BUSCABA INSPIRACIÓN.

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Septiembre 23: Esa noche intentaba hacer mi arte sin interrupciones, busqué la inspiración, pero ella escapaba como un ratón enjaulado recién liberado, trataba inútilmente buscar las palabras precisas para comenzar tal escrito, dos líneas mal escritas se anotaban en mi hoja. Sentí tu presencia junto a mí quien tomaba mis hombros tiernamente para masajearlos, después de unos segundos, levantaste mi cabello y besaste mi cuello de una manera lenta que me transportaba al cosmos más lejano, sentí tus manos juguetonas y calientes pasearse libremente por mis senos sin brasier y apretar mis pezones para escuchar mis jadeos que sin duda alguna te excitan, me diste vuelta mirando hacia ti y noté tu amigable erección, no fue hasta que me tomaste de mis caderas para llevarme a la cama que puse sentir mi humedad derramándose entre mis piernas, me trataste con la delicadeza de una flor, tus labios pasaron por entre mis senos, mi abdomen y mis muslos, tu respiración agitada ejercía en mí una erección capilar al mismo tiempo que gemía para liberar mi emoción, las yemas de tus dedos no eran más que marcadores llenos de tinta que se paseaban por todo mi cuerpo, ¡que ambicioso eres! Decía mientras te encargabas de que en mí hubiera más humedad de la que acostumbramos.

Esa noche danzamos al sonido de la luna y el reflejo de la misma, esa noche fue la primera vez que hice el amor, que me hiciste la vida. -¡Ruégame que te penetre! Me decías mientras mi mente divagaba entre el sabor profundo de tus besos y el frío que no entraba en mi cuerpo.

-¡Necesito que me penetres ! Respondí a medida que tus dedos se hundían en mi vagina húmeda, sentía así mismo un calor fuera de éste mundo, sentía que volaba entre nubes a tu diestra, es incomparable la sensación entre tener sexo y hacer el amor... Continuamos así jadeando, gimiendo de la fortuna de tenernos juntos, intempestivamente y como un loto, me penetrarte el alma tan fuerte que tus caderas estallaron en mi entrepierna, haciendo saltar mis senos y con ellos todo mi cuerpo; tome de tus caderas y te hacía penetrarme aún más y más, la ambición me llenaba más los ojos porque nunca tendré suficiente de ti; es bien sabido lo excitante que llega a ser que de tanta excitación estés a punto de tener tu orgasmo pero lo retengas conservando tu cordura mientras me haces perder la mía, ésta acción se asemeja al calor del infierno mientras fervientemente cacheteas mis mejillas haciéndome repetir cuán tuya soy y es que ¡joder! Soy toda tuya.

Me diste vuelta mientras me penetrabas golpeando mis nalgas, ¡veía colores en aquel lugar donde me llevaste! Aquel lugar donde firmamos el compromiso de ser nuestros navegando en un sin fin de fluidos.

Volví a estar debajo de ti, acariciando tu pecho y observando a oscuras tus ojos luminosos. "Te brillan los ojos cuando sonríes" me dices tú a mí pero esa noche brillaban mis ojos por el reflejo de los tuyos; te pedía que tu pene erecto me penetrara más y más, sentía que llegaría a mi punto más feliz, al cáliz de la vida donde con tu miembro humedecería cuál río abundante, las sábanas de mi cama y así fue, era mi segundo orgasmo en la noche y quería verte venir a ti y sentir la relajación profunda luego de complacer totalmente a tu mujer, tomaste tu pene entre tu mano al tiempo que me apretabas mi seno, me masturbé frente a ti incrementando tu excitación y tus jadeos en un cien por ciento. Llegó pronto el momento de mi fortuna y tus gemidos me lo confirmaron, sentí tu semen caliente por mi pecho y abdomen el tiempo que caías rendido en mi regazo, pude acariciar tu cabello y saber que en ese momento eras la persona más frágil buscando la calidez de mis brazos... Te amé aquella noche como nunca antes te había amado, me amaste esa noche como nunca antes me habían amado y de inmediato te lo hice saber. Ahora, duermes profundamente a mi diestra y terminando éste escrito me doy cuenta que no encontré la inspiración que buscaba, ella me halló a mí y eres tú.


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