Donde mis primas (I): Haciéndolo en la playa

Por
Enviado el , clasificado en Adultos / eróticos
12796 visitas

Recomendación:
Libros eróticos - Los libros de ficción erótica más populares de Amazon

El bus me dejó en la estación temprano por la mañana. Mis padres me obligaron a visitar a mi tía y a mis primas durante un tiempo en las vacaciones. No tenía muchas ganas de venir ya que pensé que sería una semana aburrida. Además de que hace muchísimos años que no veía a mis primas, entonces no sabría como reconocerlas cuando me vinieran a buscar al terminal.

De repente oí una voz que me llamaba a lo lejos: ¡Carlos! ¡Por aquí!

Giré mi cabeza y vi una hermosa chica rubia vestida con una blusa blanca y unos shorts muy cortos que se acercó a mí.

-Carlos, por fin te encontré. ¿Cómo estás? -me dijo la chica.

-Muy bien, gracias – contesté.

No podía creer que esta chica tan guapa era mi prima Verónica. Recuerdo que la última vez que la vi ambos éramos niños, pero ahora estaba toda hecha una mujer muy sexy.

-Acompáñame, nuestra casa está muy cerca de aquí.

Tomé mi maleta y la seguí. En cuánto se dio vuelta no pude evitar mirar su culo. ¡Y vaya que culo tiene esta señorita! Era muy grande y redondito. No pude evitar tener una erección de repente, pero traté de esconderla de la vista de Verónica.

Al llegar a su casa, nos recibió su madre, o sea, mi tía Mariana.

- ¿Cómo está mi querido sobrinito? -me preguntó mientras me abrazó muy cariñosamente y pude notar que tenía unas grandes tetas que chocaban contra mi pecho.

-Siéntete como en tu casa -me dijo mi tía y me invitó a sentarme – Tu tío no está en casa ya que anda en un viaje de negocios y mi otra hija está en casa de una amiga.

Mi tía me recibió muy bien. Nos cocinó muy delicioso e incluso me hizo pasar a la habitación de huéspedes que tienen para que me quedara. Mientras tuviera una cama, todo estaba bien. Desempaqué mi maleta y me tumbé en la cama para descansar.

- ¡Hey primo! Es mejor que te pongas tu traje de baño para que vayamos a la playa después -me dijo Verónica asomándose por el umbral de la puerta de la habitación.

-Pues claro -le dije- Si quieres te adelantas y yo te encuentro en la playa luego.

-Ok. Nos vemos.

Tomé una siesta de media hora, me puse mi traje de baño y partí a la playa que quedaba como a 5 minutos de la casa de mi prima. Cuando llegué vi que había mucha gente, pero logré encontrar a Verónica que estaba tumbada en una silla de playa con lentes oscuros tomando sol. La saludé y me senté a su lado en la arena. Ella se tumbó boca abajo y dejó su culito respingón hacia arriba para el deleite de mis ojos. Llevaba un bikini azul que hacía lucir sus hermosas nalgas como las creaciones más perfectas del universo.

Había demasiada gente a mi alrededor para que pudiera masturbarme, pero mi polla estaba que explotaba y palpitaba muy fuerte exigiéndome que la acariciara después de haber observado semejante retaguardia. Verónica se dio vuelta nuevamente y yo traté de disimular mi erección, pero ella en seguida me dijo:

-Se que has estado observando mi culo. Lo has estado haciendo desde que llegaste acá.

Yo haciéndome el tonto solo atiné a negarlo mientras me sonrojaba, pero ella se río.

-Aunque lo niegues con tu boca, tu pene no dice lo mismo. Ya vi que está bien duro.

En eso Verónica se levanta y me toma de la mano para guiarme por la playa. No entendía muy bien hacia donde me llevaba y ella sólo se limitaba a decirme que me mantuviera callado y confiara en ella. Cuando nos detuvimos, vi que nos habíamos alejado de la multitud y habíamos entrado en una zona muy rocosa donde no había nadie. Sólo se escuchaba el sonido del mar que golpeaba las grandes rocas que nos rodeaban.

-Aquí no nos verá nadie -me dijo Verónica y me dio la espalda mientras se inclinaba hacia adelante y empujaba su culo hacia atrás cómo si quisiera que yo lo viera de cerca.

Yo me acerqué lentamente hacia su culo y mi mano se dirigió hacia sus nalgas para tocarlas, pero en seguida mi prima me golpea con su mano y me dice:

-No tan rápido. ¿Crees que dejaré que toques mi culo? Te castigaré por estar viéndolo como un pervertido todo el día. Así que bájate el traje de baño y enséñame tu polla.

Me quedé helado. De verdad que mi prima quería ver mi polla erecta y me lo estaba exigiendo. No sabía muy bien que hacer. Después de todo somos familia, pero sabía que si dudaba, no tendría otra oportunidad cómo esta. Me bajé el traje de baño y dejé expuesta mi dura verga parada apuntando al sol en frente de sus ojos que comenzaron a brillar.

-Vaya, así que de esta forma te pongo yo, eh. Pues sería un desperdicio dejar esta dura barra de carne así sin hacer nada.

Después de decir esto, se agachó y tomó mi pene con sus manos exprimiéndolo para comprobar su dureza. Me manoseó el tronco, la cabeza y hasta los huevos que colgaban como péndulos. Luego abrió su boca y se metió mi verga entera ahí. Pude notar de inmediato que dentro de boca estaba muy cálido y húmedo. Su lengua jugueteaba con mi glande y sus labios succionaban mientras con una mano recorría todo el tronco. Tenía a mi prima chupándome la polla y se sentía demasiado bien, demasiado rico. Se notaba que tenía experiencia en el sexo oral.

Luego se apoyó en una roca, se quitó la parte del calzón del bikini y abrió las piernas.

-Es de mala educación dejar a una chica así de caliente, así que métemelo.

Accedí de inmediato e introduje mi pene en su lubricada vagina. Se notaba muy mojada y sentía que me apretaba. Yo le daba embestidas muy fuertes que sacaban de sus labios los más calientes jadeos y gimoteos al ritmo de mi polla entrando y saliendo de su sexo.

¡Wow, se siente tan bien! -exclamaba- Tu pene está muy rígido. Estás yendo muy dentro de mí.

-Es que eres irresistible, prima. Con cada vez que lo meto, siento que no quiero parar nunca. De verdad que eres muy lasciva.

Verónica seguía gimiendo y en su cara se notaba que gozaba de verdad con mi polla metida en su vagina. Ya de estar dándole durante mucho rato, sentía ganas de acabar, así que le advertí de inmediato.

-Si quieres acabar, hazlo fuera -me dijo- No quiero quedar embarazada.

Hice caso a sus indicaciones y cuando ya estaba listo para descargar, saqué mi pene de su húmeda cueva y lancé un chorro de semen sobre su abdomen. Yo estaba con cara de estasis cuando escucho unas voces cerca.

- ¿Hermana? -grita alguien.

Oh no, es mi otra prima y me iba a pillar con su hermana y con el pene fuera goteando semen. Verónica rápidamente se puso el bikini y se acercó para saludar a su hermana, pero no alcanzó a limpiarse el vientre.

-Hermana ¿Qué es eso espeso que tienes en el estómago?

Continuará…


¿Te ha gustado?. Compártelo en las redes sociales

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.