La estudiante de enfermeria

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Algunos fines de semana los dedico a ser voluntario de una reconocida institución internacional y llevamos equipos médicos a zonas alejadas o a pequeños pueblos donde capacitamos a otros voluntarios para campañas de salud.

Aquel fin de semana íbamos a una pequeña población a capacitar los voluntarios locales, mi equipo estaba compuesto por siete personas; dos médicos, dos enfermeras, un terapeuta, una estudiante de enfermería y yo.

Al llegar nos alojaron en dos sitios distintos en la casa del alcalde quedaron ubicados los dos médicos y las dos enfermeras y al resto nos acomodaron en la casa de don Alfredo, un ganadero local.

EL primer día fue bien intense, bastante trabajo desde tempranas horas de la mañana pues queríamos asegurarnos de brindar el entorno adecuado al grupo, al terminar nos dirigimos hacia nuestros respectivos alojamientos.

Don Alfredo y su mujer habían salido de viaje y teníamos la casa solo para nosotros así que decidimos darnos un buen chapuzón en la alberca y relajarnos un poco.

Cuando estábamos en el agua, el terapeuta, un chico de unos 25 años le coqueteaba intensamente a la estudiante de enfermería que era una chica de 19 años, con un lindo cuerpo y hermosos ojos verdes pero ella simplemente lo ignoraba y le rehuía a sus acercamientos moviéndose por toda la alberca.

Como el calor era intenso le propuse al terapeuta que fuera a comprar unas cervezas a lo que el accedió prontamente con la idea en su cabeza, creo yo, que el alcohol le haría lograr su cometido con la chica.

Tan pronto quedamos solos, me acerqué a la chica y le dije en una voz fuerte:

- ¡Desvístete!

Ella abrió sus ojos como indignada, pero apenas iba a protestar, le dije:

- Que te desvistas te dije – al tiempo que yo me deshacía de mi pantaloneta de baño quedando desnudo.

Ella dirigió sus manos muy lentamente hacia su espalda y empezó a quitarse el top de su vestido de baño y luego la parte interior quedando desnuda.

La tomé de las manos y la acerqué hacia mi penetrándola inmediatamente, ella puso sus piernas alrededor mío y empezó suavemente a subir y a bajar a su propio ritmo. Puse mis manos en su trasero para sostenerla y mientras ella seguía subiendo y bajando me dirigí al lado menos profundo de la alberca, hasta que el agua me dio por las rodillas.

En ese momento la bajé al piso y empujándola de los hombros hacia abajo le dije enérgicamente:

- ¡Cómetelo todo!

Ella comenzó a mamarlo tímidamente mientras mis manos empujaban por detrás de su cabeza, en un momento le di un buen empujón hasta que sentí que todo mi pene entro en su boca, llegando hasta la garganta, es el mejor indicador que ya no era una mamadora virgen, por fin había llegado hasta el fondo.

A continuación, la levante y la recosté contra el borde de la alberca, con sus pechos hacia abajo y la penetré por detrás, cogí sus pies la guie para que los enlazara por detrás mío y luego mis manos la tomaron justo por debajo de sus senos y la levante caminando hacia el agua, ella quedo penetrada por detrás, con su cuerpo arqueado mientras yo le agarraba las tetas y le daba unos buenos embates. Sentí que se vino porque su cuerpo tuvo ligeros temblores y se soltó así que aproveché para voltearla y levantando sus piernas sobre mis brazos empecé a penetrarla nuevamente. Al principio se agarró de mis hombros pero luego de unos cinco minutos de fuerte penetración donde se escuchaba solo el ruido del agua con cada embate ella empezó a gritar más y más y sus uñas empezaron a arañar mi pecho lo que hizo que le diera más duro y rápido hasta que un grito final me indico que había terminado otra vez, casi al tiempo sentí la explosión de mi semen dentro de ella, la abracé y la besé mientras le agradecía lo bien que se había portado.

Nos pusimos los trajes de baño apenas a tiempo cuando llegaba el terapeuta a ofrecernos las cervezas que traía, le agradecí, pero le dije que estaba cansado y me iría a dormir y vi como su mirada confundida veía los arañazos en mi pecho mientras salía de la alberca.

La estudiante debió de haber quedado satisfecha pues me busco otro par de veces, pero nunca fue como en la alberca.


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