Cambio de cuerpo (V)

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Josefa me bajó los pantalones, la ropa interior y mientras estaba tumbado en la cama, agarró mi polla y me empezó a hacer una paja.

-Ahora estamos solos en la casa -me dijo- Y estoy más caliente que nunca.

Su mano subía y bajaba por el tronco de mi pene, cada vez más rápido y esto ocasionaba que la sangre se me fuera toda para allá dejándolo muy duro. Luego de usar sus manos, Josefa sacó su lengua y la pasó por todos lados, deteniéndose en la cabeza y dándole pequeños besitos. Después de un rato, ya se había metido toda mi verga en su boca y la mamaba muy rico. Podía observar cómo sus ojitos claros me miraban desde abajo mientras yo me retorcía de placer al sentir su saliva mojando cada centímetro de mi ser.

-Uff, no aguanto más -grité mientras sentía un cosquilleo recorriendo mi cuerpo- Aaaaaaah!

No pude aguantar mucho y Josefa alcanzó a retirar sus labios de la punta cuando un montón de leche brotó de mi interior y fue a parar al rostro de ella. Su cara quedó totalmente cubierta de semen.

- ¡Vaya, te corriste mucho! -dijo ella mientras se secaba la leche que le había llegado en los ojos.

-Perdón por no avisarte, es que fue todo muy rápido. Estaba muy excitado.

-No te preocupes. Todo fue parte del regalo de despedida.

- ¿Regalo de despedida? – pregunté sin entender.

-Si, lo que pasa es que me iré de la ciudad mañana. Volveré al campo donde me crie ya que necesito tomarme un tiempo para reflexionar todo lo que pasó. Este asunto con Juan me tiene mal y necesito tomar aires nuevos.

-O sea, esta será la última vez que nos veamos -dije con tristeza.

-Si, por lo menos en un buen tiempo. Por eso quería darte este regalo de despedida.

-Ya veo, bueno, por lo menos fue un gran regalo.

-Ahora iré a limpiarme la cara.

Mientras observaba a Josefa alejarse al baño, no podía evitar recordar cuando estuve yo mismo en ese cuerpo y todas las experiencias se me vinieron a la mente. Todas las veces que me masturbé con su vagina, cuando toqué las tetas de su prima e incluso le metí un dedo en esa misma ocasión. Ya pasaron muchos días después de eso, y aún no podía creer que había vivido todo eso. No sé muy bien cómo fue que paso, pero parece que tenía que pasar para que yo me diera cuenta de los malos tratos que sufren las mujeres por parte de idiotas como su novio y creo que ella aprendió a no dejarse tratar así y a enfrentarse a su abusador. Tal vez me había enamorado de ella, no lo sé, pero sea lo que sea, ella se iría mañana y era entendible. No podía hacer nada al respecto. Sólo disfrutar nuestro último momento juntos.

Cuando Josefa volvió del baño, la tomé, le di un beso en los labios y luego la tumbé en la cama.

- ¿Qué estás haciendo? -me preguntó.

-Te voy a hacer disfrutar como nadie más lo ha hecho.

Le quité toda su ropa y la abrí de piernas. Ahí dejé al descubierto su vagina que ya estaba húmeda y esperando ser tocada por una dulce lengua como la mía. La introduje lentamente y comencé a besar esa hermosa y jugosa conchita haciendo círculos con mi lengua hasta llegar a su clítoris que se asomaba con distinción para conducir cada rincón de su cuerpo al placer.

-Oooh si, si, sí. Me voy a correr -decía gimiendo -Es muy rico cómo se siente todo esto.

Después que se corriera, se incorporó y se colocó en cuatro patas mostrándome su culito y su conchita que seguía goteando sus jugos.

-Métemelo por favor, quiero sentirlo.

Le hice caso y agarré sus nalgas con mis manos introduciendo mi pene que ya estaba duro de nuevo en su mojada vagina. Comencé empujándolo suavemente para no hacerle daño ya que sus paredes vaginales me apretaban mucho, pero transcurridos unos minutos ya se sentía mejor y ahí aumentaba el ritmo de mis embestidas cada vez más. Tenía a la vista ese hermoso culo y mis grandes huevos chocaban con su cuerpo produciendo un sonido que me excitaba al combinarse con sus gemidos de placer y los míos. Este era el punto de culminación de todo. Por fin me estaba cogiendo a Josefa y lo estaba disfrutando mucho.

Ella se separó un poco y luego me tumbó en la cama dejando mi verga apuntando al cielo. Luego se arrastró hacia esta diciendo que esta vez quería tenerla completamente dentro de ella y se sentó mientras yo veía cómo mi duro pene se iba perdiendo dentro de su hermoso cuerpo y soltó un gemido muy rico que parecía como una mezcla de dolor y de placer. Ahora la tenía de frente y notaba cómo sus senos saltaban arriba y abajo al ritmo de sus embestidas. Me limité a apretarlos con mis manos y tocar sus pezones rosados y duros, lo que dibujó en su cara una expresión de gozo.

-Si los aprietas así, harás que pierda la razón -decía entre gemidos.

-Eso es lo que quiero, que disfrutes este último encuentro.

-Claro que lo disfruto. Amo tu pene. Se siente tan bien dentro de mí.

-Prométeme que nos volveremos a encontrar un día – le dije.

-Claro que sí – me confirmó y se abalanzó sobre mí para darme un profundo beso que hizo que nuestras lenguas se entrelazaran.

A este paso yo ya estaba dándolo todo y la embestía a toda velocidad. Se sentía genial y podía notarlo en su cara ya que sus ojos comenzaron a tornarse blancos por el placer.

-Voy a correrme -le avisé.

-Yo igual. Suéltalo todo dentro de mí. Quiero sentir tu esperma caliente en lo profundo de mi ser.

Sentí que toqué el cielo cuando un cosquilleo recorrió mi cuerpo y dejó que mi pene descargara todo su contenido dentro de la vagina de Josefa. Los dos soltamos un grito de satisfacción y noté cómo su conchita derrama más jugos que se mezclaban con mi semen en medio de nuestros sexos.

Caí rendido mientras el corazón me latía a mil por ahora. Es el mejor sexo que he tenido en mi vida y fue con la chica que me gusta mucho. No podía pedir más. Tal vez pedir que se quedara, pero eso ya eran palabras mayores.

Pasó el tiempo y no volví a saber de Josefa. Debía de estar feliz y relajada en su nueva vida en el campo. A pesar de que la extraño de vez en cuando, se que si ella está bien, yo me siento tranquilo y eso parece suficiente. Dicen que el tiempo todo lo cura y aprenderé a vivir sin ella, pero lo que no olvidaré jamás serán esos locos días en que tuve que vivir como una chica y vaya que si los disfruté.

FIN


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