The Sniffer 2

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(segunda entrega. Escuchar (modo repeat): Enamórame – María Artés)

Todo el pasaje está abordo. La voz por megafonía, da la bienvenida, explica medidas de seguridad. Bárbara ha desconectado del todo y ya no oye nada más.

Se centra en sus pensamientos. En sus recuerdos. En su deseo de seguir viviendo cada momento.

A pesar de llevar sus gafas de sol, cierra sus ojos. Se concentra. Sonríe, y antes de dejar salir a su “traviesa”(*), decide recordar el día de la “leche fresca”.

Dado el entusiasmo que Bárbara muestra por todo lo que ve, oye, cata y aprende, de ese país que le ha dado una inmejorable bienvenida, Noah propone, como última excursión del día, llevarla a por leche fresca recién ordeñada.

Llegar al campo, oler a vaca y poder probar esa leche recién extraída era una experiencia curiosa, divertida, nueva y deliciosa. Ella deseaba ordeñar pero no fue posible.

Sonríe en su asiento. Porque no puede evitar recordar las fantasías que se le pasaron por la mente cuando descubrió los establos, la paja, las vacas......

Al llegar a casa de Noah, sumida en su entusiasmo y con la botella de litro de leche en la mano, empiezan a despojarse de la ropa de abrigo. Se ponen cómodos. Él se encarga de la chimenea. Ella va poniendo la mesa para la cena. Se encuentran en el salón. La luz cálida, las velas encendidas, la música acompañando. Cenan entre risas, anécdotas del día, vino y el calor de la chimenea. Ella empieza a describir todo lo sentido y vivido en ese día. Sus gestos tan expresivos, sus ojos tan vivos, su tono alegre hacen que Noah guarde silencio y la observe. Sonríe. Encuentra que su compañera de aventuras es tremendamente expresiva. No está muy acostumbrado a tanta vida. 

Ella por otro lado, desea hacer reír, soñar y divertir a su compañero de aventuras también. Pero está nerviosa. Siente un cosquilleo diferente. Único. Nunca lo había sentido antes. Su estómago vibra. Mientras habla, observa cómo le mira él. Su mirada limpia, su boca carnosa adornada con una constante sonrisa, sus manos fuertes, su envergadura, su silencio...todo en él es perfecto. Consigue ponerla nerviosa. Consigue que, por momentos, desee ser presa de sus propias fantasías con él.

Retiran la mesa. Dejan sus dos copas vacías. Dos botellas. Una de vino y la de la leche fresca. Al regresar, siguen hablando de nada en especial. Supongamos que para rellenar silencios que gritan “Bésame”.

Sus miradas coinciden. Se estudian. Se tientan. Se retan. Se desean. Se miden. Se hablan. Y fieles a la ley de atracción, sus cuerpos no tardan en comunicarse. Se rozan. Se palpan. Se tocan. Se acarician. Se sienten.

Noah tumba lentamente a Bárbara besándola. Ella se pierde en sus labios. En su boca. Cierra los ojos, y se va dejando hacer. Él se encarga, delicadamente, de quitar la ropa de sus cuerpos. Despacio. Oliendo cada centímetro de piel de Bárbara. Ella no cuenta con la particularidad de su amante. Noah posee la habilidad, el don, de un olfato instintivo muy desarrollado. Llegando a poder oler las feromonas. De repente, y tras oír una profunda inspiración, Noah mira a sus ojos y le dice: “Me estremeces”.

Esa sencilla pero irresistible frase, la enamora en ese mismo instante. Su OLOR es detectado por su sniffer (olfateador). Su amante, siente todo su cuerpo estremecerse. Una explosión de sensaciones que potencian sus sentidos.

(*)- licencia de la autora. Su “mente traviesa”, aparece en los relatos. Su lado de fantasías, erótico.

Él apoya su codo y antebrazo junto a la cabeza de Bárbara. Levanta la pierna de su damisela, y la posa sobre su cadera que está, de lado. Va a penetrarla lentamente. Con su otra mano, sujeta la pierna sobre él, por la rodilla. Mientras sus miradas hablan, él entra recibiendo todo su calor y humedad en su firme sexo.

El gemido que ella no puede contener, atraviesa como una antorcha encendida su oído y dispara su respiración. La controla como puede, pues no quiere forzar el ritmo a pesar, de su excitación. Sabe que a ella le vuelve loca que penetre despacio. Sigue con su ritmo lento, en “ese”, entrando y saliendo a placer. Ella abre su boca para poder decir alguna palabra, pero no sale. El aire le falta. Su corazón se dispara. Su cadera sigue obediente el ritmo marcado por él. Se agarra a su ancha espalda. Sus dedos se clavan pidiendo más. Los gemidos y los espasmos sexuales, hacen que no paren de moverse al unísono. Los dos cuerpos bailan en armonía. Y como si fueran un mismo cuerpo, excitado, mojado, marcado....ella se anuncia. Se corre. Lo grita.

Noah sale de ella. Besa su pecho, su cuello. Le susurra ardientes deseos al oído, que ella complacerá sin duda. Mientras ella recupera el aliento unos segundos, coge la botella de leche y bebe. Unas gotas resbalan por su pecho. Él, pasa su lengua. E intencionadamente, Bárbara deja caer más leche sobre ella. Consigue atraer a su cazador, presto para lamer todo lo que le dé. Le agarra fuerte del pelo y le obliga a mirarla. El beso que le da, apasionado y violento, le indica que la va a poseer ahí. Sobre la mesa. A buen entendedor...y así hace. La maravillosa conjunción de una fuerte excitación, deseo mutuo, respiraciones agitadas, corazones galopando y buen sexo hacen el resto. Él la tumba. Ella abre sus piernas dejando ver su sexo preparado. Y como un animal recién salido de su jaula, va a por su presa. Esnifa su olor. Lo concentra y lo retiene. Es tal su excitación que de un sólo intento, la gira dejando su culo a la vista. Sube sus manos por ese culo perfecto para él, recorre la espalda de su amada. Sujeta su cuello. Y deja que todo su cuerpo se estremezca. Entra fuerte. Su sexo duro como una piedra profundiza. Profundiza todo lo que puede. Acelera su ritmo hasta que empieza a entrar y a salir a placer. Húmeda, sale. Húmeda entra. Coge su ritmo cada vez más rápido. Más fuerte. Más violento. Acelera. Continúa ese desenfreno que, sumado a los gemidos de su presa, provocan que desee correrse. Y, como si de un aullido se tratase, su clímax llega.

El mundo entero puede arder y desaparecer. Ellos seguirán amándose, deseándose y oliéndose para el resto de sus vidas.


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