El cuadro

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Enviado el , clasificado en Intriga / suspense
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Un domingo por la mañana mi esposa Verónica y yo estuvimos deambulando por el Rastro. Entre ropas, libros viejos e infinidad de trastos lo descubrimos. Era un cuadro donde se representaba una habitación en la que había una mesa camilla con un mantel de flores. Sobre el mantel se hallaban tres cosas: un prendedor para el pelo, un gatito  de trapo y un peine rosa. De espaldas al espectador, había una niña asomada a un balcón desde el que se veía una colina cubierta de hierba. En la parte posterior del cuadro venia un pequeño rotulo que rezaba “La Huérfana 1928”y una firma ilegible. Verónica, a la que siempre he tenido por una persona de buen gusto, incomprensiblemente se sintió fascinada por la pintura  a pesar de que en él  los colores eran algo chillones y la perspectiva no estaba muy cuidada. Era poco dinero y se lo compramos a un gitano. Le encargamos un marco y quedó ubicado en la salita donde recibíamos a las visitas.

Al poco, pequeños objetos empezaron a desaparecer. Objetos tales como un osito de peluche blanco de mi hija, una fina pulserita de plata de mi esposa, un estuche de lápices de colores que utilizaba para mi trabajo…

Una mañana de compras, Verónica, enfundada en su precioso vestido naranja, recordó no haber cogido los zapatos que debía haber llevado a reparar. Estábamos cerca de casa y ella decidió ir a buscarlos mientras yo acababa las compras. Tardaba demasiado y me alarmé. Fui a buscarla. Su bolso estaba sobre la mesita del recibidor junto a las llaves. La llamé, pero no tuve respuesta. Había desaparecido.

Llamé  a la policía para denunciar los hechos. No había señales de violencia ni pista alguna. Mientras en la salita, los agentes redactaban el informe, descubrí en el cuadro, sobre el mantel florido unos objetos en los que, por lo visto, no había reparado hasta entonces. Me resultaron familiares: un osito blanco, una pulserita de plata y unos lápices de colores. Por un momento me asaltaron unas ideas que, por absurdas, pronto deseché.

Al mes de la desaparición, el cuadro empezó a resultarme molesto. En un arrebato, lo descolgué y lo fui a dejar junto al cubo de basura, entonces descubrí  aquella diminuta figura de mujer vestida de naranja sobre la colina. Hubiera jurado que no estaba en la pintura con anterioridad, pero tal vez estaba equivocado….

La esposa del portero recogió el cuadro con entusiasmo.

 


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