El Tornado Rojo/Parte 2

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El Tornado Rojo – Parte 2

Y ha llegado el día. Por temas de luto cristiano, la lucha no será en el atrio de la iglesia. El padre los mandó al carajo con improperios –en secreto se figuró Jesucristo expulsando a los vendedores en el templo-.

De último momento, Tobías acepto que en la plaza se monte el ring para la lucha.

Así que ahí se ve, mírenla bien. La plaza que mañana vera desfilar a una cuadrilla de toros, convertida hoy en recinto del pancracio. Las personas parecen ser cientos de papelitos de colores en las gradas.

Huracán Ramírez y El demonio azul recibieron las llaves del pueblo hoy por la mañana, están contentos, la gente ha venido a verlos. Aconsejan a El Tornado rojo y al otro luchador que debutará hoy  -del cual desconocemos el nombre, pero sabemos que en enero 23 terminará muriendo en una riña salvaje, dentro de una cantina en la Plaza de Garibaldi-.

Julia –lo vaticinamos antes- se acerca silenciosa. Lleva en las manos una capa roja y dorada que bordó con mucho amor. El Tornado Rojo hace estiramientos y suda los últimos nervios de su debut cómo luchador.

Julia persigna a El Tornado, le ajusta la capa al cuello. Ha tenido que mentir, dijo que iba al baño –la identidad secreta del luchador es lo primero-. Se aleja y lo ve estrechando la mano con sus contrarios, él se persigna otra vez. El anunciante empieza su labor en medio de la plaza.

2

Julia sufre en silencio. Los golpes a mano limpia que recibe Alejandro en el pecho resuenan en toda la plaza, el enardecimiento de la gente hace temblar el graderío. Ovaciones y más golpes. Si por ella fuera, subiría al ring y se pondría al tú por tú con los enmascarados, pero hacerlo supondría revelarle a su padre que Alejandrito se metió de luchador de feria.

Vayamos a los corrales de toros. El encargado bebe tequila a bocajarro, un hombre misterioso llamado Destino lo acompaña y le quita el vaso de la mano, para que beba directo de la botella. El mundo sigue su curso al otro lado de las improvisadas paredes de madera. Nuestro primer borrachito pide permiso y se dirige a orinar, pero tropieza con los cordones de sus zapatos. Cae al suelo y levanta la mirada, tiene frente a frente al toro principal. En la marea del tequila lo confunde con una aparición y quiere pelear.

Se figura como gladiador romano –con el ruido de la plaza de fondo- y envalentonado abre la puerta metálica.

El destino está observando, se quita fugazmente cuando el toro casi lo arrolla, le pasa tan cerca de la nariz que puede percibir nítido el olor de las excrecencias acumuladas en el corral del ganado.

Aquí es donde observamos todo en un movimiento muy lento: los cuernos que entran y salen en el abdomen del segundo borrachito que el toro encuentra en su camino. Le sigue el payasito que suelta los globos al aire e intenta correr inútilmente, a continuación el vendedor de aguas frescas que no alcanza a despachar el último pedido, finalmente la niña que suelta su muñeca y es jalada de los cabellos en un intento frustrado para evitar que la  embistan… ellos son los más notables entre la multitud histérica que abandona los coloridos puestos de comida, pero ellos ahora no importan.

Al final de la escena, por la estrecha puerta que da acceso a la plaza, vemos a El Tornado Rojo, parado cual equilibrista en la tercera cuerda, está de espaldas a la muchedumbre. El toro hace su aparición no planeada a estas horas. La gente grita. El Tornado confunde sus gritos de pánico con arengas de ánimo. Se lanza en un mortal hacia atrás -Huracán Ramírez espera abajo para recibirlo-. Mientras su cuerpo chicotea en el aire, El Tornado alcanza a ver fugazmente el cielo azul y diáfano de abril, pasa rápidamente por muchas caras que no podría identificar a esa velocidad… Huracán Ramírez ya no está a la vista, apenas alcanzó a quitarse. Alejandro siente que algo le parte el pecho y se hace el silencio.

Un silencio que solo permite ver las expresiones y los movimientos de boca propios de las películas mudas.

El destino observa a Julia desde la lejanía, se quita el sombrero en señal de duelo y observa a El Tornado, prendido en el asta derecha del toro. El animal baja su cabeza y arrastra al luchador, se desprende en el acto. El toro es lazado por varios hombres, Tornado está escupiendo sangre por la boca.

La escena recupera el sonido y la velocidad normales.

Muchos gritos y desesperación. Julia baja rápidamente por las escaleras del palco principal – su padre entiende que el herido es Alejandrito- y alcanza a llegar.

Alejandro no puede hablar, se está ahogando con su propia sangre. Sus últimos destellos mentales le hacen pensar en Manolete y la cornada certera de aquel ejemplar innombrable de Miura. Acerca a Julia para que sus cabezas se encuentren. Julia vestida de gala. Julia con vestido amarillo teñido de rojo. Rojo de su amado valiente. Valiente que queda tendido entre sudor y tierra. Tierra que será rascada mañana para la tumba. Tumba que guarda el amor más grande que se conocerá por estos lugares.

El destino acude al funeral. Piensa en acercarse a Julia, para darle el abrazo de consuelo, pero eso no está incluido en sus labores. El destino sigue su camino, tiene una cita importante en el pueblo vecino.

 

Nota al lector: en algunas zonas de México, el espectáculo de lucha libre es muy socorrido para las fiestas patronales (en algunos casos, también para campañas políticas). La mayoría de los luchadores son amateurs. El intercambio de ofensas verbales entre gladiadores y público es parte de un juego muy particular y, por decir lo menos, gracioso y sobrecogedor. Al final de las peleas o en las pausas que existen entre una y otra, los niños suben al ring para jugar y emular a los luchadores.

Aquí una imagen de Huracán Ramírez, ídolo de mi infancia.

https://images.segundamano.mx/api/v1/smmx/images/03/0377271683.jpg?rule=medium

En el segundo enlace, una imagen de lucha libre en la calle.

https://2.bp.blogspot.com/-qkkkJ9UmG4k/Wb1OcyNAwgI/AAAAAAAAWDk/YBWGR9Yfn5E1J5GJol9CC8FzSFlnYQoAQCLcBGAs/s1600/20170915_191814.jpg

Gracias por leer.


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