Follando con su enemigo

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Yo lo sabía todo. Me había estafado y traicionado. Su exceso de ego no le permitió darse cuenta. Solo es fachada, por dentro está hueco.

Por eso le follo, sin más objetivo que obtener mi satisfacción. Me la debe.

Cuando estoy cachonda, quedamos en su casa y no tengo más que acercarme a él, enseñarle cómo con un par de dedos pellizco mis tetas y babea como un perrito.

Le permito magrearme todo el cuerpo, chupar mis pechos y morder mis pezones hasta que están duros como piedras y yo chorreando... entonces lo tumbo en el sofá, monto encima de su polla tiesa y lo cabalgo con furia, hasta que me corro y lo dejo seco, sin resuello.

Otras veces llego sin avisar, y sentada en una silla, solo tengo que abrirme de piernas delante de él sin bragas para que vea mi chochito caliente...  no tarda ni un minuto en empalmarse y venir a buscarme. El otro día se arrodilló y empezó a lamérmelo con su húmeda lengua mientras con sus manos agarraba mis tetas y las exprimía y pellizcaba. Mmmmmmm... ya empezaba a quemarme por dentro cuando metió un dedo en mi vagina, entrando y saliendo y girando, joder!

Lo hice levantar y me puse a cuatro para que me la metiera desde atrás.

¡Clávamela! Ordené. Y me la metió de golpe hasta el fondo. Gemí de placer y con cada embestida me rozaba el clítoris hinchado, "más, más" le exigía, y yo volvía a gemir loca de gusto. Sus manos me agarraban fuerte las caderas para penetrar más profundo hasta que un intenso orgasmo estalló y al oírme gritar se corrió él también.

No hay que perder de vista al enemigo.


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