Depresión

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-¿Estás bien?

Dijo una voz ronca.

Mis ojos se enpañaron y presioné el móvil hacía mí oído. Ahora la voz masculina se oía más fuerte.

No podía articular ninguna palabra en respuesta. ¿cómo decirle que no quería seguir con vida?¿que me sentía tan inútil?¿que los cortes en mis muñecas, me traían alivio, pero que ahora necesitaba algo más fuerte?

Se hizo un silencio prolongado. Podía oír el llanto quejumbroso de mí mejor amigo. Deduje que él se sentía culpable y eso me hizo dudar.

-Estoy bien.

Llegué a responderle antes de ahogar el llanto con mí antebrazo 

Me contestó algo pero no llegué a oírlo. Estaba absorto con la cuerda colgando a centímetros de mí rostro, con su círculo perfectamente hecho.

- Me tengo que ir.

Le dije tajantemente.

¿por qué seguir con algo angustiante, cuando tenía la medicina delante mío?

- Bastian

Gruñió mí amigo. Su tono había pasado de temeroso a iracundo. 

- Ni se te ocurra. ¿me oíste? ¿Te crees que no sé qué planeas? Déjame ayu...-

- Entonces si sabes lo que quiero hacer, déjame en paz. Todo el maldito mundo. Déjenme en paz. ¿que más quieren? No puede ser...

Me detuve para tomar una bocanada de aire. Las lágrimas brotaban sin parar, y el dolor que sentía era inmenso, era algo con sabor a amargo en mí garganta y tangible. Porque estaba ahí, impidiendome respirar con calma.

 

-... No puede ser que todo lo que haga esté mal. Que mis proyectos fracasen uno detrás de otro. ¡Pareciera que nací para sufrir! Quiero sentirme aliviado una vez en toda mi vida. Descansar en paz.

Mí amigo lloraba desconsoladamente. 

- no quiero que te sientas culpable, ¿me oíste? Esto no tiene nada que ver contigo. Es algo mío y de nadie más. Tu siempre estuviste ahí para apoyarme. Por eso te pido que hoy hagas lo mismo... Por favor.

 

Miré la foto de perfil que figuraba en la pantalla. 

Sonreí al ver la irradiante sonrisa de ese idiota.

- Adiós 

- ¡¡NO, BAST.. !!

Corté la llamada y lancé el móvil a un costado.

Miré la cuerda, la tomé y la ajusté alrededor de mí cuello.

Era áspera y me irritaba la piel. Para ser la última sensación que sentiría era bastante desagradable.

Me subí a la banqueta que ya estaba puesta, y la empujé a un costado.

Mis pies quedaron suspendidos.


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