gustado. "Sí, me ha gustado" "Por eso te voy a trasladar a otro departamento y no te despediré. Sé que fuiste tú quien puso la foto de mi culo... Y no quiero volver a ver tu estúpida cara por aquí. Ni en fotocopia." Bye, Tony.

 


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