La vecina religiosa

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Vivo en un departamento, hay 3 en la planta alta y al centro de ellos una terraza. El departamento del fondo estaba desocupado cuando llegué, meses después llegó alguien a vivir ahí. Pude ver que era una joven de entre 20 a 25 años, de piel trigueña y cabello castaño liso, muy bonita, usaba un vestido largo y holgado, por lo que no pude apreciar su cuerpo. Una semana después se estaba instalando, nuevamente usaba ropa larga y holgada así que seguía sin apreciar su cuerpo. Salí a la terraza y quise platicar con ella pero su actitud fue muy evasiva, solo pude saber que se llama Eva; había una iglesia protestante cerca y ella pertenecía a ella, había llegado de su pueblo para trabajar en el templo. Eso explicaba su vestimenta y nulo maquillaje. Al no ser yo parte de esa comunidad, no le interesaba nada conmigo. Luego de ese día no intenté más hablar con ella, solo nos saludábamos si nos topábamos. Un día la vi salir con ropa más ajustada, si bien era ropa que ocultaba todo su cuerpo, era más ceñida y pude saber que es delgada, pechos medianos, pero lo que me encantó fue que esa falda larga hasta el tobillo le quedaba ajustada y pude notar unas redondas, paraditas y deliciosas nalguitas, en un tamaño perfecto para su complexión. Vaya que estaba más buena de lo que imaginé, pero estaba fuera de mi alcance dada su ideología.

Días después Eva seguía siendo distante, se me antojaban mucho esas nalgas pero dejé de interesarme en eso. Un día al llegar a casa después de hacer ejercicio, estaba ella en la terraza lavando ropa, no se dio cuenta que había llegado y la vi de espalda en el lavadero, usaba un short de licra sin ropa interior, lo supe por que se marcaban deliciosamente sus nalgas y esas delgadas pero torneadas piernas al hacían ver aún más deliciosa, usaba también una blusa de tirantes que cuando se volteó, pude ver sus pezones erectos empujando la tela, además se marcaban sus labios vaginales en ese short, la pata de camello. Al verme se quedó pasmada, yo también al verla así, tan deliciosa e inmediatamente el deseo ardió en mi. Ella se quedó viéndome unos segundos, no a los ojos solamente, venía de correr y usaba una playera sin mangas, mis marcados brazos fueron su foco de atención, noté que me barrió con la mirada, en eso reaccionó y diciendo "Disculpa" corrió a su departamento. No la vi en una semana, no quitaba de mi mente esa imagen tan sensual de ella y ahora esperaba acercarme más a Eva sin importar más. 

Una tarde llegué y su ropa estaba tendida en la terraza, me pareció extraño ya que nunca la tendía. Entonces pude ver su ropa interior colgada, la mayoría eran pantaletas grandes de algodón pero había unas panties de encaje tan sexys. Mi sorpresa fue mayor al ver un par de diminutas tangas, no pude imaginar otra cosa que Eva usando esas panties de encaje y esas tangas, contoneándose para mí así que arranqué una y la llevé conmigo. Esa noche me masturbé con esa pantie frotando mi pene, habría deseado que estuviera impregnada de su aroma, pero no lo estaba. Fueron dos veces que me vine pensando en Eva, en chorrear el semen sobre sus deliciosas nalgas y dentro de su boca mientras me lo chupa. Guardé la pantie por varios días y la usé para lo mismo otras veces. Días después volví a ver su ropa tendida, rápidamente lavé la pantie y la colgué con la demás ropa, pero Eva salió y me vio.

-¿Que haces?

-Emm, estoy regresando esta prenda, por error se fue entre mi ropa la última vez, disculpa.

-¿Seguro que es eso?.

-Si es eso ¿Qué otra cosa podría ser?

-Tal vez que la hayas robado.

-No haría algo así.

-Pues si lo hicieras no me molestaría.

Nunca esperé que dijera lo anterior, me quedé sin palabras. Mientras pasaba esto, ella nuevamente vestía con licra y blusa de tirantes, sin ropa interior, marcándose sus pezones y sus labios. Los segundos pasaban, no sabía que decir, si me la iba a coger dependía de lo que dijera a continuación. Eva me miraba fijamente y al ver que no tenía palabras, rió y me dijo "ven". Entramos a su departamento, me senté y se sentó frente a mi.

-¿Qué piensas de mí?

-Que eres buena persona, además de muy linda y muy sensual.

-Discúlpame si antes fui grosera, la comunidad no permite que hagamos amistad con quienes no pertenecen a ella. Son buenas personas pero me aburren.

-Descuida, lo entiendo.

-¿No soy tan rara verdad? -no dejó que respondiera y continuó- Antes tenía novio, de la comunidad, todo iba bien hasta que pecamos juntos y nos descubrieron ¿Y sabes? me gustó mucho, el pastor dijo que estuve mal pero no me arrepentí, quería más, nos separaron a otras células y desde entonces he estado muy sola. Eres la única persona con quien hablo fuera de la célula, he visto como me miras y sé que robaste mi pantie, seguro has notado como te miro...

Inmediatamente me levanté del sillón y fui sobre ella, la abracé y la besé apasionadamente. Mis manos empezaron a recorrer su cuerpo y me levantó para irnos a la cama. Sin tanto preámbulo se quitó la blusa, dejando sus pechos frente a mí, eran preciosos, medianos y con un pezón café muy claro. Me acerqué a ellos para lamerlos, mordí uno jalando el pezón y Eva gimió pidiendo más. Mientras hacía esto mis manos acariciaban sus nalgas, bajaba el short dejándola desnuda. La arrojé a la cama y abrí sus piernas para contemplar su lampiño coño y lamerlo suavemente, olía delicioso y estaba húmedo, Eva inmediatamente comenzó a gemir más y más. Luego de unos minutos lamiendo, soltó un largo gemido y un grito de placer, se había venido y me impregnó de sus jugos. Acto seguido me desnudé y la puse en 4, ella abrió sus muslos y levantó sus nalgas empinándose suculentamente, ofreciéndome sus nalgas, su culito y su deliciosa vaina que rápidamente penetré. tomarla de la cintura mientras la embestía, darle fuertes nalgadas y escucharla gritar y gemir de placer mientras se movía al compás de las metidas que le daba, fue demasiado, no iba a durar mucho así. Cuando me salí para eyacular sobre sus nalgas, Eva se volteó y empezó a chuparme la verga tan deliciosamente sin dejar escapar una gota de semen, tragándoselo todo. Nos quedamos acostados un rato acariciando nuestros cuerpos.

-Estuvo delicioso.

-Claro que lo estuvo, necesitaba esto. Si no te importa, quisiera que me visitaras más seguido, sin que se enteren en la célula.

Me vestí para irme y antes de salir del cuarto, Eva tomó una de sus panties usadas y me la aventó, diciendo: Luego me la regresas, poniéndomela tú mismo.


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