Me encantas (primera parte)

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Mi amiga, nada más. Eso es lo que es, una amiga con la que pasar el tiempo, con la que estar es sinónimo de disfrutar, con la que nunca faltan las risas y las confidencias.

Supongo que a ella no le pillaría por sorpresa el que yo sienta atracción; no soy el único. Es difícil no sentirse atraído por una mujer así. Y no solamente por su espectacular cuerpo, por su preciosa cara, por sus ojos azules infinitos, sus grandes pechos turgentes y su culo duro trabajado durante toda una vida de deporte. Aún mucho más llamativo que eso es su dulzura, su afán por complacer a los demás y su sonrisa perpetua que regala incondicionalmente.

Viene en 5 minutos. Es la primera vez que quedamos en mi casa. Suena la puerta y al abrir aparece su resplandor que llena el pasillo. Hablamos a voces mientras ella revisa los mensajes de su teléfono en el salón y yo termino de preparar el café. Como siempre me he pasado calentándolo; parece lava.

Una vez que me siento a su lado no puedo evitar mirar su escote, ella se da cuenta pero parece obviarlo. Comienzan las anécdotas y las carcajadas. Cada vez que se inclina hacia a mí se me van los ojos. Es superior a mí, me vuelve loco.

No sé cuántas veces me ha pillado mirando, debería sentirme mal pero parece no importarle, es más, se podría decir que le halaga.

Entre tema y tema siempre hay algún contacto tímido, un roce, una caricia… es normal en nosotros. En un momento determinado, tras una de nuestras confidencias, nos abrazamos, también es frecuente pero esta vez no es igual que siempre. Nos regalamos un largo abrazo que me invita a darle inocentes  besos en el cuello. Con cada beso ella me agarra con más fuerza. Noto su pecho contra el mío, noto su respiración y ella la mía.

Es extraño, no es lo mismo de siempre, ella sin deshacer el abrazo se pone a horcajadas sobre mí. Me empalmo, no puedo hacer nada para evitarlo, sé que lo está notando. Comienza a mover sus caderas balanceándose restregándose contra mi pene. Le clavo los dedos en su espalda y me aprieto contra su sexo. Ella separa mi cabeza y la pone contra sus pechos, empiezo a besarlos, no lleva sostén, solo una fina camiseta que me deja intuir perfectamente su excitación a través de sus pezones.

No hay vuelta atrás; la agarro del culo, me levanto mientras me rodea con sus piernas; nos besamos de camino a la habitación.

Había soñado muchas veces con esta situación, nunca pensé que fuera a suceder.

En la habitación decido disfrutar del momento lo máximo posible. Cojo un cinturón y le ato las manos a la espalda. Le tapo los ojos con un pañuelo. Noto su excitación; se relame y no pronuncia palabra. Quiere esto tanto como yo.

Es hora de jugar. Le quito los zapatos, los calcetines y los pantalones. Me recreo con las vistas. Está buenísima. Solo pienso en las ganas que tengo de terminar de quitarle la ropa y follármela; pero no, voy a hacer que no se le olvide nunca este día.

Me acerco a ella por detrás y muerdo su nuca, huelo su perfume, comienzo a tocar sus pechos por encima de su camiseta blanca de licra, los pezones parecen querer salir de ella. Bajo la mano por su abdomen hasta sus muslos, los abro, los acaricio y los aprieto con fuerza mientras junto su espalda contra mi pecho. Sus manos empiezan a buscar mi pene, pero su torpeza debido a la atadura y mi pantalón hace que no consiga atraparlo. Se impacienta, noto su ansia; me gusta, estoy disfrutando.

Me separo y comienzo a jugar con el hilo de su tanga. Comienza a contonear su cuerpo. Su culo es perfecto, parece esculpido. Comienzo a acariciar su sexo ligeramente sin centrarme en él.

La acompaño hasta la cama y la pongo de rodillas en ella. Le quito la camiseta, me las había imaginado millones de veces pero ver esas tetas tan perfectas me hacen tragar saliva varias veces. Me aferro a ellas y comienzo a chupar sus pezones. Las agarro y aprieto con fuerza, su boca se entreabre; esta cachondísima.

Mientras sigo agarrando sus enormes tetas, me tumbo y meto mi cabeza entre sus muslos, los lamo y muerdo suavemente, comenzando desde abajo hasta casi su tanga humedecido. Huelo su sexo y le doy un pequeño muerdo, retiro hacia un lado la prenda y observo sus labios brillantes por la humedad; aun no es el momento.

Le quito el tanga y la empujo contra la cama bocabajo. Me desnudo. Me arrodillo al lado de su culo y le pongo la polla en las manos. La agarra fuerte, la palpa, quiere saber a qué se enfrenta. Yo me estremezco, tengo una erección enorme, podría descargar ya.

La agarro de las caderas y le pongo el culo en pompa apoyada en el colchón sobre sus firmes tetas, se deja hacer de todo, está completamente sumisa a mis antojos.

Aprovecho para examinarla nuevamente. Busco algún defecto, pero no lo encuentro. Observo su coño perfectamente rasurado, su excitación hace que ya no sea posible retener su flujo que comienza a recorrer sus muslos. Comienzo a degustarlo con suavidad. Paso la lengua por sus labios carnosos, los abro para introducirme y empaparme de su jugo. Antes de probar su vagina agarro con fuerza sus nalgas abriéndolas un poco más y comienzo a acariciar con la lengua desde su perfecto coño hasta su culo. Noto como se contrae, le sorprende pero le gusta, un gemido la delata.

Es hora de soltar a la bestia. Suelto sus manos y le quito el pañuelo. No duda, resopla, , coge una bocanada de aire y se lanza sobre mi verga metiéndosela en su preciosa boca. Lo da todo, está desbocada, disfruta de cada balanceo; yo mucho más.

Estoy cerca de correrme, la separo y pido que pare. Me aparta violentamente las manos y se agarra con más fuerza a mi polla. No aguanto más. Mi pene se endurece como si fuera una piedra, ella lo nota y acelera el ritmo. Empiezo a notar las contracciones, ella también. Saca mi polla de su boca y clava sus ojos azules en los míos mientras apoya mi glande en su lengua; sigue masturbándome.

Exploto. Mi semen sale a borbotones, llena su boca y resbala por la lengua hasta sus pechos. Ella no vacila, no aparta la mirada y sigue con su cometido. Le excita verme contraer todo mi cuerpo mientras desfallezco.

Respiro 20 segundos mientras ella se sonríe. Le digo que esto no ha terminado. Ella lo confirma con su cara cómplice, se levanta y me lleva hasta el baño. Me dice que siempre le ha puesto muy cachonda mi ducha. Que se ha imaginado muchas veces follando contra la mampara.

... 

 

 


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