Sorpresa entre las piernas

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Intento escribir un relato erótico, pero por la cabeza me ronda Eric. Por su foto en Escriberelatos.com vi que era muy atractivo y cuando por un comentario me ofreció conversar con él, no dudé en hacerlo. Después de un par de correos bastante tórridos, quedamos para vernos en un céntrico bar de la ciudad en la que vivimos los dos.

La verdad es que no había leído nunca a alguien tan erótico y sensual como él. Sus relatos me ponían a mil en segundos. Tenía que comprobar que su pericia con las letras era la misma que en persona.

 

Esa tarde tomé una larga ducha, muy caliente, como me gustan, paseé pensando en él mis manos enjabonadas por todo mi cuerpo, mis pechos respondían a mis caricias y humedecieron mi interior, hasta ponerme tan cachonda que tuve que masturbarme. Luego comprobé que mi depilación fuera perfecta e hidraté mi piel con una crema aromática.

El problema, como para todas las mujeres, era qué ropa ponerme. Podía ponerme unos pantalones ajustados y un top corto y ajustado o un vestido con un liguero y medias.

Me pareció que a Eric le iba a gustar más la lencería negra con medias y liguero, así que opté por el vestido.

 

Son las siete y diez. Llego al bar y lo encuentro mirando su reloj. Él no me conoce, así que cuando me dirijo hacia él queda sorprendido. 

—Hola, Eric.

—¿Pamela? —Sonríe al darme un beso en la mejilla.

—Si.

—Siéntate, ¿quieres?

Empezamos hablando de trivialidades. Lo miro fijo a los ojos y siento que éstos me besan. Por todas partes.

—¿Cuánto de verdad tienen tus relatos? —le pregunto.

—Todo. ¿Quieres comprobarlo?

Sonrío.

Pone sobre la mesa una tarjeta llave con el nombre de un hotel. Lo conozco. Está a cinco minutos del bar.

—Muy seguro estabas de lo que iba a ocurrir...

—No, Pam, solo muy deseoso de probarte.

 

Salimos y entre sonrisas nos dirigimos al hotel.

 

Me daba un poco de corte pues era la primera vez que hacía esto...Tenía pareja fija desde hacía siete años. Él parecía bastante experimentado en tema de amantes y era posible que yo no estuviera a la altura de sus expectativas. Las mías... no las había creado todavía. Esperaba ser sorprendida.

Y quedé sorprendida cuando entramos en la habitación y de un bolsillo sacó un pequeño tarro de sirope de chocolate y dos velas, que depositó encima de la mesilla de noche. 

Calmosamente se dirigió hacia mi y me ayudó a quitarme el abrigo. Se desprendió del suyo y del pullover de cuello pico que llevaba sobre una camiseta de manga corta. 

Madre mía! Los brazos musculados estaban llenos de tatuajes tribales que le llegaban al cuello. Sonrió sabedor del efecto que producía su imagen. 

Encendió las velas y apagó la luz.

Cogió mi cabeza con sus manos y besó mi boca suave y largamente. Mientras su lengua se entrelazaba con la mía deslizó sus manos hacia mi espalda y empezó a deslizar la cremallera del vestido hacia abajo, que cayó a mis pies dejándome en ropa interior. Me entró un intenso calor en las mejillas, al tiempo que un corrientazo recorrió mi sexo empezando a humedecerlo. 

Le levanté la camiseta y él levantó sus brazos para pasarla por su cabeza. Al bajarlos recorrió mis costados rozando mis pechos, hasta llegar a la cintura que apretó contra su cuerpo.

Su roce me dejó aún más excitada, tenía un buen paquete bajo los pantalones, y acariciándolo le desabroché el pantalón que cayó también al suelo, y saliendo de las perneras me cogió en brazos y me llevó a la cama.

Delicadamente me quitó los zapatos y empezó a besarme desde los dedos de los pies. Fue subiendo y besando hasta llegar al límite de las medias, yo sentía su calor tan cerca... desabrochó los corchetes y las deslizó una a una hasta dejarlas caer a los pies de la cama. Repitió lo mismo y esta vez llegó hasta el tanga, que también deslizó hacia abajo.

Allí de pie, sacó su bóxer y dejó a la vista una verga sin prepucio, grande, levantada, tentadora. Subió sobre mi y rozándola contra mi cuerpo me desabrochó el bra y la situó entre mis pechos. Se agachó un poco para poder besarnos de nuevo y cogiéndomelos para envolverla empezó a moverse hacia delante y hacia atrás. Jamás había hecho esto, pero la escena tan excitante me provocaba que cada vez que la acercaba a mi boca mi lengua la acariciara con deseo. 

—Eric, dámela, dámela... — le susurraba y cogiendo el frasco de sirope derramó un poco sobre ella. Mmmm! Tampoco jamás había degustado un chocolate tan apetecible. Lamí todo el chocolate que se había escurrido hacia abajo, recorriéndola una y otra vez con mi lengua. Finalmente dentro de mi boca, mis labios la degustaron ávidos. 

No quiso correrse todavía. Volvió hacia abajo y echó otro poco de sirope sobre mi monte de Venus, que fue deslizándose hacia mi vulva. Me separó las piernas y enterró su cabeza en ella, para lamer completamente todo el chocolate, provocándome intensos gemidos de placer.

Subió hacia mis pechos. Yo no podía dejar de acariciarle. Mis manos llegaron a su miembro cuando las suyas sujetaron, aprisionaron y pellizcaron mis pezones. Los mordía suavemente cuando lo sorprendí metiendo su polla dura dentro de mí.

—Aaaaaah! Pamela, ooooooh!

Empezamos a movernos al compás, lento y profundo, mientras nuestras bocas exhalaban y dejaban escapar suspiros. Me miraba intensamente, me besaba... me estaba volviendo loca... por Dios! Cómo la sentía entrar y salir...

El ritmo aumentaba, gemía desesperada por las sensaciones que me arrastraban

—Siiiii, sigue, no pares! —pedía yo con voz entrecortada.

—No paro, cielo, no paro... mmmm! —Córrete conmigo! No puedo aguantar! Aaaaaah —gemía sobre mi boca.

Fueran sus palabras o el vigoroso vaivén que movía nuestros cuerpos, me dejé ir tan intensamente que las contracciones de placer aprisionaron su pene prolongando nuestro orgasmo, haciéndolo tan profundo que nos dejó exhaustos.

Quedamos abrazados, él sobre mi, yo con mis piernas a su alrededor, nuestros fluidos mezclados. Entre besos me preguntó:

—¿Has satisfecho tu curiosidad?

En ese momento, solo pude responder con una sonrisa y un:

—Mmm...

 

 

Nota para los lectores: El relato, los personajes y la web mencionados son completamente ficticios.

 

 

 


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