Locura vs cordura. Ulises

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 Dejé de creer en mí mismo desde aquel momento, cuando finalmente entendí que yo no tenía el control de nada. Toda mi vida tuve señales que me lo decía: desde una familia arruinada por adicciones, hasta mí primer asesinato. Los recuerdos que tengo de mi infancia están arruinados con un dolor hecho humedad, que amarillenta las hojas de esta historia y crea un polvo que te cosquillea la nariz y pica la garganta.
Las lágrimas empapan mí rostro, porque por más que intentara de *terminar* de comprender lo que viví por años, la información es tanta, la complejidad es tan profunda, que me causa un agotamiento mental insoportable. Es tal el cansancio que me dan ganas de cerrar mis ojos para siempre... Si es que hay una eternidad.
El amigo de Rudolf se aferró a la idea de que en efecto existe un "por siempre". Pero yo no.
Rafael prefirió acabar con su existencia, no porque buscaba "vivir de verdad", sino porque estaba harto.
"Seamos realistas", le dije una vez a Ulises, "no nos dejemos llevar por una filosofía barata como esa. Hacerlo sería equivalente a burlarnos de la inteligencia de ese hombre. Él se suicidó porque nunca encontró las respuestas a sus preguntas... Y yo tampoco las encontraré". Aquel día sentí por primera vez la fuerza que tenían los puñetazos de Ulises. A día de hoy conservo cicatrices por su culpa. Pero entiendo su enojo. ¿a quién le gustaría que otra persona tirara al suelo su razón para seguir existiendo?
Si hay algo que aprendí, es que la locura por más que la pinten los locos, es dolorosa. Como tragar trozos de vidrio. Porque la sociedad no acepta tus ideales.
No me acepta, cuando es en lo único que puedo creer.
No hay otra cosa que me pueda definir como persona. "Insensatez", fue como el amigo se Rudolf se refirió a este pensar.

Locura una vez me amó en carne propia. Fueron muchas personas con hilos rojos que se enredaron con el mío, y solo uno no se soltó, alcanzando mis venas y cortandolas; causando más cicatrices a éste pobre cuerpo que no puede más. Se llamaba Grecia... O llama. Porque así como "se hizo uno con el viento y con los recuerdos de aquel viejo vasco". Me obligó a conocerla, interesarme por ella, jugar con nuestras filosofías y a estar presente en mi mente. Me terminó de convertir en un devoto de Rudolf, fue mí musa para traer el desorden a esta nación y a arruinar a muchas otras más.
Después de esa conversación, Ulises desapareció del mundo mediático, se escabulló en el centro de la ciudad y unos meses después, Rafael me contactó por el hallazgo de su cuerpo.
Se podría decir que yo lo maté, y aún así, viví por 15 años más como cualquier otro ciudadano, hasta que tomé justicia por mano propia. Fui el juez del crimen que a mis 10 años tendría que haber resuelto. Mí condena, mejor dicho, mi *autocondena* fue resolver el de otros.
Yo quería comprender.
Quería describir.

 


Quería vengar


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