LOS EXTREMOS SE TOCAN

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Un día de este verano estaba hablando con una amiga en la playa, que había sido enfermera en el Hospital del Mar de Barcelona, la cual se había ofrecido de voluntaria para atender a varios de los heridos que habían ingresado por el atentado del DAES en las Ramblas de mi ciudad en el año 2.017, y ésta me comentó que había leído varios textos de sociólogos y de profesores de Filosofia quienes habían llegado a la conclusión de que la gente común había dejado de pensar.

Y a mi modo de ver este diagnóstico es absolutamente acertado.

 Mi país debido a una rígida Contrareforma iniciada en el lejano año 1.545 en el Concilio de Trento, no se sumó posteriormente al Siglo de las Luces, auspiciada por los pensadores Voltaire, Diderot, D´Ambert, el prusiano Kant y otros. Es decir que el hombre de a pie de calle desde entonces siempre se ha burlado del señor que de repente le da por reflexionar, o por filosofar sobre un concepto, una situación dada como si él no tocara de pies en el suelo. "Piensas demasiado" - se le dice a este señor de un modo despectivo.

En cambio a este hombre común que en muchos casos está animado por una rústica sensibilidd, lo que de verdad le fascina es levantar un altar de sus creencias, que suelen ser de una falsedad exagerada, las cuales pueden ser de una religión, de un ideal, y sobre todo de su patria chica.

Para mi esta subliminación del ideal en la que un sujeto, una colectividad le da un sentido épico y ésta asume el papel de falso héroe, es tanto como dejar de razonar y de adentrarse en el "pensamiento mágico" fabulatorio puesto al día, que es la antesala del fanatismo.

Y esto mismo; este "tsunámi" de un fanatismo nacionalista es lo que está sucediendo en mi lugar de origen, a tenor de un desproporcionado y ciego sentimiento pasional.

¿Que dicha actitud histérica de la ciudadanía se debe a un aberrante descuido financiero del Poder Central hacia mi región en tiempos de crísis económica; o que ésta no tiene suficiente autonomía como desearía? Esto me suena a una excusa práctica para que la gente radical dé rienda suelta a  la rebelión social con su acento épico, y por tanto se abandone la sensatez. Pues a mí se me pusieron los pelos de punta cuando un día en la televisión oí a un hombre que aparentaba ser un sabio que expresaba frívolamente que había que respetar a cualquier fanatismo, que para él era lo mismo que decir idea, ya que esta perversión del lenguaje en el que se tergiversan los conceptos que acompañan a las palabras pueden llevarnos a situaciones indeseables.

Una idea puede ser un cliché mental que puede ser bueno o malo, pero que no tiene nada que ver con el pensar, que es analizar, mirar de cerca a dicha idea, la cual si se aferra obsesivamente a la pasión; al inconsciente humano se convierte en puro fanatismo en el que va implícito el prejuicio hacia el otro; al que no es como yo. Por eso el fantismo nacionalista que se ha implantado en mi comunidad pienso que tiene una raíz de un narcisismo y egoísmo enfermizos, que es fruto de un miedo irracional a perder la identidad; a arriesgarse a ir más allá de su pequeño ámbito existencial.

Es cierto que no todos somos iguales y que cada rincón del planeta tiene su propia manera de ser del que emerge un estilo determinado de gobierno, pero esto debe de aplicarse sin grandilocuencia ni mitología territorial; precisamente porque ahora gracias a los medios de comunicación, y a los adelantos técnicos el mundo se ha hecho más pequeño, y el comercio y las relaciones sociales están completamente interrelacionadas.

Sin embargo las autoridades mitico-nacionalistas de mi región, se han saltado la Ley a la torera que emana de la Constitución del país, por lo que algunos políticos están en la cárcel, y a través del poder de una brutal propaganda han adoctrinado al ciudadano medio, y peór aún a los niños de las escuelas para llevarlos a su causa independentista y revolucionaria de vía estrecha. "Nosotros somos los buenos, y España tan fascita ella, es la mala que nos reprime ¡Somos víctimas del franquismo!" - repiten machaconamente, cuando ésto es totalmente falso-. Y el pueblo, como no tiene nunguna tradición filosófica; o lo que es lo mismo un escaso juício crítico se deja embaucar. Porque caray, eso de razonar no es divertido; no engancha; no hace Historia.

Por tanto la gente se lanza a la calle un modo bárbaro y destroza cuánto sale a su paso, plantando cara al Estado de la Nación.

El fanático nacionalista tampoco matiza. Para él el contexto histórico de una época no cuenta para nada. Pues suele transferir las circunstancias, la problemática social de un lejano ayer al hoy. Así que dicho fanático cree que políticamente Cataluña está igual de reprimida que en 1.714 cuando hubo la Guerra de Secesión, y el rey Felipe V castigó con dureza a la cultura y al idioma catalán a causa de rechazar los barceloneses su reinado en favor del rey de Austria. Claro que en aquel un tiempo viajar era una aventura tremenda. Y para ir de Barcelona a Lérida - una provincia vecina- se iba en una berlina y se tardaba una semana. De manera que la gente no veía mucho mundo y enfatizaban su terruño. En consecuencia el fanático todavía espera vencer al centralismo español.

 

 

 

 


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