Lunares Eternos

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Habíamos pedido nuestra segunda copa de cerveza, el escote que formaba su vestido negro con flores me tenía ya cada vez más perdido. Llegó un instante en el que todos los personajes de aquel bar habían desaparecido, la música era casi imperceptible y yo seguía buscando el momento preciso para que no descubriera mis ojos clavados directamente entre medio de sus tetas y sus lunares...

Contactamos a través de una de estas aplicaciones para ligar a la cual das muy poco crédito y que aun la mantienes en el móvil "por si acaso", pues este mismo resultó en un "Hola, bien y tu?"
...me dijo que venía de un tour por Europa y lo finalizaba en España, tres días en Barcelona y tres en Madrid para luego volver a la realidad que nadie quiere retomar luego de un viaje de este estilo, mucho menos si te llevas una follada bien puesta, de aquellas para repetir una y otra vez. La sonrisa que vi en su foto de perfil hecha probablemente hace un par de días atrás, ya me era sugerente y me invitaba a aventurarme: Era ella junto a la torre Eiffel, coqueta y femenina, una mujer que en lo más profundo de su mirada quería decir estoy para ti.

La vi aparecer entre la gente caminando segura y decidida hacia mí. Dos besos y un hola cubierto de un perfume exquisito comenzaban a ponerme en el juego de la seducción, necesitaba comenzar a preparar el terreno para desnudar sus deseos, pretendiendo que se dejara ver frente a mi, sensual y provocativa.

Entramos a un primer bar, un mítico lugar de copas ambientado en un bosque encantado. Se quitó su abrigo y con él mi respiración, la cual difícilmente recuperé para ofrecerle nuestra primera copa juntos. Llevaba un hermoso vestido negro floreado, el cual quedaba ceñido a su figura y sus hermosos pechos, yo estaba loco por mirarla y ella lo sabía, ya estábamos los dos en el juego.

Dedicamos nuestro tiempo a beber y contarnos nuestras cosas, íbamos cazando nuestras miradas en medio de palabras de relativa importancia, esperando aquel momento donde el ruido queda atrás y te quedas abandonado a la tensión del deseo. Sonrió coqueta.

Nos movimos rápidamente a otro bar que ya conocí hace tiempo y de seguro que sería tanto o más de su agrado como el anterior, le abrí la puerta y la invité a entrar. Con las siguientes cervezas llegaron conversaciones que buscaban más complicidad y con ella volvió aquel momento pillándome de imprevisto... ya rendido a la atracción que me generaban sus labios, su cuello y su escote, le cogí suavemente en una caricia que subía desde su mejilla hasta su pelo por detrás de su oreja y mis labios encontraron los suyos en un beso que nos hizo eternos. Nos fundimos mientras nos comíamos la boca, nuestras lenguas se encontraban una y otra vez para volver a perderse y reencontrarse repetidas veces. Sentí que me deseaba, sus labios me buscaron e iban respondiendo a los míos mientras sus manos acariciaban mi rostro. Entonces nuestras miradas cambiaron, sabíamos que nos deseábamos, nos habíamos encontrado y nos merecíamos el uno para el otro. Sin más, planeamos zanjar aquello donde nos conducían nuestros instintos más básicos y nos fuimos.

Llegamos a casa, pasamos directamente a la habitación, dejamos las cosas y pusimos música. Los besos no tardaron en llegar otra vez y nos tocamos sin restricción. Mis manos buscaron sus pechos, aquellos que solo jugaban a provocarme ahora los tenia a mi merced y se los cogí con firmeza mientras su mano recorría mi pantalón y acariciaba mi polla erecta de arriba abajo.

Cayó su vestido y dejó al descubierto su piel y unas braguitas negras que se perdían nada más comenzar a bajar y que hacían de su culo, objeto de mi deseo más carnal. Se sentó en la cama y después de un par de caricias bajó mi ropa interior sin perder mi mirada y agarrándome firme cerró tiernamente sus ojos y me llevó hasta su boca. Saboreaba mi polla con deleite, mientras yo acariciaba su cabeza que iba y venía, su mano también hacía lo suyo y con habilidad me ponía rápidamente con ganas de devorarla yo también. La llevé hacia atrás y sin quitar su minúscula ropa interior la besé desde su ombligo hacia abajo, notaba como se movía de placer y decidí ponerla al límite de la calentura. Mis dedos movieron a un lado la fina ropa negra y mi lengua fue a recorrer sus suaves labios, estaba muy húmeda y disfrutaba rozándola en todas direcciones y noté la textura de su clítoris y también quise jugar con él, no quería dejar de saborearla y así fui preparando una mezcla de saliva y fluidos vaginales, combinación perfecta. Quité la única prenda que le quedaba y luego de besarle su sexo una última vez, la fui a penetrar. La miré esperando pedirme el preservativo, pero su invitación a entrar en ella fue evidente, la acepté y sentí todo el calor de su vagina envolviendo mi polla completamente. Nos derretíamos de placer, cada penetración era caer en el abismo, totalmente atemporal y sin espacio, solo ella y yo, perdidos entre gemidos. Mi mirada perdida en sus tetas y sus lunares se encontraba de tanto en tanto con la de ella que iba de lado a lado. 

Sentí de pronto como me cogía de un brazo y me lanzaba a un lado de la cama para montarme luego de lubricarme con su boca. Subía y bajaba con respiración agitada, moviéndose hacia delante, atrás y en círculo haciendo que su clítoris rozara contra mí mientras que mi polla a punto de explotar se movía dentro de ella y tocaba cada pared...con un gemido intenso y apretando sus rodillas contra mis caderas, dejó ir todos sus fluidos que bajaban por mis testículos hasta la cama mientras disfrutaba intensamente de su orgasmo.

Era mi turno y tenía que tomar posesión de aquel culo exquisito. La puse "en cuatro" e inmediatamente se presentó ante mí totalmente entregada en una figura inimaginable de sus caderas que se continuaban en circunferencia grande y perfecta para acabar en su coño mojado y listo para recibirme otra vez. El sonido de cada embestida quedaba perfectamente acompasado a sus gemidos cada vez mayores. Mis manos, una en su cintura y la otra cogiendo sus cabellos provocaban aquella curvatura a lo largo de su espalda que acentuaba el inicio de su culo, intentaba a su vez recorrerla toda mientras que alguna palmada se escapaba procurando cogerla con más fuerza.

Ella estaba totalmente entregada a sus orgasmos y el calor ardiente ya me invadía con mi incansable entrar y salir en ella, la frecuencia y la intensidad se hacía más fuerte cada vez y, mirando arriba, daba mis últimas embestidas antes de salir y dejar toda mi corrida repartida en su espalda. Nos quedamos extasiados...minutos más tarde volveríamos al juego, mientras tanto la charla, las caricias y los besos nos iban preparando.

Nos despedimos caminando de la mano toda una calle hasta encontrar un taxi, donde nos agradecimos habernos encontrado y yo deseando algún día poder reencontrar sus lunares eternos. 


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