EL AUTENTICO SEXO parte 2

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Dedicado a mi lectora Ronnie

Es obvio que los tíos creemos que cuando la mujer se presta a un juego erótico es que le falta follar; y van ellos, muy machotes, a hacer la conquista del siglo. No entienden de sexo ni de amor. No entienden ni han tenido nunca la dulzura de una mujer mirándote arrobado a los ojos, porque se le ha dado el sexo que tanta falta le estaba haciendo.

Desgraciadamente, no sabemos valorar la dulzura, la ternura y el mimo con que se comporta la mujer. Somos el macho ibérico, presumido de mierda y cuando vamos a follar, parecemos caballeros de la triste figura, en donde nos limitamos a tender al a mujer sobre una cama, abrirle las piernas, quitarle las bragas y mostrar su hombría introduciéndole el pene y de forma exagerada empujar y retraerse hasta que se corre.

Entonces nos sentimos poderosos y triunfantes: que pedazo de mierda somos. Lo peor es que ni sabemos cómo se le endulza el café a una mujer ni nos preocupamos de saberlo ¿para qué? si el tipo ha follado y se siente grande y poderoso. ¡que machote!.
Pues mira: eso no así: A mí me gusta la mujer; me gusta su sensibilidad y me gusta de su cuerpo todo. Pero todo, todo.

Después de querer a una mujer, (a una mujer no se la folla se la ama) no debe de quedar ni un milímetro sin recorrer de su cuerpo que no haya sido explorado y querido. el goce que te produce una mujer disfrutando del amor, sí amor (se puede dar amor sin estar enamorado) no tiene parangón. Somos tan bestias la mayoría de los hombres, que no sabemos captar en la mirada de una mujer el brillo de sus ojos; cómo te clava las uñas sin hacerte sentir dolor. cómo te entreabre los labios porque quiere que la beses y todo ello después de tener uno o varios orgasmos por las caricias del hombre que la esta queriendo.

Quien puede saber lo que siente una mujer cuando su amante amador le está dando besos en el cuello muy suavito y le alcanza las orejas con la boca y se las chupa. Le mete la punta de la lengua en los agujeros de los oídos y le dice muy flojito "preciosa te quiero"! y dirige su boca hacia tu cuello y te lo besa entero, por detrás y por delante y busca sus pechos y los masajea con la cara, mientras que sus pezones de ponen tersos, enhiestos, duros, retadores y desafiantes y se les mima y quiere con la boca dirigiéndose poco a poco hacia la espalda, hasta alcanzar el centro equidistante de sus omóplatos,
continuando descendiendo y haciendo presión por la espina dorsal. Tú te encuentras drogada de amor y percibiendo una sensación tan placentera, que te hace temblar. Poco a poco van surgiendo los gemidos, ayes y lamentos pero de placer.

Te bajo mi boca hacia tu vientre y allí, juego con tu ombligo. Has estirado la mano y tropiezas con algo duro que te espera; te regaño y te hago saber que todavía no es el momento de mi placer. Que quiero seguir disfrutando de ti y que continúes viendo
el firmamento con mis caricias.

Protestas un poco y te muestras disconforme, pero de pronto, notas con sumo placer que mi boca ha alcanzado tu monte de venus. También notas que mi lengua se desliza muy dura por el pliegue formado por la unión de tus labios vaginales y donde
se juntan estos. Tus gemidos aumentan y aprietas mi brazo con tus dedos. Tus uñas asemejan púas de guitarra. Mi lengua ha llegado al final del pliegue y con un giro de 180 grados se orienta hacia arriba, empezando a abrir el pliegue despegando
los labios y sintiendo el roce de mi lengua por todo el contorno del recorrido.

Realizo la operación innumerables veces describiendo círculos y observo como empiezas a emanar la salida de tus jugos, primero muy lentamente, para pasar a un estadio de derrame continuo y más abundante después. tu precioso jugo, cae sobre
mi boca y noto su sabor dulzón característico; ello me excita muchísimo y me hace disfrutar. Estoy logrando lo que más me gusta conseguir: tu deseo de mí y de mi apostura en mi querer hacia ti. Mi pene parece que va a reventar, pues acumula toda la presión que tu gozo y disfrute sexual le está transmitiendo. Tus quejidos de placer van en aumento y observo que empiezas a acariciarte el clítoris.

Te quito la mano y alcanzo el clítoris y le doy muy suavemente con la lengua como el badajo de una campanita. Tomo el clítoris y lo introduzco en mi boca, ensalivando y haciendo presión con mis labios, lo meto y lo saco entre mis labios a modo de masturbación. Tu respiración aumenta de ritmo y por el movimiento de tu cuerpo dejas entrever que vas a tener una explosión de placer.

Efectivamente te llega un placer electrizante y emites un chillido muy agudo, al mismo tiempo que tus flujos comienzan a regar tu sexo y mi barbilla. yo bajo mi boca y me dirijo hacia tus muslos besando sus caras internas. tus muslos se endurecen poderosos y se manifiestan tanto, que se contagian de la dureza de mi verga que está resistiendo los embates de la excitación que le vamos provocando. Después de estar mucho rato queriéndote y amándote los muslos, dirijo mi boca hacia tu sexo y con la lengua en ristre a modo de lanza, introduzco la misma en la boca de tu vagina y aprieto fuertemente hasta introducírtela entera una, otra, otra y otra vez. noto como te vas estremeciendo y me pides más, más, más, máaaas.

Noto como te enervas y tienes un gran derrame de fluidos sobre mi boca y un nuevo orgasmo, este muy fuerte y una sacudida que casi te monta encima mía. Me coges la verga, y te la metes en la boca y yo sigo con mi devenir de lengua, follándote
con ella como jamás te habían follado y sintiendo un estertor muy muy fuerte que te lleva a un orgasmo bestial.

Tu derrame de fluidos sobre mi cara y mi boca es sensacional. me gusta y te pido más, más, más y noto que me voy a correr de placer al mismo tiempo que tu. Giras la cabeza a un lado y al otro para desembocar en otro orgasmo con un fuerte rugido. Yo, por mi parte tengo un orgasmo brutal, evacuando mi semen en tu boca que acoges con avaricia.

A mí me gusta terminar el sexo besando a mi compañera en la boca para que sepa que he sido muy feliz y así lo hacemos, nos besamos con todo el amor que dos seres humanos pueden desear; juntando nuestros labios, mezclando los jugos con su
mi semen lo que nos provoca tal excitación que no podemos evitar tener un último orgasmo tú y mi gusto yo, simultáneos ambos, quedándonos exhaustos sobre la cama y riéndonos de felicidad, hasta relajarnos después de una entrega tan placentera de sexo.


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