Capitulo 1: Buscando al profesor Buller

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El hombre llamo al timbre por segunda vez. No hubo respuesta. Espero unos segundos más para volver a intentarlo en vano, así que decidió darse por vencido y abandonó el sendero que conducía a la casa de vuelta a su coche. Estaba a punto de subirse cuando escucho un estruendo proveniente del interior de la residencia. Cogió la pistola que guardaba en la guantera del coche y forzó la cerradura para entrar. Lo primero que le sobrevino fue un intenso olor a romero que arrastraba el viento proveniente de las ventanas abiertas; luego su atención se centró en los numerosos objetos que colgaban de las paredes, a cada cual más curioso, y sobretodo, los libros, amontonados en decenas de estanterías por doquier, como si de una biblioteca se tratase.

Intentó determinar de donde procedía aquel ruido que había escuchando momentos atrás, así que camino por las

habitaciones y pasillos de la casa buscando algún indicio de vida en ella. Tras varios minutos de escudriño, se repitió el estruendo, como si alguien hubiera derribado un árbol en el centro de la misma sala. Pudo sentir vibrar la casa entera bajo aquel sonido.

Observando bien la estancia se percató de que debajo de las escaleras que conducían a una segunda planta se hallaba una pequeña puerta que conducía a un sótano. Al bajar las escaleras una humareda de denso polvo lo envolvió haciéndole toser y dificultándole la vision. Casi tropieza al llegar al último escalón sino fuera porque se apoyó en una mesa de metal que más tarde se fijó, era de operaciones.

Con el polvo poco a poco descendiendo de nivel en la atmósfera contemplo la habitación a la que había llegado, en cuyo centro destacaba una enorme roca grisácea y negruzca de tal tamaño que casi rozaba el techo y con varias fracturas horizontales en forma de láminas, cuyos fragmentos se habían cortado y estampado contra el suelo, causando las sacudidas y ruidos que el había alertado. Pero el verdadero causante de toda aquella parafernalia era un hombre de complexión menuda que se situaba junto a la piedra subido con una enorme taladradora en unas escaleras de metal y cubierto su rostro por una máscara de soldadura, ocultando su identidad. Observó al recién llegado con la cabeza ladeada, sin saber si seguir con su oficio o darle la bienvenida. No tardo ni dos segundos en decidirse y continuo cortando la colosal piedra.

-¡Eh!- gritó el visitante. Ante la impasividad del hombre, se acercó, no sin cautela, hacia él con el fin de llamar su atención. -¡¿Le importa?! Me gustaría hablar con usted de un asunto...

El aludido bajo las escaleras aún sujetando la taladradora y se levantó la máscara de soldadura.

-Mas le vale que sea urgente porque esta piedra me lleva esperando una semana para que la corte. Venga hombre, hable ya que se ha tomado la molestia de venir hasta aquí- acto seguido cogió un martillo y un cincel y comenzó a esculpir la piedra, obteniendo los pequeños trozos para analizarlos en el microscopio.

Mientras tanto el hombre había guardado su pistola en la parte de atrás de su pantalón y miraba atónito a la mujer.

-Disculpe, me gustaría hablar con el profesor Buller.

-No está- contestó secamente. Comenzó a moverse de una lado para otro trayendo trastos y frascos de armarios y colocándolos en una larga mesa que se arrinconaba en la pared.

-Bueno podría decirme donde encontrarle, es un asunto urgente.

- Claro, vaya a la comisaría y pregunte por el. Cuando lo sepa venga a verme, yo también tengo un asunto urgente que resolver con él.

-¿Es usted su hija?

-Si que es buen detective- la muchacha hablaba mientras mezclaba componentes desconocidos con las muestras de roca y los miraba con detenimiento.

-¿Cómo sabe que soy detective?

No se molesto en mirarle.

-Llama sólo dos veces y fuerza la entrada cuando hay más de una ventana abierta. Lleva arma y lo único que ha echo desde que ha entrado es hacer preguntas. No hace falta ser detective para deducirlo.-Le dirigió una mirada por encima de sus gafas de pasta acompañada de una media sonrisa y continuo con su trabajo- Insisto, avíseme cuando encuentre a mi padre. Dígale que Deny Buller espera ansiosa su regreso y con el los mil libros que me prometió. Buenas tardes.

-Son las 10 de la mañana.

-¿Le he preguntado yo que hora es?

Notablemente irritado por el comportamiento inusual y poco educado de aquella joven, el detective dejó su tarjeta de contacto encima de la mesa de trabajo de Deny. No esperaba que llamara pero si por algún casual el profesor Buller regresaba sabría que alguien de la jefatura de policía le andaba buscando de nuevo. No se fiaba mucho de aquella mujer pero era lo único que podía hacer por el momento. Se despidió de ella a pesar de su falta de interés y salió por las puerta con más preguntas en la cabeza que cuando había llegado. Nunca había visto a alguien tan joven comportarse así y menos con un desconocido pero en cierto sentido le había impresionado su pequeña muestra de facultad intelectual elevada. Ahora solo tenía dos cosas claras: no cabía duda de que se trataba de la hija del profesor Buller y que ese no sería ni el único ni el último encuentro con ella.


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