EL TÚNEL AFECTIVO 1

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Hace unos días que me crucé en la calle con un viejo conocido al que llamaré Florentino Pérez que parecía algo agitado, inquieto.

-¡Hombre Florentino, cuánto tiempo sin verte! ¿Qué tal te va? - le saludé.

- Bien, bien... ¿Y tú? - respondió él vagamente.

- Sí, también bien.

- Bueno, te dejo porque tengo prisa. Es que tengo hora de visita en la consulta de un psicoterapéuta - aclaró.

-¡Ah! Pues te dejo.

Florentino Pérez creía que su problema le afectaba a él en especial. A lo mejor es que era un tipo raro; de un carácter difícil, un neurótico que necesitase la ayuda de un especialista para que le aclarase las ideas.

Pero cuando llegó a la consulta del psicólogo se percató que enseguida tenía que hacer cola como en la entrada de un cine en un día festivo, o en un hospital de la Seguridad Social para ser atendido, porque no era el único que tenía problemas.

El psicólogo clínico en cuestión se llama Antonio Boliches, y es especialista en asuntos de pareja. Se trata de un apacible hombre algo mayor de edad, que ha escrito varios libros; uno de los cuales a pesar de tener quince años todavía sigue vendiéndose como rosquillas. Esto significa que pese al tiempo transcurrido desde su edición los conflictos afectivos que afectan a muchas parejas están lejos de resolverse. Y como él hay otros tantos psicólogos  clínicos exactamente con la misma especialidad.

Casualmente poco después de mi encuentro con Florentino, vi en un programa de televisión una entrevista que le hicieron al ya famoso psicólogo Antonio Boliches que me llamó la atención.

En principio según este médico del alma humana, parece que hay que olvidarse de tener una pareja para toda la vida como lo hicieron nuestros padres y nuestros abuelos, ya que el concepto del amor casi de igual forma que los trabajos temporales, al desprenderse de la vieja y rígida tradición de antaño tiene un tiempo limitado. Ya no hay un amor eterno.

Por eso es frecuente que hoy en día en el que no hay ningún dogma, y que para mi esto es el acicate para que hayamos entrado en una época tan volátil, una persona llegue a tener una segunda y hasta tercera pareja, con sus correspondientes hijos del primer y segundo matrimonio, por lo que el "pater familia" o la madre bien podrían abrir una escuela.

Si esta persona vuelve a fracasar en el tercer intento amoroso es que tiene alguna deficiencia anímica. ¿Es demasiado puntillosa tal vez? ¿Es egoísta, cosa muy frecuente?

El psicólogo, a tenor de su experiencia clínica - pues la experiencia es un grado que hay que tener en cuenta de la que surge una opinión, la cual no es una simple idea gratuita, subjetiva; ajena a la realidad como ahora se dice frívolamente-, piensa que en los tiempos actuales el hombre ha perdido el norte; se siente desconcertado, confuso ante su oponente femenino probablemente por haberse dejado influir inconscientemente por la educación de sus progenitores, mientras que la mujer al aferrarse a un combativo feminismo que en el plano doméstico ignora los puntos de vista del varón por acertados que sean, se encuentra más sola que nunca.

A pesar de que la sociedad ha evolucionado respecto a otras épocas anteriores, puesto que el concepto del "hombre opresor" que pregonan las feministas es falso porque ya no hay ningún varón que por lógica quiera oprimir a nadie, a no ser que se sea un sujeto más antiguo que el ir a pie, los dos sexos aún tienen que evolucionar más para una mejor - no perfecta- convivencia, y si por cualquier motivo se rompe la relación conyugal, tienen que aprender a no tirarse los platos por la cabeza. Esto es muy difícil de conseguir sobre todo en nuestra vehemente manera de ser latina, en la que se sublimina la pasión, la emoción con más sombras que luces por encima de la razón. Pues no hay más que ver estos programas de la prensa rosa de la televisión en los que no se cesa de gritar y de insultar al adversario histéricamente por cualquier estupidez para dar satisfacción al morbo colectivo, a imitación de la bronca retórica de los políticos en el Parlamento. Y si dichos programas tienen tanto éxito de audiencia es porque éstos que no dejan de ser un negocio, son asimismo un reflejo de lo que sucede en muchas casas en el aspecto conyugal. Hay mucha gente que por desgracia disfruta de lo lindo con las broncas domésticas y practicando la amenaza del chantaje emocional porque se cree que así se domina más al otro.

Entonces el psicólogo dijo algo muy importante. Es esencial que para poder evolucionar personalmente, es necesario tener y cultivar la autoestima. Una palabra muy de moda últimamente.

Mas la autoestima o el amor propio no es decir: "¡Oh cuánto me quiero!" y ya está. Tampoco es un concepto estético, bonito al que se admira como a un bodegón plasmado en un cuadro como cree mucha gente. Se trata de un trabajo personal, enmarcado en la vid cotidiana, adaptado en los altibajos circunstanciales; pero sobre todo hay que desear escalar esta montaña interior. Y esta autoestima debe de ser el motor para andar por la vida.


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