El calor de un prostituto

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Cuando follo, el gusto que siento siempre lo he enlazado al calor. Ese momento en el que todo tu cuerpo solo quiere fundirse con el otro. Pero ahora mismo solo estaba templado, un notaba un ligero calentón del hombre que me estaba follando. Mete, saca, mete saca… me está dando estampidas rítmicas mientras todo su cuerpo, ligeramente musculado de trabajar la tierra, se tensa.

Si me preguntaran cuál ha sido la vez que más placer o calor he sentido, tendría que mentir o inventar algo, pues fue con un Goblin hace ya varios años. Recuerdo que me estaba masturbando en medio del bosque donde solía jugar con los otros chicos del pueblo, y noté que algo me olfateaba el culo, me giré y lo vi, piel verde, muy musculoso y pequeño, me llegaba por el pecho. No era la primera vez que vi un Goblin, pero sí vivo y tan de cerca. En ese momento recuerdo cómo se me congeló todo el cuerpo, completamente desnudo, pero aún empalmado pensaba qué hacer, pues seguramente moriría si no hacía nada. La polla empezó a bajarme y de repente no podía creer lo que estaba viendo. El Goblin se llevaba las manos a su pene y empezó a tocarse mientras me miraba, se acercó con cuidado y empezó a tocarme el culo. Sentir un morbo que aún no puedo explicar, si había algo más prohibido que lo que iba a suceder a continuación, no lo conocía. El pene del goblin era tan verde como su piel, grande en relación a su tamaño y con venas ligeramente violetas. Sin darme cuenta empecé a acercarme, lo chupé con cuidado, viendo que me dejara hacerlo. Me agarró la cabeza con las manos y empezó a follarme la boca, lo que confirmaba que los dos queríamos lo mismo. No recuerdo cuánto tiempo estuvo follándome la boca y yo mamándole mientras acariciaba su musculoso cuerpo, pero del placer sentía que me iba a correr sin ni siquiera tocarme. Seguimos un buen rato así hasta que me dio la vuelta, me puso a cuatro y sin pensárselo me metió el pene de golpe en el culo. Por suerte me habían follado ese mismo día y estaba dilatado, porque si no me hubiera matado del dolor. Pero en ese momento no podía ni pensar, su polla era cálida y me daba tal gusto que cada vez que me la metía y la sacaba sentía que me corría. Hasta que empezó a subir la velocidad y fuerza y no pude contenerme más, me corrí mientras aún me follaba soltando gemidos de placer. El goblin también acabó en ese momento y noté como su polla dentro mío se hinchaba y contraía al expulsar el semen. 

El hombre me agarró por la cintura con fuerza y volví de mis recuerdos. Estaba diciendo algo, pero como estaba perdido en mis pensamientos y no le estaba prestando atención no me enteré. Cogió mi polla con su mano áspera y empezó a tocarme mientras aumentaba la velocidad con la que me follaba.

Ahí voy, ahí voy. Me advirtió entre jadeos.

A los pocos segundos noté como me llenaba de su lefa. Parece que hacía bastante que no follaba, o me tenía muchas ganas.

Tan rico como siempre. - Se subió el pantalón y, sin esperar a que me incorporara, me arrojó del bolsillo un par de monedas. - Nos vemos mañana si encuentro un hueco.

 Las monedas cayeron al lado de mi torso desnudo. Me senté y me dirigí a asearme un poco el culo que lo tenía lleno de semen y sudor. Cogí agua de un cubo, un trapo y empecé a limpiarme en lo que recordaba que hoy pasaba una caravana con mercaderes, quizás quieran compañía y pueda sacarles algo de dinero. Tendré que arreglarme un poco, y recoger la casa para que se sientan más cómodos.

(Continuará)

 


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