CHISPAS DE VIDA (1)

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Él: Son las 7 en punto, y no logro entender por qué estoy haciendo esto, al fin y al cabo es solo una fantasía, lograda sólo para torturar sus diminutos cerebros mientras regalan su dinero, pero la arquitectura me encanta, el estilo gótico de la catedral, sus sinuosas curvas como de doncella pura y sin imperfecciones, solo superad por la magnificencia del fuego que la consumirá en poco tiempo, la reduciré a cenizas apenas este completamente vacía, y me masturbaré con el fuego iluminando mi rostro, falta poco tiempo ...

Ella: Me siento bajo un faro esperando el momento oportuno de mi osadía, mientras entre mis palmas un cigarro pequeño me produce un poco de calor, hace frío; junto mis manos para luego llevarlas a mi boca y soplar aire caliente; a lo que devuelvo mi mano derecha hacia el gabán negro que traía puesto, vi salir de aquel lugar una preciosa figura, no creo en los ángeles, pero ¡Por mis demonios!, éste sería lo más parecido a uno...

 Él: Ya es hora, lo único más pesado que mi ansiedad es este barril de gasolina, quien diría que un joven clérigo sería el torturador de tan bestial monumento, solo inigualable a una sensual figura de gabán negro, junto a aquel faro, que me distrajo al salir de casa, no pude evitar relacionarla con Lilith, la dama de la lujuria y los placeres del inconsciente difamada por estos cerdos, sería un placer poder contemplar su figura una vez más...

 Ella: Me pongo de pie con total elegancia mientras tapo disimuladamente mis piernas con medias de malla, podría verse un poco... ¡Burdo!. Tomo una bocanada de humo de mi fatal cigarro dejando en él marcas de mi colorete y sólo quiero pensar que con mis ojos que iluminan más que el mismo faro que me enceguece, tratando de llamarlo con mi torpe sensualidad. Lo veo bajando las escaleras con algo de dificultad y no logro detallar bien que trae entre sus manos que lo hacen doblar su caminar...

Él: Al fin sola, para mi, mi templo de placer, la prisa es tal que ni me asegure de cerrar, pero no importa, no espero tardar mucho, al menos no como lo hace la imagen de aquella mujer, in sinuosa, demasiado sensual para olvidarle, es como si sus piernas me llamaran en un goce frenético, desearía poder deslizar mis dedos por su piel, para contemplar su arte en vida. Ya está hecho, he vaciado hasta la última gota, !Mierda¡ como se me ha podido olvidar el fuego, estúpido inútil, pero si lo guarde, estoy seguro de ello, ¿eh?, ¿quién anda hay? -

Ella: ¿Quieres confesarte vil pecador? Dije mientras él buscaba el origen del sonido que hice al entrar...
Él: - ¿Tu? ¿acaso me sigues? ¿quieres morir en llamas también?
Ella: -Sólo quise ser parte de esto... ¿Y por qué el morir? Le dije mientras me sentaba en una de las sillas en la parte delantera de la catedral, teniendo la colilla de mi cigarro aún encendida en la mano. ¿Con que fin? ...
Él: para mí solo hay un boleto de ida, es el punto de mi éxtasis, he esperado toda mi miserable vida para esto, si quieres ser parte de esto debes saber que no hay marcha atrás, es la unión con el ser supremo, pero ellos no lo entienden, el orgasmo es la entrada a la gloria suprema e infinita, dime, ¿qué tan profundo has de penetrar en el mundo de la tentación destructiva?
Ella: -Ésta noche buscaba un motivo para vivir entre colillas innumerables de cigarro, me voy a morir achicharrada de todas formas ¿No?, -Crucé mi pierna- Encontraba motivos de vida y la propia muerte fue a quien encontré, así que ¡Ya estoy en esto!- Sonreí malévolamente.

Él: Su delicada voz no podía ir mas en desacuerdo con esa perversidad que emanaba sus ojos al hablar, cerré la puerta, me le acerqué y la tome del cuello, le dije - espero que en el infierno tenga el placer de volver a hacerte esto una vez más - y ella simplemente dejo caer su gabán...

Ella: Lo vi tan severo en su mirar al pronunciar tan vastas palabras. Traía bajo mi gabán nada más que unas medias en malla, los tacones que me declararon al entrar y cada parte de mi cuerpo al desnudo. -Antes de morir debes confesarte, arrodíllate ahora. Señalé al suelo con mis uñas mal pintadas y con voz entre cortada por el escaso aire que llegaba desde mi garganta con su gruesa mano en ella.

Él: Deslicé mi mano por su cuello y en medio de sus senos, como surfeando en un mar de perversión y exquisitez, hasta llegar a su ombligo, mientras me postraba ante su divino cuerpo, luego recorrí su cadera, y puse mis manos en sus nalgas, y le besé allí, como cuando un recién nacido nota por primera vez el seno materno, así me sentía, como un niño inocente que no se preocupa más allá de reír y comer, era el goce perfecto...

Ella: Sentía el placer más banal en su lengua, gemía tanto que se escuchaban más mis gritos que las campanas de la Iglesia a las 5:00 pm anunciando la misa. ¿Como no morir con este hombre?... Detuve cualquier pensamiento y entre gemidos dije: -Al menos, dime tu nombre.
Él: - soy incognoscible, mi nombre es 1 y no es ninguno, para algunos simplemente no soy nadie, para otros todo, los nombres limitan la existencia, solo soy el que beberá de tu sangre, devorándote hasta el alma - le dije mientras su cigarrillo caía y encendía la más hermosa llama que pude apreciar en mi existencia.


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