Estudiando en la capital 1

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Me llamo Silvia y vine a estudiar Medicina a la capital.

Llevo solo dos meses en esta ciudad y vivo en una casa compartida con mi hermano Raúl, que estudia Diseño, y un matrimonio que trabaja como profesora Luisa, que tiene 45 años y Carlos de 48 que trabaja de informático.

La casa es terrera, antigua, amplia y tiene patio con jardín y Jacuzzi.

Hoy he conocido a Berta, compañera de clase, y la he invitado a merendar en mi casa, pues nos suspendieron las clases de la tarde.

Mi amiga estaba paseando por la casa mientras yo preparaba la merienda.

Cuando acabé fui a buscarla al patio, y allí estaba tras un seto con la falda subida y acariciándose el coño. Me quedé inmóvil observándola, y al verla se humedeció también el mío, y más al ver que no estábamos solos en la casa, pues Carlos estaba saliendo del jacuzzi, completamente desnudo.

Carlos es corpulento, alto, moreno. Por lo que no es de extrañar la reacción de Berta al verlo.

Mientras Carlos se secaba al sol en una tumbona, Berta se subió las bragas y bajó la falda. Yo regresé para que no me viera.

Llegó al comedor algo sofocada y le pregunté si le ocurría algo, pues no me di por enterada de la escena que acababa de ver.

- No, no, todo bien, la casa me gusta mucho, y el patio es precioso. Me contestó.

Estuvimos bromeando hablando sobre otros compañeros de universidad. Ella llevaba ya dos años y los conocía mejor. Incluso me llegó a decir con quien le gustaría acostarse.

Yo que estaba ya un poco cachonda tras la escena del patio, le dije

- Si tienes calor puedes quitarte la camisa, que estamos en confianza, y yo voy a hacerlo también.

Acto seguido me quité la blusa, y quedé solo con el sujetador, y ella hizo lo mismo.

Berta tiene 21 años y una piel dorada y llevaba un sujetador celeste con transparencias que le resaltaba sus pechos, pequeños pero erguidos. Tiene el pelo corto y unos ojos verdes que encandilan.

Yo tengo 18 años y soy más blanca de piel y mis pechos son grandes, que cubría parcialmente con un sujetador color miel y mi pelo largo castaño.

- Desde que te vi por primera vez en las clases me llamaste la atención, pues tienes un cuerpo muy estilizado, una cara muy bonita, y unas tetas que me gustaría tener yo, me dijo Berta riendo.

- Tu sí que eres guapa, le dije y me levanté y le di un beso en la mejilla. Ella también se levantó y nos abrazamos fuerte, estrujando sus tetas contra las mías, y la besé suavemente en los labios. Le agarré su culo firme pasando mis manos por debajo de su falda.

Mi piel se erizó, y nuevamente noté humedad en mi entrepierna.

En estas entró Carlos, completamente desnudo. No se percató que estábamos, a pesar de nuestras voces y risas, porque llevaba los cascos con su música. Se quitó los cascos, pidió disculpas, y siguió hacia el baño. Dijo que estaría en su habitación y que no nos importunaría más.

Al irse nos tapamos la boca para que no se oyeran nuestras risas.

- Tienes compañero de piso bien dotado, para un apuro no está nada mal, mejor que muchos universitarios, dijo Berta riendo nuevamente.

- Yo es la primera vez que lo veo desnudo, y la verdad que está muy bueno, con ropa no lo había percibido, además que siempre está con su mujer, y te fijas menos, le dije.

- Pero las dos observamos bien su aparato, que ya percibí antes en el patio, dijo Berta con una amplia sonrisa.

- Que zorra eres, te lo tenías callado, le dije también sonriendo.

- Tengo que salir al supermercado para la comida de mañana y pasar a recoger unas fotocopias que encargué de un trabajo para entregar mañana en clase.

- Si quieres vienes conmigo, o esperas aquí, como prefieras le dije

- Mejor me quedo, me contestó Berta.

Estaba Berta sentada en el sofá tomándose un te, y apareció Carlos, con un pantalón corto de deportes, descalzo y sin camisa.

- Discúlpame por la entrada anterior, pensé que estaba solo en la casa, dijo Carlos.

- No importa, somos adultos y esas cosas a veces pasan, y tenemos que verlas con naturalidad, le contestó Berta.

- No nos hemos presentado, yo soy Carlos ¿y tú?, dijo

- Yo soy Berta, una amiga de Silvia, compañera de universidad, le contestó.

Se dieron un beso en la mejilla y un pequeño abrazo.

- Noto que estás un poco tensa, ¿me permites que te ayude con un suave masaje en el cuello?, dijo Carlos.

- Yo encantada, le contestó.

Las manos de Carlos recorrieron su cuello suavemente, notando Berta rápidamente una mejoría.

- Si te sentó bien y quieres, puedo darte un poco más por la espalda, dijo Carlos.

- Por supuesto que sí, pues me sentó divino, le contestó.

La agarró de la mano y la llevó hacia su dormitorio.

- Acuéstate boca abajo, le dijo

Empezó a acariciarle el cuello nuevamente y la espalda. A continuación, le desabrochó el sujetador, y continuó masajeando la espalda.

Después de bordear sus manos por la espalda junto a la falda, la desabrochó y se la quitó, quedando solo con sus braguitas.

Continuó con las piernas, hasta llegar a las ingles, que repasaba al subir y bajar sus manos.

Empezó a masajear sus glúteos, rodando las braguitas, hasta que decidió quitárselas.

- Date la vuelta, para acabar de masajear tu cuerpo, le indicó.

Berta estaba caliente, totalmente expuesta a aquel hombre que antes había visto desnudo, y que ahora recorría su cuerpo con las manos y su mirada.

- No creo que te importe, pues somos adultos, dijo Carlos repitiendo su frase anterior.

- No, no, por supuesto que no, al contrario, te estoy muy agradecido por lo que haces, pues estoy quedando como nueva, dijo Berta.

Carlos acercó su boca a la suya y comenzaron un largo juego de besos, metiéndose la lengua hasta la garganta.

Carlos untó sus manos con otro poco de aceite y comenzó a acariciar los pechos de Berta, globos de color marrón dorado con unos duros pezones que manoseó y pellizcó.

Ya no tuvo reparos en acariciar su pubis con bastante presión. El coño estaba empapado y metió dos de sus largos dedos dentro.

Carlos arrastró a Berta hacia el borde de la cama, puso las piernas en sus hombros y su verga entró en su vagina, suavemente primero y con fuerza después.

- Si, si, fóllame, quiero ese trozo de carne dentro de mi, le dijo Berta gritando.

La polla de Carlos estaba dura como una roca, y entraba y salía del coño de Berta, una y otra vez, mientras ella gemía de satisfacción.

Los chorros de semen regaron su jardín.

- Me corro, gritó Berta.

Carlos acercó su polla cerca de la cara de Berta, que la agarró fuertemente y chupó sin dejar ni una gota de leche.


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