Dos grandes bolas en su boca

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Llevaba unas semanas hablando con una chica por chat. Por sus fotos podía observar que era menudita, de cabello oscuro y unos labios muy excitantes. Al comienzo sólo hablábamos cosas mundanas, hasta que poco a poco las conversaciones se fueron poniendo cada vez más fogosas. Finalmente terminábamos hablando de cuanto nos atraía el otro y que sería interesante que nos juntáramos en persona alguna vez.

- ¿Qué te parece que nos veamos mañana? -le pregunté.

-Me parece bien -contestó- ¿Qué tienes en mente?

-Pues podemos ir a tomar algo por ahí.

- ¿Sólo eso? -me preguntó con curiosidad.

- ¿Qué más se te ocurre?

-Podemos hacer algo más divertido, tú me entiendes 1313.

No había que ser muy inteligente para deducir que esta chica quería sexo y cómo hacía tiempo que no tenía, decidí seguirle el juego.

-Pues claro -le dije- El problema es donde hacerlo.

-No te preocupes, conozco un lugar donde nadie nos pillará -me dijo- Juntémonos mañana a las 7 de la tarde.

Después de coordinar el lugar donde nos encontraríamos, que sería en una estación de tren subterráneo cercana, no pude evitar calentarme con la situación, así que mi mano derecha se escabulló ligeramente a mi entrepierna que estaba bien dura. Estaba a punto de masturbarme cuando mi mente me detuvo súbitamente. ¿Qué estaba haciendo? Si me pajeaba ahora, después no tendría suficiente leche para entregarle mañana y una de las cosas que ella me pidió, es que llevara suficiente para que ella degustara.

Al día siguiente a las 7 de la tarde estaba parado en la estación esperando que apareciera. Como había visto sus fotos, no sería difícil reconocerla. En eso veo que una chica muy linda se me acerca. Era ella, con su cabello oscuro y largo y vestida con un pantalón bien apretado y una blusa blanca.

-Así que tú eres Carlos -me dijo y luego me besó en la mejilla.

-Si -le contesté- Te ves muy guapa hoy.

-Gracias -dijo ella- Sígueme. Te llevaré al lugar que te dije por chat.

Después de seguirla por un montón de calles, nos metimos en unos callejones hasta llegar a uno que estaba completamente vacío.

-Aquí no viene nadie, así que no nos molestarán -dijo ella.

- ¿Y cómo conoces este lugar? -le pregunté.

-Porque aquí es donde traigo a todos los chicos -me respondió riéndose.

-Veo que tienes mucho sexo entonces -le dije con humor.

-Pues claro que si -me dijo ella- Pero antes que de empecemos tienes que saber algo. Tengo un fetiche.

-Como todo el mundo -le dije yo - ¿Y cuál es?

-Me gusta chupar bolas grandes, así que espero que las tengas.

Luego de decir eso, procedió a desabrocharme el pantalón y bajarme el bóxer dejando a su vista mi pene que para ese entonces ya estaba erecto.

-Woooow! -exclamó- Tienes unas bolas enormes! Vas a ver como haré para vaciártelas.

Comenzó a besar mis testículos suavemente, con una delicadeza en sus labios que nunca había visto en otra mujer. Luego pasaba su lengua por cada zona de ellos, de arriba para abajo, de izquierda a derecha. Todo esto mientras agarraba el tronco de mi pene con su mano. De repente abre su boca y se mete una de mis bolas en ella para chuparla con mucho placer. Estaba experimentando un gozo distinto, pero tan genial que mis piernas temblaban y mi polla sólo se endurecía más y más. Después de chupar una, siguió con la otra y su mano recorrió todo el tronco haciéndome una paja suavemente que me hizo soltar unos profundos gemidos.

-Mmm, mmm - ¡Qué rico! -murmuraba yo con excitación.

-Ahora verás porque me dicen “La experta en bolas” -dijo con picardía mientras se introdujo en su boca mis dos huevos a la vez. Los dos a la vez!!! Jamás había visto a una chica hacer eso y ahora ella lo hacía dándome un placer supremo que estaba provocando que me estuviera por correr. Iba a eyacular sólo porque ella jugueteaba con mis huevos revolviéndolos en su boquita.

-Oooh sigue así. Cuando te metes mis pelotas en la boca haces que me paralice. Nadie nunca me había hecho esto. Me voy a correr.

-Aguanta un poco. Ya que probé tus bolas, ahora probaré tu duro pene que hace rato pide a gritos que lo chupe.

Abrió la boca lo más grande que pudo y engulló mi gorda verga de golpe, chupando a toda velocidad y con tanta energía como si se le fuera la vida en ello.

-Esto es increíble -le decía- Me vas a dejar seco con esa boquita erótica.

-Mmm, tu verga es apestosa, pero está muy rica. Te haré sentir el éxtasis.

Yo ya no podía más, su boca y su lengua envolvían mi pene cómo si lo estuvieran exprimiendo. Sentía que ya iba a descargar, así que le avisé entre gritos y gemidos.

-Entonces dame tu leche, la quiero toda.

El sonido de sus labios húmedos en mi entrepierna que apretaban cada centímetro y mis bolas que colgando golpeaban su mentón con cada embestida mía, hicieron que me rindiera y terminé arrojando todo mi semen dentro de su boquita caliente. Ella en vez de sacárselo de inmediato, se quedó un momento con mi pene en su boca y comenzó a succionarlo para que ninguna gota cayera fuera de ella. Yo caí rendido al suelo mientras ella se tragó mi leche y se lamía los labios saboreando mi semen caliente y pegajoso.

-Está muy rico -me dijo mientras un poco de semen goteaba de su lengua. 

-Si que eres experta en mamar bolas -le dije exhausto.

-Sólo bolas grandes, esas son mis favoritas -dijo mientras se reía pícaramente.

 


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