HeroÏna

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Una punzada de dolor se instalaba en la boca del estómago, el corazón bombardeaba la sangre de una manera frenética, caótica, todos mis extremidades temblaban, tenía la boca seca y sentía la necesidad de resguardar  mis manos en los bolsillos para esconder el nerviosismo que jugueteaba al filo de mis dedos. Tomé una profunda bocanada de aire y por décimo sexta vez rogué por verla estable.

Empuje la puerta sin más preámbulo sintiendo como la rabia junto con la impotencia corrían por mi torrente sanguíneo. Pude evitar todo esto, pude mantenerla a salvo pero preferí no ver la realidad. La misma realidad que a día de hoy me perfora el pecho de una manera brusca, hablamos de esa misma realidad que se estampó contra mi de bruces, sin ningún tipo de consideración. Y ha decir verdad, yo tenía la culpa. Por mucho que intentaba enmendar mi error, ella acabo aquí por mi culpa. 

Mis ojos dieron con Izan. No entendía por que él se hizo cargo de ella, por que renuncio su vida por ella pero en cierto modo me alegro, me alegro de que no estuviera sola cuando su mundo se quebró en mil pedazos. Sus ojos negros dieron con los míos mostrandome lo impotente que se sentía, lo vacío que estaba y la desesperación que sentía por no poder ayudarla. Negó, yo asentí dándole la fuerza que necesitaba pues yo, no estaba dispuesto a dejar que ella se consumiera. 

Cruce el umbral de la puerta y no tuve palabras para describir la imagen que terminó por desgarrarme el alma. Era tan arrebatadora que sentí mi mundo tambalear, pues ella era mi mundo y estaba más que consumido. Su pelo estaba enmarañado, su cara estaba en sus huesos y juro que pude verle la puta clavícula, era como si no hubiera comido en meses, sus labios eran morados y estaba totalmente pálida. El contorno de sus ojos era vació, pues dos manchas moradas les mantenía prisioneros y eso no me gustaba. Mis ojos buscaron con desesperación los suyos, necesitaba ver ese peculiar brillo que me volvía loco, necesitaba ver el mundo que se escondía en ellos.  Sin embargo no ví nada, estaban vacíos, eran dos esferas oscuras huecas y vacías. 

Abrí la boca en un intento de decir algo, cualquier estupidez que relajará el ambiente aunque no fui capaz, las palabras quedaban atascadas en mi garganta y me sentí estúpido. Mis ojos empezaron a picar y mis manos no encontraban la tranquilidad necesaria y temía que mi voz se quebrara en el intento. 

Entonces, no fui capaz de verla venir, pestañee por un segundo y lo próximo que ví fue un cañon en mi frente. Deje de respirar, estaba confundido, aturdido. ¿que diablos estaba pasando? ¿Por que me estaba apuntando con una pistola? Esto debe de ser una jodida broma.

- Marta...

 


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